—Todo está listo para mañana —le digo a mi tío mientras lo abrazo con entusiasmo.
—Sí, todo listo —responde él, rodeándome la cintura con sus brazos mientras prácticamente cuelgo de su cuello.
—Sí —repito feliz—. No tengo sueño.
Le miro con la mejor cara de cachorro que puedo poner.
—¿Vemos películas? —pregunta con una sonrisa, mirándome con complicidad.
Asiento rápidamente.
—Voy a hacer palomitas —digo, separándome de él para ir a la cocina.
Nos tiramos toda la saga de Harry Potter. Ahora son las diez de la mañana, y mientras mi tío duerme en el sofá, yo comienzo a ultimar detalles para esta noche con la misma emoción con la que empecé.
*****
Fabricio
El viaje ha sido largo, pero finalmente llegamos al lugar donde nos quedaremos esta noche. Mientras descargamos el equipaje y nos instalamos, solo pienso en descansar unas horas antes de la "tan esperada" noche.
Para cuando despierto, ya son las seis de la tarde. Dormí desde el mediodía, y aunque descansé bien, no puedo evitar la molestia de estar aquí.
Me visto sin prisa, sabiendo que Kate tiene que arreglarme la máscara antes de salir. Cuanto antes termine esto, antes podré volver a casa y seguir con la búsqueda de mi Paulina.
—Me parece estúpido esto —gruñe mi lobo, Matt.
—Lo sé —respondo con un suspiro—, pero tenemos que estar aquí. Papá nos lo explicó.
Cierro el enlace mental y termino de ajustarme el traje. Es un elegante conjunto gris de corte entallado, con solapas en satén negro y una camisa blanca impecable debajo. La corbata es negra, contrastando sutilmente con el traje.
En mis manos sostengo la máscara que Kate debe colocarme. Es del mismo tono gris que el traje, con detalles circulares en relieve que reflejan la luz de manera sutil. Tiene un acabado mate con toques plateados en los bordes, resaltando su diseño sofisticado.
Papá entra en la habitación vestido con el traje que escogió en la tienda: un conjunto azul medianoche con solapas negras y camisa del mismo color. En su mano lleva una máscara azul oscuro con líneas plateadas que recorren los bordes y los pómulos en un patrón geométrico elegante.
—¿Ya estás listo? —pregunta al acercarse.
Asiento.
—Sí, solo falta que Kate me ponga esta cosa —le muestro la máscara.
Él ríe.
—Yo también —dice, levantando la suya.
Nos reímos juntos antes de salir a buscarla.
En la sala encontramos a Marcus. Lleva un traje rojo intenso con detalles en blanco, la tela parece de terciopelo bajo la luz, y su máscara es del mismo color, con líneas blancas que recorren su contorno y le dan un aire imponente.
De repente, Lucía entra corriendo a la sala con una risa traviesa, y detrás de ella viene Kate, con evidente frustración en el rostro.
Lucía lleva un vestido rojo carmesí, con un delicado cinturón de perlas plateadas en su cintura. La falda tiene una caída fluida y elegante, con una cola trasera que apenas roza el suelo, dándole un aire de realeza. En sus manos sostiene una máscara roja adornada con plumas en el entrecejo y pequeñas incrustaciones plateadas.
Kate, por otro lado, lleva un vestido rojo pasión, sin mangas y con un escote corazón. En su cintura luce un fajón que resalta su figura, y la falda larga de tela chiffon tiene una abertura lateral que deja entrever una minifalda debajo, permitiendo ver el tono de su piel a través de la tela traslúcida. Su máscara es un espectáculo en sí misma: de color rojo con detalles en dorado y destellos oscuros que cambian entre negro y azul según la luz. Su diseño parece imitar llamas en movimiento, dándole un aire feroz y majestuoso.
En su mano sostiene otra máscara roja, más pequeña y con plumas sutiles en el entrecejo. Es obvio que es la de Lucía.
—Lucía, déjate poner la máscara —dice Kate, logrando atraparla por la cintura después de correr tras ella por toda la habitación.
—Está bien —dice Lucía entre risas, finalmente dejándose acomodar la máscara en su rostro.
—Lista —anuncia Kate después de asegurarse de que la máscara está bien puesta.
—Amor, ¿me ayudas? —pide Marcus, acercándose a ella.
Kate asiente y le coloca la máscara con cuidado.
—A mí también, por favor —dice mi padre, elevando su máscara.
—Igual yo —añado, imitándolo.
Kate suelta una risa y asiente, ayudándonos a colocarlas con precisión.
Justo en ese momento, mamá entra en la sala.
Lleva un vestido negro elegante, de tela satinada que se ajusta perfectamente a su figura. A medida que la falda cae al suelo, los tonos oscuros comienzan a degradarse en matices de azul profundo, como si la tela fuera un océano nocturno. Al final de la cola, un sutil efecto de brillo hace que parezca agua en movimiento.
Su máscara dorada brilla bajo la luz, con un diseño de filigranas y pequeños detalles de diamantina cayendo sutilmente como si fueran gotas de luz.
—Estás hermosa, amor —dice mi papá al verla.
Ella sonríe y le agradece con dulzura.
—Ya estamos todos listos. Vamos de camino al castillo —anuncia Marcus.
Todos asentimos y nos dirigimos al auto.
Mientras nos acomodamos, un pensamiento me atraviesa la mente.
_¿Por qué me suena tanto ese nombre?"
Miro por la ventanilla mientras nos ponemos en marcha hacia el castillo de Loarre.
(...)
—Ya estoy lista —anuncia Margarita al entrar al salón donde me encuentro.
Lleva puesto un vestido blanco con destellos dorados, de corte princesa, sin mangas y con una falda amplia que cae con una suavidad etérea. La tela de seda tiene un ligero brillo, como si cada pliegue capturara la luz de la habitación. Lleva una máscara blanca adornada con plumas largas, dispuestas en forma de abanico, con pequeños cristales dorados incrustados en la parte superior. Su cabello está recogido en una serie de trenzas finas que se entrelazan elegantemente hasta la nuca, dejando espacio para que su tiara repose con delicadeza sobre su cabeza.
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Editado: 15.07.2026