Reina de bravíos

CAPÍTULO DIECINUEVE.

Carmín.

La sensación de que estaba al borde del abismo incrementaba con cada segundo que pasaba. Sabía que huir sería arriesgado. Nuestras probabilidades eran bajas y me asustaba mucho morir. No era el imaginar el dolor de las heridas o la sangre, sino más bien que aún tenía demasiadas cosas que arreglar. Tanta gente a la que deseaba ver. A la que quería proteger. Pensaba en cada uno de mis amigos. En mi familia. Quería asegurarme de que Winston estuviera bien, volver a abrazar a Ravn. Reírme con Marina y saber que ella y su familia vivirían en paz, y Egan... En ese momento, su ausencia pesaba incluso más que la primera vez que me distancié de él. Por algún motivo, haberlo visto y seguirlo alejando había agrandado el agujero en mi pecho. Era una tortura que yo misma me estaba infligiendo. Tenía miedo de no poder sobrevivir porque era consciente de que el arrepentimiento de no decirle a Egan lo que realmente pensaba sería lo último que sentiría.

Cuando Lex finalmente entró, un frío intenso estuvo a punto de entumecer mis extremidades. Mi pulso comenzó a acelerarse y tuve que respirar para tranquilizarme.

A diferencia de mí, ni Lex ni Fradaric parecían ansiosos. El primero caminó hacia Nerón y, como usualmente lo hacía, le entregó su cena. Tras unos minutos se recargó contra los barrotes y comenzó a hablar.

—Las cámaras no tienen sonido, pero aun así no tendremos ni un minuto de ventaja. En cuanto se percaten de que intentamos huir, los híbridos en el laboratorio atacarán y los refuerzos no tardarán en venir. Tendremos máximo 5 minutos antes de que todos lleguen hasta aquí.

—¿Y bien?—cuestione.—¿Cómo vas a abrir las jaulas?

—Esa es cosa mía —respondió el therión—. Una vez que lo haga, tu insoportable vecino y yo nos encargaremos de pelear y tú ayudarás a Nerón hasta que te lo ordene.

—Eso no era parte del trato —contesté con rapidez—. Lo último que quiero es estar cerca de él más de lo necesario.

—¿Y entonces tú pelearás? —indagó Lex con molestia—. Porque no puedo evitar que los maten y vigilarlo al mismo tiempo.

—Va a hacerlo —respondió Fradaric en mi lugar. —Mejor dime, ¿trajiste lo que te pedí, Lexaban? —indagó acercándose a los barrotes de su jaula.

Lex lo observó con irritación, pero tras unos segundos respondió.

—Sí, pero no te lo daré hasta que estén listos para huir; cuando vean que te entrego algo, sospecharán.

—Entonces estoy listo —contestó Fradaric con diversión—. Además, yo diría que el hecho de que uses esa enorme capa ya lo hace sospechoso.

Lex rodó los ojos con molestia y después volteó a verme.

—¿Y tú?

Inhalé profundamente, mientras pensaba que, si por algún milagro sobrevivía, sería más valiente y pondría en orden mis asuntos con toda la gente que me importaba.

—Sí. —Asentí. —Hagámoslo ya.

Lex se llevó una mano al interior de su capa y sacó tres objetos rectangulares. Eran delgados y negros y tenían una extraña pantalla que parpadeaba en tonos azules. Las colocó con discreción en la cerradura de las jaulas y casi de inmediato estas se tornaron rojizas y un pitido acelerado surgió de ellas.

—Será mejor que retrocedan —nos advirtió con tranquilidad—. Las fabricó tu madre, así que deben ser peligrosas. Y creo que no hace falta decirte que si Nerón no sale de aquí con vida, tú tampoco lo harás.

Pasaron unos 30 segundos y el artefacto terminó por explotar, deformando el metal. Saltaron algunas chispas y finalmente las puertas fueron abiertas. Ni siquiera habíamos salido cuando una fuerte alarma ya sonaba por todo el lugar.

Lex se llevó una mano a la espalda y le botó a Fradaric una bolsa. Esté la abrió y sonrió. Ambos seguían sin inmutarse a pesar de saber que ya se habían percatado de que planeábamos huir.

—Es algo anticuado, pero es mejor que seguir oliendo a trasero y tener toda la camisa desgarrada —dijo el rubio y sacó un pantalón negro, una camisa del mismo tono y un chaleco rojo de vestir con un estampado medieval.

—No estás pensando en cambiarte aquí, ¿verdad? —cuestionó Lex con incredulidad, mientras se quitaba su capa y se la tendía a Nerón, quien permanecía en silencio, observando todo con desconcierto.

—¡Ya hay que movernos! —solté con nerviosismo.

—De cualquier manera no teníamos ventaja, tú lo dijiste —le recordó Fradaric, terminando de quitarse el pantalón. Desvié la mirada con rapidez, pero al therión poco pareció importarle que lo miráramos. —No voy a dejar que me vean luciendo como un vagabundo.

—No sé por qué creí que esto podría funcionar —respondió Lex negando. —Como sea, ahora acércate a él y no se te ocurra dejarlo atrás —me ordenó, mientras movía su cabeza en dirección a Nerón—. Y ten —me tendió una daga de hoja oscura y mango plateado—. No pude conseguir muchas armas y las demás se las di a tu amiga. Ahora muévanse.

Volví a mirar a Fradaric, quien ya abrochaba los botones de su camisa, pero antes de que alguno pudiera decir algo más, las puertas del laboratorio finalmente fueron abiertas y un par de theriones y dos de las mujeres de uniforme gris llegaron hasta nosotros. Sujeté el arma con fuerza, mientras me tensaba. Sin embargo, Lex se puso delante de mí y de Nerón.

—No se alejen —me ordenó—. Y Fradaric, te mataré a ti si no comienzas a deshacerte de ellos.

El rubio soltó una risita mientras terminaba de abrochar los puños de su camisa y después pasó sus manos sobre el chaleco para alisarlo.

—A ver quién cae primero, gatito de la mala suerte —soltó Fradaric con tono retador y sacudió sus manos para poder sacar las garras.

—Imbécil —respondió Lex y ambos corrieron hacia el personal de Nara.

Suspiré profundamente y, sin pensarlo más, sujeté a Nerón por uno de sus brazos y corrí tras ellos.

Los primeros en atacar fueron los híbridos que vigilaban las puertas del laboratorio. Había un tipo altísimo, de tez negra, cabello rizado y blanco, y cuernos de carnero. Toda la parte inferior de su cuerpo estaba cubierta de un esponjoso pelaje del mismo tono que el de su cabello. A su lado, una therión de piel grisácea vestida con un overol amarillo nos miraba de forma amenazante. Tenía complexión robusta y un cuerno en la frente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.