Carmín.
Aunque habíamos descansado algunas horas antes de continuar, me sentía bastante débil. Estaba feliz porque gran parte de las personas importantes en mi vida se encontraban a mi lado, pero la angustia de que lo peor se avecinaba al final hacía que mi energía decayera.
Solo quería llegar con Winston y Ravn, para confirmar que estaban bien y ponerlos al tanto de todo lo que ocurría.
A excepción de Fradaric y Grafton, los demás continuaban viendo a Nerón y Lex con desconfianza. Era entendible; aun cuando el presidente tenía episodios donde perdía la noción de lo que sucedía, el resto lo percibía como el tirano que aterrorizó a miles de personas, y el asesino despiadado que era su mano derecha.
Aun así, era muy extraño lo que la presencia del padre de Egan provocaba en Lex. El therión se veía mucho más dócil y hablaba con tanta calma y naturalidad que me hacía pensar que de repente algo más había tomado el control de su cuerpo. No podía evitar preguntarme cómo había sido su vida en el pasado, quiénes fueron sus padres, si tenía familiares vivos, cómo lucía antes de ser un híbrido, y eso a su vez me traía cuestionamientos sobre Nara y Nerón, sobre su procedencia, su infancia y el cómo llegaron al punto de transformarse en monstruos. Aunque con el presidente era un poco evidente que gran parte de sus problemas eran a causa de Nara.
—¿En qué piensas? —cuestionó Egan caminando a mi lado.
Volteé a mirarlo y tardé unos segundos en reaccionar.
—Solo en cómo han cambiado las cosas —suspiré con cansancio—. Hace menos de un año, tener suficiente alimento y no caer en la desesperación al estar sola eran mis mayores problemas y ahora, comparado con todo lo que lidiamos, parecen tan insignificantes. —Admití. —Estaba mucho mejor cuando no sabía quiénes eran mis verdaderos padres. Cuando solo tenía que hornear panes, pasar tiempo con Oliver y Marina y conseguir flores para las tumbas de mi padre y de Vera.
—Entonces tu vida era mejor antes de cruzarte conmigo en aquel cementerio —respondió Egan algo incómodo.
—No, tú eres una de las pocas partes buenas de todo esto —admití.
Quizás las cosas hubiesen resultado diferentes de no haber coincidido en esa ocasión, pero algo me decia que mi destino ya estaba escrito y de cualquier forma me vería implicada en la guerra. Además, al final también había logrado conocer a Deo y a Ravn, gente que para ese momento ya era importante para mí.
—¿Aunque al inicio haya actuado como un idiota contigo? —dijo levantando ambas cejas.
—¿Solo al inicio? —cuestioné y Egan me empujó con ligereza.
Nuestra conversación se vio interrumpida, pues algunos disparos se escucharon, seguidos por el sonido de una ráfaga potente y los gritos de algunos soldados.
Egan me observó con preocupación y después se echó a correr hacia donde el alboroto parecía desarrollarse. Los hombres del sur apuntaban sus armas hacia el cielo, pero lo que los sobrevolaba parecía ser mucho más rápido que ellos. Uno de los sujetos de capa disparó, pero erró su tiro. No perdí más tiempo y me moví hasta estar frente a ellos.
—¡Basta! —pedí con preocupación—. Deténganse —insistí, pues no parecían querer ceder.
—Pero es un therión —se justificó uno de los hombres y eso me hizo enfurecer.
—¿Y eso significa que tienen que disparar? —cuestioné mirándolo con enojo—. No se supone que el Sur los ayuda.
—Lo hace, pero no podemos saber si es del bando enemigo —respondió con seriedad.
—¡Ya fue suficiente! —ordenó Egan—. Bajen las armas —dijo y los soldados finalmente siguieron sus indicaciones.
Cuando ya no hubo peligro de que alguien más fuese a disparar, la alta figura descendió del cielo hasta estar en el centro del círculo de hombres que se había formado.
Ravn me observó con detenimiento. Aún estábamos a un par de metros de distancia. Su semblante parecía avergonzado y a la vez preocupado. Se quedó quieto, solo mirándome. Sentí un alivio al verlo y acorté la distancia entre nosotros para abrazarlo. El mayor correspondió a mi gesto y me envolvió con sus alas.
—Sé que me dijiste que no viniera —empezó a disculparse—. Y entiendo si estás enojada conmigo, pero no...
—Me alegra que estés bien —lo interrumpí y levanté la mirada.
—También me alegra ver que estás bien —respondió con honestidad—. No me fue nada fácil detenerlo —dijo separándose de mí y señalando a Winston, quien salía del bosque a nuestro frente.
Me alejé con rapidez de Ravn y corrí hacia el mayor. Winston me observó con alivio y también corrió hacia mí.
—Perdóname, niña —dijo en cuanto estuve entre sus brazos—. Sé que te hice daño...
—No importa —dije con rapidez—. También debo disculparme contigo; estabas sufriendo por lo de Alba y yo no debí ser tan impulsiva.
—Nada de eso fue tu culpa —Winston negó—. Solo eres una niña; yo debería cuidar de ti, no al revés, pero agradezco mucho que no me dejaras solo todo este tiempo.
—No voy a dejarte solo nunca, tú eres mi familia —dije y sentí como las lágrimas se acumulaban en mis ojos.
—Y tú la mía —respondió y me dio un beso en la frente. Volví a abrazarlo con rapidez y después nos separamos.
—Y necesitas un baño urgente —bromeé y él soltó una gran carcajada.
—Sí, lo sé, lo sé —respondió con diversión. No obstante, esa actitud apenas duró unos segundos, pues en cuanto miró al resto de nuestros acompañantes y se percató de uno en específico, se apartó con brusquedad. —¡Por qué! —gritó, yéndose en contra de Nerón, quien ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.
Winston lo tumbó y rodeó su cuello con ambas manos, intentando asfixiarlo. El rostro del presidente rápidamente se puso rojo.
Intentó en vano apartar al de barba, pero este era más fuerte y continuó apretando su garganta, hasta que Lex se acercó a ellos y de una sola patada mandó a volar a Winstón, quien soltó varios quejidos al aterrizar de forma brusca en el duro suelo. Corrí hacia él, sintiendo la preocupación embargar mi pecho. Ayudé a que se levantara, pero las cosas parecieron empeorar, pues Ravn decidió atacar a Lex.
#4609 en Joven Adulto
#11962 en Fantasía
drama amor, guerra peleas ira conflictos poder, amistad amor ilusion tristeza dolor
Editado: 08.05.2026