Reina de las Highlands

IV

Pasó una semana desde mi presentación en sociedad.
Hoy me encontraba junto a Eric en el salón, entretenidos con los últimos detalles de la boda.

La misa se llevaría a cabo en la Iglesia del pueblo, aunque fuera dentro de las murallas del castillo, iría en un carruaje.

- Eric, podríamos quitar el cuadro de ella? - Le pregunté con miedo
- No Judith, se queda ahí.
- Pero me da reparo tener el cuadro de tu fallecida esposa el día de nuestra boda, solo mañana por favor
- Solo mañana. - aceptó

Desde el baile nuestra relación se ha ido suavizando con el tiempo. Buscábamos satisfacer los deseos del otro pero eso no significa que no chocábamos.

- Judith, mañana dormirás en mi habitación pero por favor no toques nada del vestidor.
- Y yo donde me vestiré?
- Tendrás tu vestidor donde has dormido todas estas noches
- Pero eso significa pasearme en camisón por todo el castillo!
- Me da igual, pero no toques nada.
- Pero que no puedo tocar?
- Las cosas de Katrina mujer, te prohibo que toques sus cosas.
- Sus cosas siguen ahí? - pregunté estupefacta
- Si, ahora marchate, mañana nos veremos en el altar.

Se ve que mis preguntas le cansaron ya que sus contestaciones fueron empeorando. De todas maneras deje a este idiota y subí las escaleras.

En el piso de arriba se encontraba mi nana y el mayordomo. Como debía conocer al niño, les pedí que me indicaran el camino. Mi hijastro era un niño cuya tez era muy blanca, cabello negro y los mismos ojos penetrantes que su madre.
Daba la impresión de que el padre no tuvo mucho que ver aquí, que el no participó en procrearle.

Tomé al niño en brazos y le di mi primer biberón mientras le susurraba al oído mil promesas.
-Prometo cuidarte y educarte lo mejor que sepa. También te voy a querer igual que si fueras mío aunque intentaré siempre hablarte de tu mamá.

Después de la toma el niño se durmió.
Yo acudí al salón del trono donde debía elegir a mis damas de compañía.
Ante mi estaban todas las mujeres del reino, y yo no sabía que decisión tomar. No sabía si debía elegir una mujer madura o una joven, de mi edad.
Yo estaba pensando en la decisión que debía tomar cuando Eric hizo acto de presencia y eligió por mi, una mujer madura y una chica joven.

La joven doncella olvidó totalmente el protocolo ya que se quedó embobada mirando a mi futuro marido, sin este prestarle atención alguna.
-Judith, me podrías acompañar en la cena?
-claro que si Majestad.
-Vosotras dos, empezáis a trabajar mañana por lo tanto os podéis marchar todas - les habló Eric.

A mi me ofreció su brazo y Le acompañé a la biblioteca donde cenariamos los dos solos.
Todo fue muy tranquilo, apenas hablamos cuando me preguntó por mi padre y yo cambié de tema preguntando por otra cosa.
- Eric, tu que esperas de este matrimonio?
- Hijos, prosperidad, felicidad y entendimiento entre nosotros como soberanos y pareja.
-Amor? - pregunté nerviosa.
- Quizás con el tiempo?

Terminamos de cenar en silencio y nos fuimos cada uno a dormir.
Mañana para el pueblo sería un gran día, para mi sería uno más.



#3831 en Novela romántica
#1488 en Otros
#279 en Novela histórica

En el texto hay: highlands, reina, eric

Editado: 24.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.