Reina ( I I libro )

Capitulo 12 - Paola

-Reina, eh?- murmuro, observando mi reflejo en el espejo. Una sonrisa maliciosa se curva en mis labios, y mientras mis ojos se fijan en mi imagen, una sensación de poder se apodera de mí. Todo ha sido perfectamente calculado. Cada paso, cada movimiento, ha sido diseñado para llevarme hasta aquí, hasta este momento, cuando finalmente me convertiré en lo que siempre debí ser. La mujer que gobierna. La mujer que no tiene miedo de tomar lo que es suyo.

No me importa lo que piensen los demás. No importa lo que digan, ni si intentan detenerme. He llegado hasta aquí y no hay nada ni nadie que pueda cambiar el curso de lo que está por venir. Mis labios se curvan en una sonrisa que no es de satisfacción, sino de pura malicia, de un control absoluto que he logrado después de tanto tiempo de sufrimiento, de espera. La espera valió la pena. Ahora tengo todo lo que necesito para desatar lo que he planeado.

-No recuerdas nada, y es hora de poner mi plan en marcha...- susurro, mis palabras flotando en el aire mientras miro fijamente a los ojos del reflejo que me observa desde el espejo. La certeza de que este es el momento exacto me llena por completo. Ya no hay vuelta atrás. Es el momento de actuar. Es el momento de finalmente tomar lo que me pertenece. He esperado demasiado tiempo. La paciencia ha sido mi mejor aliada. Pero ahora, todo lo que he sembrado comienza a florecer. Ya no soy la que era antes. Soy más fuerte, más astuta, más peligrosa. Y nadie podrá detenerme.

-Fabricio, serás mío... Te tendré a mi lado, y no podrás escapar de lo que he preparado.- Las palabras salen de mi boca con un tono suave, pero resuenan con una fuerza que retumba en mi pecho. Él está con la hija de la pelirroja, junto con la pelirroja misma, y su querido "mate". También están Juan y "Erika", esa estúpida que aún se cree parte del juego, esa que ni siquiera entiende el alcance de lo que está sucediendo. Cada uno de ellos juega un papel en mi plan, un papel que ellos ni siquiera imaginan.

La imagen de Erika me hace sonreír. Su existencia siempre me ha causado una mezcla de desprecio y diversión. Una mujer que se cree capaz de hacer frente a lo que está por llegar, pero que en realidad nunca tuvo ni una pizca de poder en sus manos. Cada vez que la miro, me siento superior, más segura de lo que soy capaz de hacer. Y ahora, ella es solo una pieza más, una pieza rota que ya no tiene ningún valor.

-Querida Erika...- susurro, casi como si mi voz fuera un veneno que recorre el aire. La miro, la observo, y la diversión que siento me hace sonreír aún más. Su cuerpo yace en un rincón, delgado, sucio, golpeado, casi sin vida. Me sorprende que siga viva, la verdad. Al principio pensé que su resistencia se desvanecería pronto, que su cuerpo no aguantaría tanto daño. Pero ahí está, en su miseria, sobreviviendo por pura terquedad. Me encoge los hombros. Ella no es importante ya. Su única función en este momento es darme satisfacción en su sufrimiento.

-Me sorprende que sigas viva, querida... A este paso, deberías haber muerto el año pasado...- susurro con desprecio, como si sus esfuerzos por mantenerse con vida fueran la cosa más patética del mundo. El hecho de que siga aferrándose a su existencia me resulta casi divertido. Pero bueno, parece que sus ganas de mantener a su "mate" con vida le dieron fuerza. Es irónico, ¿verdad? Creer que el amor, la debilidad de los demás, puede ser una fuente de poder. Qué tonta es.

Sin embargo, es una pieza de mi rompecabezas, una pieza necesaria. Aunque ya no sirve para nada más que para recordarme lo lejos que he llegado, lo mucho que he crecido, y lo poco que me importa lo que quede de ella. Ella es solo una advertencia para los demás, una demostración de lo que les sucederá si se oponen a mí.

-Pero bueno, supongo que tus ganas de mantener a tu mate con vida te dieron fuerza.- Me encojo de hombros, como si el destino de Erika fuera lo más trivial del mundo. Como si su sufrimiento fuera solo una pequeña molestia en el gran esquema de las cosas. Todo es insignificante comparado con lo que se avecina.

Salgo de la habitación, dejando atrás la imagen de mis propios recuerdos. La escena de mis logros, mis manipulaciones. Todo lo que he hecho hasta ahora me ha llevado a este momento. No hay remordimientos, no hay arrepentimientos. Solo una fuerza imparable que me consume. Cada paso que doy, cada pensamiento que cruza por mi mente, es parte del plan que he diseñado con precisión. Todo está bajo control. Nada está fuera de lugar.

El aire fuera de la habitación está más fresco, pero no me calma. No busco consuelo. Busco el siguiente paso, el siguiente movimiento, el siguiente golpe que terminará de consolidar mi dominio. La habitación se llena de una calma inquietante, pero lo sé, lo siento en cada fibra de mi ser: nada ni nadie podrá detenerme. El plan está en marcha, y ya no hay marcha atrás.

Es increíble lo lejos que he llegado. Todo lo que he hecho, todas las decisiones que tomé, me han traído hasta este punto. No hay tiempo para las dudas, no hay espacio para el arrepentimiento. La fuerza con la que me he levantado, el control que tengo ahora, no tiene paralelo. No soy la misma de antes. No soy la mujer que alguna vez dudó, que alguna vez temió lo que podía hacer. Soy más. Soy lo que ellos nunca imaginaron. Y ahora, es el momento de que todos vean de lo que soy capaz.

Nada ni nadie podrá interponerse en mi camino. Estoy más cerca que nunca de obtener lo que siempre quise. Y cuando lo consiga, cuando todo esté bajo mi control, no habrá ninguna resistencia que pueda hacerme retroceder.

El destino está sellado, y ahora, más que nunca, soy la reina que este mundo necesita. La que todos temerán. La que gobernará todo lo que ha sido mío por derecho.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.