Reina de las Highlands

VI

Con un nudo en la garganta tras escuchar las palabras de mi padre, entre en la catedral llena de desconocidos. Al lado del altar estaba él, vestido de gala y llevando con orgullo su corona en la cabeza.

Siempre creí que me casaría por amor, que sería muy feliz junto a mi marido, de hecho, si fuera una novia enamorada desearía llegar al altar, pero ahora mismo lo único que quería era huir, aunque eso era imposible.
Mi padre me dio unas palmadas suaves en la mano que tenía apoyada en su brazo y volví a caminar
Ni siquiera me di cuenta de que me había detenido en el medio del pasillo.
Seguía con el mismo pensamiento, el de la huida, cuando llegué a la altura de Eric.
-Majestad, cuidarla por favor. Este es el bien más preciado que tengo y cualquier propiedad o fortuna vale menos que mi hija. Judith - está vez me hablo a mi - se que vas a ser feliz pero hasta que llegues a serlo perdóname. Recuerda que siempre serás mi niña y que en tu casa siempre te estará esperando tu viejo padre. Nunca olvides cariño lo que te quiero.
 

Me entregó. Deposito mi mano en la de Eric y con lágrimas en los ojos se sentó en el primer banco que había, detrás mío, justo al lado de mi suegra.
Suegra que había aparecido por sorpresa ya que casi todos los que vivían en el castillo desconocian de su existencia.
 

El sacerdote comenzó a hablar. Sigo sin saber lo que decía, solo me enteré cuando di el Sí Quiero.
-Lo que hoy ha unido Dios, no lo podrá separar el hombre. Majestad, puede besar a la novia.
 

MI primer beso, aquel que después de tantos libros leídos pensaba que serían llenos de amor, que tendría aquellas mariposas en el estómago, pero no, fue un beso rudo, sin amor.
Aquellos besos que no desearías volver a tener, aquellos que solo los das por compromiso, aquellos que te entristecen como a mí ahora mismo.

En las bodas que acudí junto a mi nana, después del beso, los invitados felicitaban a los novios, gritaban aquella frase que tanto escuche "Vivan los novios" pero aquí había un silencio sepulcral.
Eric me dio su brazo y mientras lo cogía para salir escuchaba el crujir de los bancos y las telas de los vestidos al levantarse.
Salimos de la Iglesia y una doncella se acerco discretamente.
-Majestad, la sala del trono está preparada. - Eric asintió
-Para que necesitamos la sala del trono ahora?

Cuando subimos los dos a la carroza me contestó
-Antes de comer debes hacer un juramento
-A que se debe?
- Si lo haces, cuando yo no esté en el castillo tu tomarás las decisiones. Si no lo haces, se encargarán aquellos cuyo poder no puedo disminuir pero no miran con buenos ojos al pueblo
- Entendido.
- Judith, siento tomar esta decisión por ti pero en caso de que falte, estarás tu y yo confío en ti.
-Y tu madre? La vi ahora por primera vez. - Le pregunté cambiando de tema
-luego lo hablamos. Te encuentras bien?
-Estoy hambrienta, casi no me dejaron desayunar. Conforme entró la bandeja, salió.

El sonrió. Seguimos mirando por la ventanilla escuchando los vítores de la gente que se había salido a la calle.

Llegamos al castillo y Eric no dejó al mayordomo ayudarme salir, lo hizo él.
- Allá vamos - dijo en tono muy bajo.

Entramos al salón y mi primer pensamiento fue: Jaula de oro pero al fin y al cabo jaula



#3764 en Novela romántica
#1451 en Otros
#279 en Novela histórica

En el texto hay: highlands, reina, eric

Editado: 24.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.