Reina de las Highlands

VII

Había dos tronos al final de una habitación enorme. Todos los invitados de la boda se encontraban a los lados, dejando un pasillo que Eric y yo estábamos cruzando.
Los tronos estaban situados en unos escalones grandes, ganando así altura y que todo el mundo viera al rey.
Delante de los escalones había un atril. Eric me dejó ahí y el se apartó a un lado.

- Pon tu mano derecha en la Biblia y repite lo que yo diga - me dijo el arzobispo que nos casó

"Yo Judith, juro velar por los intereses del pueblo de las Highlands, amar y respetar a sus gentes. También juro ante Dios, sumisión y respecto al Rey aunque yo sea su Reina, proteger sobre todo al progenitor y a los niños que Dios decida concedernos"
"LARGA VIDA A LA REINA"
Fue el grito que Eric alzó, y después de él, todos lo repitieron tres veces

Mi marido volvió a mi lado ofreciéndome su brazo y me llevó a mi trono. Antes de sentarme, debía darme la vuelta y mirar unos segundos hacia los invitados.
Los tronos estaban muy cerca por lo que Eric y yo permanecímos ahí sentados pero con las manos unidas ya que eso lo exigía el protocolo.

Todos aquellos presentes debían jurar me lealtad. El consejero de mi marido tenía un pergamino enorme del cual iba nombrando a todos aquellos que debían salir hacia delante nuestra y arrodillarse, las mujeres hacían una reverencia.

Pasaron horas y horas hasta que solo quedaba un hombre. Estaba cansada.
Esto me parecía inhumano.
Horas sentada sin poder beber ni agua, la mano ya la tenía adormecida y el cuello me dolía de no poder moverlo durante tanto tiempo.
Por fin, había terminado y los invitados se fueron, acompañados de los sirvientes a los que Eric echó con una señal de su mano.
- Menos mal que sólo se pasa por esto una vez en la vida - me dijo
-Una cosa que me quede clara, quieren una Reina o una piedra? - el por fin se rio a carcajadas.

Nunca había escuchado ese sonido, me pareció maravilloso. Se levantó y se acercó a mi, me ayudó también, ya no a levantarme si no a sujetar me de pie, me dio un beso corto en los labios y me cogió de la mano.
-Vamos mi Reina, ahora si podrás comer.
-Uy si, se me ha olvidado hasta el hambre que tenía.
Volvió a reír.

Cuando decidimos entrar en el salón, todos estaban de pie esperándonos aunque estaban en sus mesas.
Al final se encontraba la mesa del Rey en la cual mi padre y mi suegra estaban ahí sentados.
-Me permites sentarme al lado de tu padre? - me preguntó Eric sorprendiendome ya que eso supone romper las reglas del protocolo.
-Vamos a romper el protocolo - le contesté
-Prefiero romper eso antes que tener un mal recuerdo de nuestra boda.
-Por qué no quieres sentarte al lado de tu madre?
-Judith, cualquier cosa que te diga y te incómode me pisas el pie o me pellizcar por debajo de la mesa - me dijo mientras seguíamos caminando.

La verdad es que mi suegra estuvo muy callada. Las primas de mi marido también se sentaron a nuestro lado con sus maridos pero cuando la cena ya había empezado, ya que llegaron tarde.
Cenamos pollo con limón en silencio, las primas de mi marido, cuyo nombre no recuerdo, mantenían unas conversaciones muy aburridas y aunque intentaban que yo fuera a participar, contestar con un si, tampoco ayudaba mucho.

La música empezó a sonar cuando nosotros dejamos los cubiertos en el plato, la costumbre era que nadie cenaba cuando nosotros dejábamos de cenar.
Ahora debíamos abrir el baile, aunque luego cada uno podía bailar con todo aquel que quisiera.



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En el texto hay: highlands, reina, eric

Editado: 24.09.2018

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