Reina ( I I libro )

Capitulo 27 - Paulina

El abrazo de ese hombre, tan cálido y conocido, me desconcierta más de lo que debería. La voz quebrada, las lágrimas que inundan su rostro, todo en él grita una emoción tan profunda que me resulta difícil comprenderla. Mi mente da vueltas, incapaz de procesar la avalancha de sensaciones que me golpean.

"¿Qué está pasando? ¿Por qué ahora? ¿Por qué él?", me pregunto mientras sus brazos me rodean con una fuerza inesperada, como si no pudiera dejarme ir nunca más.

Siento cómo el peso de su abrazo me hunde en una sensación de protección, de refugio, pero al mismo tiempo, algo en mí se resiste, se aleja. Su calor debería darme paz, debería consolarme, pero solo me genera una punzada de incertidumbre. Estoy atrapada entre el deseo de sentirme segura y la necesidad de mantenerme distante, de no enfrentar todo lo que este reencuentro implica.

Mi cuerpo se tensa bajo su toque, pero no me aparto. La guerra interna que libran mi mente y mi alma es algo que nunca había experimentado hasta ahora.

"Soy una reina, una reina sin pasado, sin lazos... ¿Por qué me afecta tanto este hombre?", me repito, tratando de aferrarme a mi nueva identidad, a la coraza que me había creado para protegerme.

Pero su abrazo sigue siendo firme, su presencia tan inquebrantable como un faro en medio de la tormenta. Y en su abrazo, puedo sentir la verdad: él es parte de mí, algo profundo y fundamental que no puedo negar.

Y entonces, en lo más profundo de mi ser, escucho el susurro de mi alma. El clan, la familia... las raíces que siempre traté de arrancarme porque no recordaba de dónde eran.

Mi mente se ahoga en el caos. ¿Qué hago con todo esto? ¿Qué hago con el amor, con la traición, con la necesidad de huir de mi propio corazón? Toda mi vida había sido una huida, una constante evasión de lo que era realmente importante. Pero ahora, aquí, con él, me doy cuenta de que no puedo seguir corriendo.

El susurro de su respiración sobre mi cuello me hace estremecer, y cuando sus manos se aprietan más contra mí, algo dentro de mí se quiebra. No quiero, pero lo siento: mi cuerpo responde sin que yo pueda controlarlo. Es como si toda mi vida hubiera estado esperando este momento, este reencuentro.

"No puedo, no quiero ser débil, no quiero que me vean así", pienso, tratando de alejarme de la emoción que se avecina. Pero cada segundo que pasa, cada latido de mi corazón, me acerca más a la verdad que he tratado de ignorar: estoy hecha de recuerdos, de dolor y de amor no correspondido.

—Mi niña...— Esa palabra, esa voz, me corta el aliento. Y, por un momento, todo se vuelve blanco, y mi mente se desvanece, atrapada en una niebla espesa de confusión. Mi cuerpo reacciona solo por instinto, buscando una salida, pero no la encuentro.

Mi mundo se tambalea mientras el abrazo del hombre que me llamó hija me envuelve. Todo el rencor que había guardado por años, toda la rabia que había acumulado, se disuelve en su contacto. Las lágrimas que me había jurado no derramar caen sin control, y, por primera vez en mucho tiempo, no siento la necesidad de frenarlas.

"¿Cómo puedes ser tú, si siempre te odié?" Esa pregunta se clava en mi pecho con una intensidad brutal, como un recordatorio borroso de algo que no recuerdo perfectamente. Pero en lugar de rechazarlo, de apartarlo, me encuentro deseando que el abrazo dure más, que no me suelte, que me devuelva todo lo que he perdido.

Las palabras que quiero decir se atascan en mi garganta. Las explicaciones que creí que me saldrían de los labios se disuelven en el aire. ¿Por qué ahora? me pregunto, y la respuesta es simple: porque, al final, nadie escapa a su destino, por mucho que lo intente. Yo tampoco.

Mi mirada se pierde en el vacío, mientras la confusión toma el control.

"No estoy lista para enfrentar esto. No estoy lista para ser la persona que debo ser. No quiero." Pero las lágrimas no dejan de caer. Y en ese abrazo, una parte de mí sabe que, sin importar lo que diga o haga, nunca podré escapar de lo que soy, de quién soy.

Mi padre, el hombre que no pude aceptar por los fragmentos divididos de mi pasado, ahora está aquí, frente a mí. Y por primera vez en Dos años, me siento completamente perdida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.