Reina ( I I libro )

Capitulo 17 - Paulina

Estoy emocionada, y no es precisamente porque seré reina. No tengo la más remota idea de por qué siento este torbellino en el pecho, pero lo único que sé con certeza es que lo estoy. No es miedo, no es inseguridad, ni siquiera es ansiedad. Es algo más. Algo que me hormiguea en la piel, que me acelera el pulso, que me hace sentir que cada latido de mi corazón resuena con la misma intensidad que el eco de un trueno en medio de la noche.

Tal vez es la expectativa. Tal vez es la certeza de que, en unas horas, mi vida cambiará para siempre.

O quizás es porque, en el fondo, sé que esto no es solo una coronación. Es una declaración. Una afirmación de quién soy ahora.

Porque lo soy.

Soy Paulina Moon Doin.

Y aunque el nombre "Moon" no signifique nada para mí, aunque no evoque recuerdos, aunque no despierte en mi pecho la calidez de la nostalgia, sigue siendo mío.

Me aferro a él como si, de alguna manera, al hacerlo, pudiera cimentar mi lugar en este mundo que aún se siente un poco ajeno.

Pero pronto, ya no lo será.

Mi vestido de coronación descansa sobre el maniquí, aguardando el momento en que lo use. Y es… magnífico. No hay otra palabra que pueda describirlo mejor. Es más que un simple vestido, más que una prenda de tela y costuras. Es una obra de arte, digno de la realeza, un reflejo de lo que soy y de lo que seré.

La tela negra se desliza en ondas suaves, como si cada pliegue estuviera tejido con la misma esencia de la noche. No es un negro opaco, no es una sombra sin vida. No. Es profundo, con destellos sutiles que se revelan con cada movimiento, como si cada hilo estuviera tejido con fragmentos de estrellas. Cada vez que mis dedos rozan la tela, siento la textura de los diminutos cristales bordados a mano, atrapando la luz y devolviéndola en un resplandor discreto pero hipnotizante.

El escote en forma de corazón es pronunciado, aunque sin perder la elegancia. Realza mi porte, resalta la curva de mis clavículas, la línea de mis hombros, sin caer en lo exagerado. Es el equilibrio perfecto entre lo audaz y lo sofisticado.

Pero lo que realmente le da el toque final… es la capa.

Larga. Majestuosa. Se desliza desde mis hombros hasta el suelo, un velo de oscuridad salpicado de diminutas constelaciones de cristal. No es solo una capa. Es un símbolo. Una representación del cielo nocturno que siempre he amado, aunque no sepa por qué. Una metáfora de lo que soy. Un fragmento de noche, un pedazo de inmensidad atrapado en la tela.

Y la máscara…

Ah, la máscara.

Si el vestido es la noche hecha tela, la máscara es la sombra hecha arte.

Negra como la medianoche, elaborada con finas telas y encaje, con pequeños cristales incrustados que titilan con cada movimiento. Sus bordes están decorados con un delicado tejido de cuentas y perlas oscuras, dándole un aire de misterio y sofisticación. Pero lo que más me fascina es el detalle en un costado: un conjunto de plumas negras se abre en abanico, algunas decoradas con perlas brillantes, como gotas de luz atrapadas en la penumbra. Entre ellas, una gran flor de tela resalta, aportando un aire de feminidad y distinción.

Y el velo…

Un velo de malla cae con sutileza sobre la parte inferior de mi rostro. Apenas perceptible, pero suficiente para añadir un toque de enigma. Con ella puesta, mi identidad permanecerá oculta hasta que decida revelarla.

Oculta…

No sé por qué me detengo en esa palabra.

¿Realmente quiero estar oculta?

¿O es que una parte de mí aún teme ser descubierta?

Sacudo la cabeza, alejando el pensamiento.

Todo está casi listo.

Excepto por Star.

Ella no me habla.

No ha dicho ni una palabra desde que se enteró de mi decisión. Y lo entiendo.

Ella recuerda.

Yo no.

Ella sabe lo que éramos, quién era yo antes de despertar en este mundo que ahora llamo mío. Y lo que es peor, sabe que en el momento en que coloquen la corona en mi cabeza, estaré renunciando a cualquier idea de regresar a lo que alguna vez llamé hogar.

La comprendo.

Si yo pudiera recordar todo lo que ella recuerda… si los papeles estuvieran invertidos… probablemente haría lo mismo que ella.

Trataría de impedir que mi mejor amiga olvidara quién era.

Pero no recuerdo nada.

Y nadie puede decidir por mi vida más que yo misma.

Mi decisión está tomada desde el momento en que abrí los ojos aquel día sin memoria, sin pasado, sin identidad. Desde el instante en que entendí que no podía recuperar lo que había perdido.

Desde el momento en que acepté que lo único que podía hacer…

Era seguir adelante.

Ser quien soy ahora.

Porque no soy la persona que solía ser.

Soy Paulina Moon Doin.

Y aunque "Moon" no signifique nada para mí…

Pronto lo hará.




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