Reina de la Cancha, Rey del Caos

AGRADECIMIENTOS

A los que caminan entre las ruinas de su propio pasado, buscando una chispa entre las cenizas.

A los que, como Sloane, han sido piezas en tableros ajenos y han tenido el valor de romper el cristal para escribir sus propias reglas. A los que llevan cicatrices que no se ven, pero que dictan la fuerza de cada paso.

A los que, como Zadkiel, han hecho del caos su armadura y del silencio su refugio, hasta encontrar unos ojos que no juzgan las sombras, sino que aprenden a bailar con ellas.

A la ciudad de Oakridge, que nos enseñó que el poder sin verdad es solo un castillo de naipes, y que la verdadera victoria no se mide en marcadores, sino en la lealtad de quienes se quedan cuando las luces del estadio se apagan.

A mis lectores

A ustedes, que no tuvieron miedo de entrar en la oscuridad de Oakridge junto a mí.

Gracias por ser los testigos silenciosos de cada jugada táctica, de cada secreto enterrado y de cada chispa que saltó entre el orden de una Reina y el fuego de un Rey.

Gracias por entender que esta no era solo una historia de baloncesto, sino una anatomía de la redención. Por acompañar a Sloane en el dolor de su cicatriz y por no apartar la mirada cuando Zadkiel mostró los cuervos de su pasado.

Ustedes fueron el equipo que sostuvo este tablero cuando todo parecía desmoronarse. Espero que, al cerrar este libro, se lleven consigo la certeza de que no importa cuán roto esté el terreno o cuán alto sea el precio de la verdad, siempre hay una jugada final que nos pertenece solo a nosotros.

Gracias por creer que, incluso entre las cenizas, es posible encontrar un hogar.

Con cariño y gratitud, Kennya Garciot.




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