Cuelgo la llamada con Oliver, y un suspiro escapa de mis labios mientras me paso la mano por el rostro. No solo el embarazo, sino todo lo que implica este poder estelar en mí, lo hace todo más complejo de lo que imaginaba. Cada día que pasa siento que la responsabilidad sobre mis hombros se vuelve más pesada, como si estuviera llevando el peso de un universo entero. Este poder estelar... no sé si estoy preparado para lo que viene, y lo peor es que no puedo dejar de pensar en las implicaciones que tiene. El embarazo solo complica más las cosas, me hace más vulnerable. Estoy en peligro, mi bebé está en peligro, y el futuro está cada vez más incierto. Pero lo que más me atormenta es la presencia de Paulina en todo esto. Es como si su sombra se hubiera posado sobre mi vida y, con ella, todo lo que más me preocupa. Todo lo que más me importa.
Me siento incapaz de escapar de esta tormenta que se avecina, como si estuviera atrapado en medio de un huracán, sin poder evitar lo que viene. No es solo ella... Es todo lo que está a punto de pasar, lo que está a punto de desatarse. Siento la presión en mi pecho, la incertidumbre de no saber qué encontraré en LOARRE, Rumanía. La situación es grave, más de lo que me gustaría admitir. Algo no está bien, y tengo que actuar rápido antes de que sea demasiado tarde. Cada segundo cuenta.
Decido que no puedo perder más tiempo, y la necesidad de actuar me empuja hacia la cocina. Tengo que avisarle a Tobías. Necesito su apoyo, su presencia. A lo largo de todo esto, él ha sido mi ancla, mi punto de equilibrio, y aunque me siento abrumado, sé que puedo contar con él. No me gusta la idea de involucrarlo en todo esto, pero no tengo otra opción.
— Amor — llamo mientras entro, intentando mantener una calma que, por dentro, está a punto de desbordarse.
Tobías está sentado frente a la mesa, la taza de café en las manos, absorto en sus pensamientos. Al escuchar mi voz, levanta la mirada, y sus ojos se centran en mí, como si pudiera leerme a través de la máscara que trato de mostrar. No lo logro, claro. Estoy seguro de que nota el peso en mis hombros, la tensión que intento esconder. Él siempre ha tenido esa habilidad de ver más allá de lo evidente, de entenderme incluso cuando yo mismo no lo hago.
— Dime — responde, con ese tono tranquilo pero curioso que siempre me hace sentir que puedo hablar sin reservas, como si todo lo que tuviera que decir valiera la pena.
— Voy a ir a ayudar a mi amiga — le digo, sin rodeos. No hay espacio para rodeos, para dudas. Es algo que debo hacer. Mi decisión ya está tomada. Paulina está en medio de una situación que ni ella misma comprende, y yo… yo no puedo quedarme de brazos cruzados. Ella es una parte de mí, y si hay algo que puedo hacer para protegerla, lo haré. No importa lo que cueste.
Tobías frunce el ceño inmediatamente, visiblemente sorprendido. Puedo ver en sus ojos la preocupación, la sorpresa, y también el miedo. Sé lo que está pensando: “¿Por qué tan rápido? ¿Por qué tan lejos?”. Las palabras que salen de su boca me lo confirman.
— ¿Ir? — pregunta, claramente confundido por la rapidez con la que he tomado la decisión. No le culpo. Yo mismo estoy sorprendido de lo rápido que actué. Pero es que, en este momento, cada minuto que pasa, siento que la situación se vuelve más crítica. El tiempo corre en nuestra contra, y tengo la sensación de que la amenaza está acechando más cerca de lo que imaginamos.
— ¿Sí? — le respondo, un tanto desconcertado por su reacción. No entiendo por qué está tan sorprendido. Es algo que ya le he mencionado antes, ¿no? Sé que no le ha agradado la idea de que me involucre en este caos, pero las circunstancias me han dejado pocas opciones. No puedo quedarme aquí esperando a que las cosas se solucionen por sí solas. Lo que sea que esté pasando en Rumania, necesito estar allí, necesito hacer algo.
— Iremos — dice él finalmente, aliviado de que no esté solo en esto. Puedo ver la tensión desaparecer de su rostro, como si la aceptación de que me acompañará fuera lo único que realmente podía calmarlo. En parte, me alivia, pero también siento una cierta culpabilidad. No quiero que él se vea arrastrado a este lío, pero no tengo a nadie más en quien confiar.
Él se acerca a mí, toma mi mano con suavidad, y por un momento, me siento más tranquilo, como si toda la tormenta que me consume fuera a ser un poco más manejable. Su cercanía es un bálsamo para mi alma.
— Llevas dos semanas de embarazo, y al ser hijo de una estrella, tu embarazo es de cuatro meses, incluso menos que el de un licántropo o un vampiro — explica con esa calma que siempre logra centrarme. Y, aunque me reconozco un poco más relajado por su apoyo, el nudo en mi estómago sigue ahí. — No te preocupes. Yo estaré allí. — Su voz es cálida y reconfortante, y el beso que me da en la mejilla me transmite una ternura que me calma un poco, aunque la incertidumbre sigue presionando sobre mi pecho.
Es extraño cómo una simple acción, una simple muestra de afecto, puede hacer que la pesadez del mundo parezca un poco más liviana. Mi corazón, aunque aún preocupado, se siente un poco más ligero por su apoyo. Sé que no estamos exentos de peligros, que este viaje a Rumania podría traer consigo más complicaciones de las que puedo imaginar, pero al menos no estaré solo en ello.
— Además, no te dejaré solo… No quiero separarme de ninguno de los dos — dice con una sonrisa que me llena de gratitud. Es difícil encontrar a alguien que realmente esté dispuesto a quedarse a tu lado, sin importar lo que venga. Y aunque a veces dudo de mi capacidad para manejar todo esto, él siempre me recuerda que no tengo que hacerlo solo. Lo que más me consuela es saber que, pase lo que pase, no estaré solo en esta travesía.
Sonrío, y asiento, sintiendo que su presencia me da un poco más de fuerza, una energía renovada para enfrentar lo que está por venir. Sé que el camino no será fácil, pero con él a mi lado, no me siento tan perdido.
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Editado: 15.07.2026