Reina de bravíos

CAPÍTULO VEINTIDÓS.

Winston.

Aun con una sorprendente cantidad de alcohol en su sistema, solo le tomó un par de horas notar la ausencia de Carmín. Tras mucha insistencia e indicios de agresividad, logró que Ravn admitiera lo que había sucedido con ella y de esa forma Winston volvió a estar sobrio en menos de lo que esperaba.

—Dime, ¿ambos están mal de la cabeza o cómo se les ocurrió ocultarme algo así? ¿Cómo fuiste tan irresponsable como para no ir con ella?

El rostro del mayor había enrojecido debido al enojo que sentía en ese instante.

Tanto el therión como él se encontraban en el patio delantero de la casa de Carmín. El sitio aún estaba destrozado y algunas marcas de los impactos provocados por el bravío seguían grabadas en el suelo y en una de las paredes.

—Winston, por favor, cálmate. —Ravn intentaba mantener bajo control la situación. No obstante, le costaba más de lo que pensaba.

—¡Porque no me lo dijiste antes! —soltó el mayor, enojado—. ¡Acaso no entiendes que no puedo perderla! Es la única familia que me queda, aunque supongo que eso a ti te da lo mismo.

Ravn no era el tipo de persona impulsiva o que se enojaba con tanta facilidad. Sin embargo, en ese momento se sintió furioso. Que los demás asumieran ese tipo de cosas sobre él y más tratándose de Carmín, sin duda lo molestaba.

—¿Y cómo esperabas que ella recurriera a ti? Llevas meses ignorándola. Haciéndola sentir que lo que ocurrió fue su culpa y tú sabes que no es así —respondió el híbrido—. Además sabes que sí me importa —dijo casi ofendido—. Todos estos días Carmín ha estado decaída. Se culpa por lo que hizo su padre, se culpa por la muerte de Oliver, se culpa por la de tu hija, incluso por seguir viva, y son cosas con las que ella no debería cargar.

Winston se relajó entonces, su respiración comenzó a regularse y cerró los ojos un momento.

—Tienes razón —admitió tras unos segundos—. Sé que estaba lastimándola. Yo me... Me sentía tan culpable por no haber salvado a mi hija que, de alguna forma, terminé desquitándome con ella, y no debí hacerlo.

—No, claro que no —respondió Ravn, también tranquilizándose.

—Y sí sé que te importa —admitió el mayor—. Tú has sido el único que ha estado con ella todos estos meses; eres la razón por la que no se ha rendido. —El híbrido no pudo evitar sentirse un tanto avergonzado al escuchar eso de la boca de Winston. —Y también eres la razón de que yo siga vivo...

Al mayor le fue imposible no pensar en el día que el híbrido impidió que él cometiera una estupidez. No había dudado al momento de volar y rescatarlo. Ni siquiera cuando lo había golpeado y ofendido. Solo esperó pacientemente a que se tranquilizara.

—Creí que eso era lo mejor —admitió Ravn—. Quizás no era lo que tú querías

—Estaba siendo egoísta en ese momento —respondió el mayor—. No pensé en ella, iba a dejarla sola porque me estaba siendo difícil lidiar con mi dolor, pero no quiero volver a cometer el mismo error; por eso debemos ir a buscarla.

—Ella no quería que fueras. —Ravn seguía firme con lo que Carmín le había pedido.

—Sabes que aunque Nerón ya no esté ahí, no quiere decir que las cosas sean seguras —le recordó Winston—. Conozco muy poco de Nara, pero estuvo alejada de Carmín la mayor parte de su vida y no sabemos si realmente le interesa su seguridad o si tiene segundas intenciones.

—Lo sé, pero estaría rompiendo su confianza —dijo Ravn, recargándose contra la pared de la casa—. Quiero redimirme después de lo que les hice en Terfiell.

—Te apuesto a que ella ya ni siquiera piensa en eso —le aseguró el mayor—. Y creo que podrías vivir más con el hecho de que se moleste un poco, a vivir sin ella, ¿verdad?

Ravn bajó la mirada por unos segundos y después suspiró resignado.

—Sí, se ha vuelto muy importante para mí y creo que ahora es lo único que le da sentido a mi vida —admitió.

—Entonces hay que dejar de perder el tiempo e ir a buscarla —dijo Winston, volviendo a ingresar a la casa en busca de su chamarra, su hacha y algunas provisiones. —Tendremos que buscar un vehículo, o nos tomará bastante tiempo llegar hasta la ciudad.

—Podríamos ir volando —sugirió Ravn, aunque ya sabía que el de café se negaría—. Soy lo suficientemente fuerte como para llevarnos a ambos.

—Voy a declinar tu oferta —respondió Winston mientras los dos se alejaban de la casa.

—Acabas de decir que deberíamos dejar de perder el tiempo —debatio el más joven.

—Créeme, no lo hago solo por mí, lo más seguro es que expulse todo el alcohol que aún hay en mi estómago —respondió Winston y se echó a reír.

Ravn resopló mientras negaba con la cabeza.

—Eres un viejo raro.

(...)

Caminaron durante toda la madrugada hasta que por la mañana tuvieron que parar y descansar un poco. Si hubiesen esperado un día más, probablemente se hubieran topado con el camión que llevaba a la madre y abuela de Marina y ellas les hubieran dicho que las chicas "ya estaban en camino".

Ravn sabía que si fuese volando no estaría tan fatigado como en ese momento ni le dolerían los pies. Se había acostumbrado tanto a usar sus alas para todo, que caminar solo un tramo era un reto para él. Aun así, no le parecía correcto dejar solo a Winston. Sería grosero hacerle eso.

Les faltaba muy poco para llegar a Dronessod, pero la sed, el hambre y la evidente resaca que tenía el más grande los obligaron a sentarse (o al menos a Winston). Ravn extendió sus alas para poder alcanzar una ardilla que trepaba por uno de los árboles que había cerca de donde se encontraban. A diferencia de los del bosque, estos tenían troncos mucho más pequeños y delgados y estaban repletos de pequeñas piñas.

Una vez que estuvo de nuevo en el suelo, Winston lo miró intrigado y Ravn se sintió un tanto avergonzado, pues, aunque lo intentaba, aún no lograba dejar sus viejos hábitos.

—Pensaba compartirla contigo —dijo el menor, estirando su brazo con incomodidad para mostrarle el pequeño animal a Winston, quien rápidamente negó con las manos.




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