Reina de bravíos

CAPÍTULO VEINTICUATRO.

Winston.

Después de escuchar a Carmín, le quedaba claro que el sentimiento de pérdida y enojo no abandonaría su pecho por más que lo intentara.

La maldad y el desastre se presentaban como una cadena interminable. Primero había sido Nerón, y Nara le había seguido con una visión incluso más aterradora. Winston perdió cualquier esperanza de que la mujer fuese una mejor opción para la ciudad y para Carmín. Si había logrado manipular a Nerón sin que casi nadie se diera cuenta, sin duda cumpliría con todas sus amenazas y él no podía permitir que lastimara a Carmín.

Winston sentía que casi todo en su vida se había vuelto insignificante. Todas esas noches en las que intentó ahogar su sufrimiento a través del alcohol se preguntaba: "¿Qué caso tiene seguir?". Pero en ese momento lo entendía. Tal vez había fallado al proteger a Alba, tampoco había hecho nada para que Oliver regresara a casa, pero aún estaba Carmín y si algo lo mantendría con vida sería encargarse de que la chica pudiera vivir. Ella ya había sufrido bastante a su corta edad. Merecía pasar el resto de su vida en tranquilidad y sin tener que perder a más personas importantes.

Aunque escuchaba lo que Carmín le decía, su mirada seguía sobre el presidente. Era casi irreal tenerlo a tan corta distancia. Una parte de él quería volver a golpearlo hasta que ya no pudiera moverse, pero la otra sentía que ese hombre de rostro hinchado que se había dejado caer contra una enorme piedra y que era resguardado por el therión de negro no era el mismo que le había arrebatado a su hija. El mismo al que odiaba y eso lo llenaba de rabia. Parecía tan vulnerable y miserable, que casi sentía lástima. Casi, pues cuando recordaba todo lo malo que había hecho, solo podía pensar en que merecía verse así. Sin embargo, el que su estado no fuese provocado solo por la golpiza que le dio no lo hacía sentir mejor.

—Y no importa que hayamos logrado escapar; de alguna u otra forma tendremos que enfrentarnos a ella —dijo Carmín, y Winston volvió a enfocar su atención en ella.

—Entonces, ¿aquella carta?... Todo fue una trampa —soltó Ravn, reflexivo.

—¿Una carta de Nara? —repitió Egan, levantando una ceja—. ¿En serio no se les cruzó por la mente que algo tramaba? —cuestionó con ironía. Cruzando palabra con el therión por primera vez desde que se habían encontrado.

—Egan —dijo Ravn a modo de saludo, mirando de manera intensa al rubio.

—Axxar —respondió el mencionado con seriedad, sin apartar la vista del híbrido.

—Cuánta tensión —intervino Fradaric con diversión, provocando que ambos chicos finalmente dejaran de observarse.

—Como sea —dijo Carmín, fingiendo que aquello no sucedía—. Ahora que lo pienso, fue muy conveniente que aparecieras justo cuando el Bravío nos estaba atacando —añadió mirando a Lex.

—Tu madre quería probar cuánto control tenía sobre sus bestias —explicó el therión sin mostrar signos de que el hecho de que Carmín hubiese notado aquello le afectara—. Ella contaba con que alguno de los que se encontrara contigo muriera —admitió—. De hecho, esa fue su orden para el bravío, asesinar a cualquiera que se le atravesara y no podría irse hasta entonces.

—Pero tú lo mataste —dijo la más joven—¿Con que motivó?

—Quería probar mi teoría de que morían si los apuñalaban en el cerebro —dijo con simplicidad—. Puede que tu madre me diera órdenes en ese momento, pero eso no significaba que también me controlara completamente. Además, no creo que a ella le resultara agradable que su experimento te dejara hecha pedazos.

—¿Y si todo este tiempo supiste lo que Nara planeaba, por qué nunca hiciste nada? —reprochó la pelirroja.

—¿Y por qué lo haría? —¿Por qué querría arriesgarme por otros? —indagó de forma despreocupada—. En todo caso, ¿por qué Egan no hizo nada? Él también lo sabía. ¿Por qué no te advirtió de tu madre en vez de huir hacia el sur?

La de rojo volteó hacia Egan, quien le lanzó una mirada de enojo al therión.

Aunque Carmín ya estaba al tanto de que Egan era consciente de las intenciones de Nara mucho antes que ella, no había caído en cuenta hasta ese momento de que no sabía cómo lo había descubierto.

—¿Desde cuándo lo sabías? —indagó con seriedad y Egan la observó incómodo.

—Cuando nos cruzamos en aquel cementerio, no solo estaba buscando nuevas sirvientes para Nerón, al menos no yo —dijo y miró a su hermano—. Deo no lo sabía, pero Nara me había pedido que te encontrara.

—Así que fingiste ayudarnos y la llevaste hasta la ciudad central sabiendo lo que Nara tenía en mente —cuestionó Winston con enojo.

—Al principio lo hice —respondió el rubio—. Nerón tenía apresado a mi padre y Nara prometió que lo liberaría si la ayudaba a dar con su hija. —Pero no, no tenía idea de que estaba loca y juro que no lo digo para justificarme, que para cuando llegamos a Terfiell, lo único que quería era que tú siguieras con vida —añadió observando a Carmin—. Pensé que realmente Nara quería protegerte y fue solo hasta unos días antes de huir de la ciudad que me reveló su verdadero propósito, pero me fue difícil ir a buscarte.

—¿Pero por qué no me lo dijiste antes? —indagó Carmín—. ¿No pensabas decirme nada si Lex no tocaba el tema?

—¿Y qué diferencia haría? —cuestionó el rubio.

—Que al menos sabría que confiamos el uno en el otro —debatió la de rojo.

—Ya basta —intervino nuevamente Winston—. Parece que todo el mundo solo quiere pelear y traicionarse aquí.

—¿Lo dices tú? —preguntó Lex—. Tú, que te le fuiste a los golpes. —añadió mirando a Nerón.

—También debí pegarte a ti —soltó Winston con enojo—. No creas que no sé que tú secuestraste a mi hija.

—¿Y en serio así pretenden derrotar a Nara? —intervino Grafton— culpándonos los unos a los otros y reprochando las cosas que no hicimos o decimos. Todos aquí perdimos, y no excluyo a nadie, así como también todos aquí cometimos errores. Ninguno es inocente. Puede que mi hijo no haya dicho nada, que Lex se haya rendido hace bastante tiempo y que Carmín sienta que la responsabilidad de todo esto es suya, pero, ¿saben qué? Yo también decidí ignorar el problema. Decidí fingir que mi mejor amigo no necesitaba ayuda, quedarme callado cuando sus decisiones eran cuestionables. Decidí no prestar atención a las advertencias de Lex y desviar la mirada cuando más estaba sufriendo, y cuando la cara real de Nara salió a relucir, preferí quedarme quieto. Temiendo que los demás me reprocharan que yo la había metido en nuestras vidas, y eso solo causó que perdiera a mi esposa, que mis dos únicos amigos terminaran siendo odiados por todo el mundo, que mis hijos sufrieran y que todo el tiempo solo me sintiera como un maldito cobarde. Nadie aquí puede decir que está exento de nada, pero podríamos dejar de agrandar más el problema y tomarnos en serio lo de acabar con la responsable de todo este así mal.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.