El ambiente está cargado de una tensión palpable, casi tangible, como una niebla espesa que se arrastra sobre los cuerpos de los asistentes. Siento cómo el aire me golpea con cada palabra que pronuncian, pero mi mente está demasiado lejos para prestarles atención. Solo quiero escapar de esta pesadilla, de esta gala donde los vampiros dominan y los licántropos somos solo espectadores.
"Me quiero ir", me quejo internamente, mientras el actual rey sigue haciendo su presentación, pronunciando esas palabras vacías que parecen no tener peso alguno. La nueva reina, la figura que se alza sobre todos nosotros, la que todos observan con admiración, no es más que un espejismo para mis ojos. Mi otra mate. Esa es la sensación que tengo, esa es la verdad que se cuela en mis pensamientos. La siento cerca, como si su esencia estuviera ahí, latente, esperándome. El aroma es inconfundible, ese aroma que pertenece a mi segunda mate, ese aroma que llegó como una corriente de aire hace unos momentos y que ahora siento más cerca que nunca.
Su cabello largo y radiante, tan hermoso y delicado, como una cascada de plata, me atrapa por completo. Sus ojos, hipnotizantes, como si pudieran ver más allá de lo que soy, penetrando mi alma. Pero, no es ella. No es mi Paulina.
El rey habla, pero mi mente no lo procesa. La copa que tengo en la mano, la única cosa que puedo sentir entre mis dedos, se convierte en mi único refugio. Cada palabra de Oliver, cada sonido en el aire, me parece lejano, irrelevante.
—La nueva reina del clan vampírico —escucho, pero no me molesto en mirar. No quiero arriesgarme a que me vea, a que algo extraño ocurra si me atrevo a mirar sus ojos. Soy un licántropo y no sé qué consecuencias tendría, qué magia podrían tener esos ojos, esa mirada tan profunda, tan peligrosa. Suspiro pesadamente, como si mi pecho fuera a colapsar por el peso de la confusión y la incomodidad que siento.
Los aplausos y chiflidos resuenan en mis oídos, pero mi mente está demasiado ocupada con el caos que está ocurriendo dentro de mí. Esos cuerpos fríos, esas criaturas que nunca entenderé completamente, me estremecen. No puedo soportar la cercanía de ellos, sus frías presencias que parecen aplastarme. Solo quiero desaparecer de ese lugar, desaparecer de este mundo de sombras y disfraces, de promesas vacías y apariencias que ocultan realidades mucho más oscuras.
Pero entonces, la reina habla. Y es en ese momento cuando mi atención se ve irremediablemente atraída hacia ella.
—Ahora, el momento esperado —dice, su voz tan suave y al mismo tiempo tan cargada de nerviosismo, como si estuviera a punto de desvelar un secreto que nunca debería haber sido descubierto.
Mi cuerpo reacciona instantáneamente. Como un resorte, mi mirada se levanta hacia ella, como si mi ser entero hubiera estado esperando este momento.
"Mate, mate, mate", dice mi lobo, excitado, como si hubiera encontrado finalmente lo que buscaba. Se revuelco en mi mente mientras escucho esa palabra, resonando con fuerza en mi interior, repitiéndose una y otra vez.
"Mía, mía, mía", resuena como un mantra en mi cabeza, como un recordatorio de lo que está a punto de suceder.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho, un golpe tras otro, mientras mis ojos siguen fijados en ella, incapaz de desviar la vista. Es ella. Mi mate. Mi otra mate. Pero, ¿cómo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí? El caos de pensamientos y sentimientos me abruma, y, por un segundo, siento que estoy a punto de perder el control.
Me acerco más y más a la tarima, sintiendo la presión del momento. Kate y papá hacen lo mismo. Sus expresiones son igual de perdidas que la mía, pero no puedo dejar de pensar en lo que estoy sintiendo. La conexión es tan fuerte que duele. El aire que respiro se espesa, y mi lobo grita por acercarme, por reclamar lo que es nuestro.
Ella avanza, y de repente todo se vuelve aún más claro. La chica de cabello blanco se acerca a ella, su mano tocando suavemente la máscara que la cubre. La reina sigue hablando, pero yo ya no escucho nada. La velocidad con la que mi mente procesa lo que está sucediendo es abrumadora. Cada movimiento de ella, cada gesto, es como una flecha directa a mi corazón. Cuando la máscara cae, es como si el mundo dejara de girar por un segundo.
"Es su voz... su melodiosa voz... La que tanto anhelé estos dos años", pienso, sintiendo una mezcla de incredulidad y emoción que me consume por completo. Es como si todo el sufrimiento de esos dos años, esas noches de insomnio, de desesperación, finalmente se desvanecieran al escucharla de nuevo. La conexión, la que había perdido, regresa con fuerza, más intensa que nunca.
Su piel es blanca, casi translúcida, como si estuviera hecha de la misma luz que brilla en la oscuridad. Sus ojos... esos ojos azul eléctrico que me vuelven loco, ahora con un toque de rojo sangre que los hace aún más intensos, más desbordantes. Todo en ella, desde el cabello casi blanco hasta el escote en forma de corazón que deja ver su figura, me derrumba completamente.
Pero es en ese momento cuando veo el detalle que me mata. Ella se quita la capa, y entonces, con una serenidad que me destroza, mete las manos en su escote y saca algo. La cadena que le di esa noche, la misma cadena que había creído perdida, que había guardado en mi mente como una esperanza, ahora está en su cuello. La veo colocarla lentamente, con tanta naturalidad que me siento desbordado.
Mis ojos arden al contener las lágrimas. La imagen de Paulina, de la chica que nunca pude olvidar, se materializa frente a mí, y todo el dolor de esos dos años se desborda en mi pecho.
Me deshago rápidamente de la máscara, sin pensarlo siquiera. Mi cuerpo actúa por instinto, me mueve sin control, como si mi ser entero supiera lo que tengo que hacer. Mi mente grita su nombre, y sin importarme lo que esté pasando a mi alrededor, me lanzo hacia ella.
—¡Paulina! —grito, rompiendo el silencio que había invadido la sala, sacando del trance a Kate y papá, que no saben qué hacer. Pero yo ya no puedo esperar más. No puedo seguir viéndola desde lejos.
#872 en Fantasía
#3970 en Novela romántica
amor mates lobos vampiros, realeza olvido recuerdos reencuentro
Editado: 15.07.2026