Reina de bravíos

CAPÍTULO DIECISIETE.

Marina

La chica acariciaba con delicadeza el pelaje negro de su viejo gato, mientras observaba la forma en que el agua caía a la fuente. Sentada en la banca blanca de madera, no podía dejar de sentirse inquieta, y cuando vio una figura conocida acercándose, se incorporó con brusquedad. Limoncito saltó de sus brazos mientras soltaba unos maullidos escalofriantes y se alejaba del jardín.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó Marina sin apartar su vista de Lex.

Le sorprendía que no hubiera podido notarlo hasta que el híbrido ya se encontraba a solo unos dos metros de ella.

Desde que Lexaban los había capturado y llevado ante Nerón, la chica no había vuelto a saber nada de él, lo que resultó un alivio. Aunque tampoco fue tan ilusa como para pensar que el therión había muerto.

—Tu amiga me envió —respondió Lex, avanzando con calma hasta estar cerca de una de las paredes de la casa y llamar menos la atención.

—¿Carmín? —preguntó la más joven con una mezcla de asombro y miedo, pues pudo notar que el de negro llevaba un hacha en su mano—. ¿Qué le hiciste? Juro que si le...

—¿Qué sucede? —La voz de Jason llegó hasta los oídos de ambos y pronto el chico se acercó.

Su aura era gélida y su aspecto parecía amenazante. Se colocó al lado de su hermana y miró a Lex con detenimiento. Aunque el therión le sacaba unos 10 centímetros de altura, Jason era mucho más alto que varios híbridos y también era muy fuerte.

Lex alzó la mano donde llevaba el hacha. Marina se sobresaltó creyendo que atacaría, mientras que su hermano solo se tensó ligeramente, sin dejar de mirar al de pelaje negro, como preparándose para contraatacar. Sin embargo, al final solo extendió el arma hacia la chica.

—Tu amiga me envió —volvió a repetir—. Toma el arma y escucha bien lo que diré, porque no pienso perder más tiempo aquí. —Su tono se tornó aún más serio. Marina no se movió, por lo que su hermano fue quien sujetó el hacha. —Nara aprisionó a Carmín en donde solía estar la arena de sacrificios —soltó de repente y el corazón de la chica se sobresaltó—. Quiere usarla para la guerra que planea contra la villa Sur. Carmín intentará escapar esta noche y quiere que tú y tu familia huyan de la Ciudad Central —explicó el therión y se llevó una mano a la cintura para sujetar un revólver y ofrecérselo a Marina.

—¿De qué hablas? —cuestionó la menor, aún incrédula. No le sorprendía del todo lo que Lex decía de Nara, pues aquella mujer nunca le había dado buenas vibras, pero sí que su amiga mandara a alguien como él para decirle aquello. —¿Por qué ella te lo pediría a ti? Carmín te aborrece —dijo y esta vez sujetó el arma, aunque con visible desconfianza.

—Sí, eso me queda claro —respondió el más alto con expresión irritada—. Pero verás, no cuenta con muchas opciones y está desesperada por escapar.

—¿Y cómo sé que no intentas tendernos una trampa? —soltó la chica con cautela—. Tú no me pareces la clase de persona que ayude a otros solo porque sí.

—¿Por qué te daría armas si quisiera hacer algo contra ustedes? —cuestionó Lex, cada vez más harto. —Claramente, ya estarían muertos si ese fuera mi deseo. No soy de los que se ponen a conversar con sus presas.

Marina lo observó detenidamente y después levantó el revólver en dirección a la cabeza del therión. Jason desvió la mirada hacia ella, pero no hizo ni dijo nada.

—¿Crees que es buena idea matar al único aliado que tiene tu amiga? —cuestionó el therión con tranquilidad. Aunque su gesto era de enojo, su voz no reflejaba miedo. Evidentemente, aquello no lo hacía sentir en peligro.

—¿Tú qué ganas con todo esto? —cuestionó Marina aún sin bajar el arma.

—Esos términos ya los discutí con Carmín —respondió Lex—. Cumplí con mi parte; si deciden irse o no, no es asunto mío —añadió el híbrido, comenzando a caminar para irse, sin importarle el arma que apuntaba a su cabeza—. Y no olviden llevarse a Limoncito.

Marina se sorprendió ante el hecho de que Lex supiera cómo se llamaba su mascota, pues nadie ahí, a excepción de su familia y Carmín, conocía ese dato.

—¿Cómo sabes su nombre? —cuestionó la de azul.

—Ella me lo dijo —respondió el therión sin poder evitar hacer un gesto de desagrado al recordar que Carmín le había dicho que era muy parecido al gato de su amiga.

Marina bajó el arma finalmente. Sabía que no tenía sentido que el híbrido le mintiera con algo así. Incluso si a su amiga la hubiesen torturado, no se preocuparían en sacarle información tan trivial como el nombre de su gato. No obstante, aquello no logró hacerla sentir más tranquila, pues entonces era un hecho que Carmin estaba encerrada y que su vida corría peligro.

(...)

El resto del día transcurrió aterradoramente lento. Marina no podía quedarse quieta; se movía de un extremo de la cocina al otro, mientras observaba el revólver que reposaba en la mesa. Jasón la miraba desde la puerta, tan callado como siempre. Solo analizando la situación de lejos.

Cuando su madre llegó, tuvo que mentirle; sabía lo obstinada que era y no permitiría que se quedara si supiera la verdadera razón, más aún después de todo lo que había pasado con Nerón tiempo atrás.

Marina no dejaría a Carmín a su suerte, así que se esforzó por convencer a su familia para que salieran hasta Haldenmoss, con la excusa de que visitarían a Winston e irían por el resto de sus pertenencias.

Al ser una de las costureras de Nara, la señora Tacey tenía el beneficio de transportarse en los vehículos exclusivos para los trabajadores de la ciudad. Marina sabía que aquello podría ser riesgoso, pero era la única manera de que su familia se alejara rápido de la ciudad central. Lo más probable era que el camión los dejara a la entrada del pueblo, así que con eso bastaba.

—Yo los alcanzaré por la noche; solo quiero esperar a Carmin, para que no se vaya sola.

Marina le había dicho a su madre que su amiga también planeaba regresar al pueblo en ruinas luego de arreglar algunos asuntos, así que la esperaría y después ambas saldrían juntas.




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