Regreso de una Luna

EMMA

Lúa estaba emocionada por organizar esa estúpida feria de literatura. Aunque Emma lo dudaba, estaba segura de que esa emoción no venía del amor a los libros, sino de la presencia de Darren, la feria era la excusa perfecta para verlo, hablar con él o, mínimo, estar cerca.

Sin embargo, Emma sospechaba que su amiga no haría nada al respecto. Lúa seguía emocionalmente inaccesible por culpa de su ex, Matt. Emma lo notaba en su mirada, en la forma en que revisaba el celular como si esperara una llamada que nunca llegaría.

—¿Tienes lo que te pedí? —preguntó Emma, cruzándose de brazos.

Lúa asintió con entusiasmo.

—Sí. Conseguí un proveedor que dará descuentos a los alumnos si compran libros durante la feria. También hablé con una editorial que quiere organizar un concurso de escritura. El ganador lo revelarán el día del evento y habrá premios; efectivo, libros, descuentos para libros en su editorial, kindle es increíble, ¿cierto? Tengo otras cosas en mente, pero necesito confirmarlas antes de decirte algo más.

Mientras hablaba, sus ojos se desviaron hacia Darren, que estaba al otro lado de la sala, hablando por teléfono.

—Es lindo —murmuró con una sonrisa.

—Concéntrate —pidió Emma con un suspiro.

Lúa soltó una risita, sacó su celular y comenzó a hacer un par de llamadas más.

—Por cierto, ya conseguí a una escritora para la conferencia —añadió. Emma asintió y anotó la información, con más atención en sus apuntes que en su amiga.

—Creo que puedo convencer a la autora de la que todos están hablando para que firme libros. Pero tengo que irme; me está esperando en un restaurante —dijo Lúa rápidamente, como si esperara el permiso para salir corriendo.

Emma apenas alzó la vista y asintió. Lúa salió disparada, aunque antes se tomó el tiempo para hacer gestos exagerados detrás de Darren, simulando un desmayo y susurrando: “Hermoso”. Emma rodó los ojos ante el drama.

Cuando Lúa se fue, un silencio incómodo llenó la sala. Emma intentó ignorarlo, concentrándose en sus notas, pero la tensión era evidente. No quería hablar sola otra vez.

—Lo siento —soltó Darren de pronto.

Su voz profunda la obligó a levantar la mirada. No estaba preparada para eso.

La mirada de Darren tenía algo que descolocaba. Era tranquila, casi serena, aunque Emma intuía que los mares tranquilos también podían tornarse peligrosos.

—Tengo un poco de culpa de que estés metida en este lío. Lo siento —repitió.

—¿Poco? —respondió Emma, intentando mantener la compostura. La voz de Darren tenía una forma de colarse en su cabeza, hacerla dudar, inquietarla.

—Es tu culpa que estemos aquí —añadió, buscando contraatacar antes de que él notara su nerviosismo.

—Tú fuiste la que me gritó —replicó Darren, levantando una ceja.

—Tú fuiste el que callaba a mis alumnos.

—Hacen mucho ruido.

Emma puso los ojos en blanco. Era una exageración. A veces se emocionaban, sí, pero era parte de su dinámica. No era su culpa… o quizá sí, al final de cuentas, ella era la autoridad en el aula.

—Trataré de ser más cuidadosa con eso —cedió finalmente. No quería repetir un escándalo, ni frente a sus alumnos ni frente a él.

—Yo no volveré a callar a tus alumnos —respondió Darren, y esbozó una leve sonrisa.

Emma no supo qué decir. Esa sonrisa era peligrosa. No porque fuera atrevida, sino porque la desconcertaba y, para su desgracia, la atraía.




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