Reina ( I I libro )

Epílogo - Paulina (parte dos)

Ya era tarde. Fabricio y yo acompañábamos a Astrid a su transformación. Ella estaba aterrada, y al ver la incertidumbre en sus ojos, nos pidió que la acompañáramos. La luna llena brillaba en lo alto, y el aire fresco de la noche envolvía el bosque, pero el miedo de Astrid era palpable.

—Todo estará bien —la reconfortó Fabricio al sentirla tan nerviosa. Su tono calmado era lo único que la mantenía tranquila, aunque sabía que estaba pasando por algo muy difícil.

—No se alejen de mí —rogó ella, apretando nuestras manos con fuerza. Su voz temblaba, y podía sentir su ansiedad creciendo con cada paso que dábamos.

—No lo haremos —respondimos al unísono, él y yo, con una firmeza que trataba de darle seguridad.

Al llegar al centro del bosque, la luna alcanzó su punto más alto. Astrid se adelantó un poco y caminó sola hacia el centro del claro.

Sabía que necesitaba ese momento de soledad para permitir que su transformación sucediera. El silencio que rodeaba el lugar era profundo, y el sonido de nuestros pasos parecía ahogarse en la espesura del bosque. Astrid permaneció de pie, con la vista fija en la luna, como si pudiera encontrar consuelo en su brillo plateado. Sentí mi corazón latir con fuerza mientras observaba a mi hija, tan valiente y tan vulnerable al mismo tiempo.

La luna brilló con una intensidad inusitada, y fue en ese preciso momento cuando Astrid comenzó a gritar de dolor. El sonido desgarrador atravesó el aire, y mi instinto fue correr hacia ella. Quería abrazarla, calmarla, pero Fabricio me detuvo con un gesto firme.

—Estará bien... —me dijo, con una tranquilidad que yo no sentía en absoluto. Su voz era un ancla en medio de la tormenta, pero no podía evitar sentir el nudo en mi estómago. Sabía lo que venía, lo había vivido, pero verlo en mi hija era completamente diferente. No podía imaginar lo que ella debía estar sintiendo.

A pesar de sus palabras, los gritos de Astrid me llenaban de preocupación y dolor. No entendía cómo mi padre pudo soportar mis propios gritos la vez que me transformé. El proceso de transformación no era fácil. El cuerpo de Astrid comenzó a cambiar, su figura se alargó y su rostro se estiró hasta tomar una forma bestial. La vi transformarse en una enorme loba, una figura majestuosa y poderosa.

Ella era Alpha. Emmer, en cambio, era un vampiro, y nunca había mostrado signos de licántropo. Era raro, pero entendí que todos tenemos nuestro propio destino, nuestras propias historias que seguir.

Poco a poco, los gritos cesaron, y la figura de Astrid, ya convertida en loba, quedó en cuatro patas sobre el suelo. Era impresionante verla en su forma completa. Me transformé en Star, y Fabricio lo hizo en Matt. Nos acercamos a ella con cautela, pero la loba, movió su cola emocionada y saltó sobre sus patas, como un cachorro jugando.

Restregué mi cabeza con la suya, una señal de aceptación y cariño. Ella ronroneó de felicidad, como si comprendiera que todo estaba bien ahora.

—Soy Esme —dijo ella en mi cabeza, su voz era clara y firme, aunque aún sentía la emoción de la transformación.

—Star y Matt —nos presentamos, y la observé con una sonrisa. —¿Vamos a correr?

Esme movió su cola, claramente emocionada, como un cachorro que acaba de descubrir lo que es la libertad. Sin pensarlo, salí corriendo hacia el bosque, seguida de Matt y Esme. Nos pusimos a jugar durante un rato, corriendo entre los árboles y saltando sobre las rocas. Podía sentir la energía de Esme, su alegría por finalmente ser quien debía ser.

Después de unas horas corriendo de un lado a otro, llegamos al acantilado. El cielo comenzaba a aclararse, y la primera luz del amanecer se filtraba a través de las nubes.

Esme se sentó en la orilla, y yo la seguí, acompañada de Matt. Me senté junto a ella, y ella apoyó su cabeza sobre mí. Era un gesto lleno de confianza, de esa conexión especial que solo podemos tener con aquellos que amamos profundamente. Matt se puso al otro lado de ella, quedando ella en medio, como si fuera un momento sagrado, uno en el que nada pudiera perturbar nuestra paz.

El cielo comenzó a cambiar de color, y fue en ese preciso momento cuando recordé un dibujo que hice hace años. El recuerdo vino a mi mente como una ola suave, y no pude evitar sonreír al pensarlo.

"Después de hablar con Kate, subí a la azotea del instituto para dibujar algo que soñé... Lo tengo tan presente en mi mente que no sé...

El dibujo era de una loba que se parecía a la mía, un lobo que se parecía a Matt y una pequeña cachorra recién transformada, mirando hacia la luna desde un acantilado...

Pronto comienzan las clases. Me levanto y voy a mi salón. Antes de llegar, paso por el casillero a tomar los libros para la clase a la que voy. Alguien me rodea la cintura, y como por reflejo, lo aparto de un codazo y luego un derechazo. Él cae al suelo..."

Sonreí al recordar ese dibujo. Era una predicción, una de esas cosas que la vida nos da sin que podamos entenderlas en el momento. Ese dibujo, que había hecho tanto tiempo atrás, era una visión de este día.

Me sentí tan feliz, tan completa, que nada podría arruinar mi ánimo. La vida tenía un modo extraño de encajar las piezas, y ahora, con Esme y Matt a mi lado, me sentía más unida que nunca a la verdad de nuestra existencia, de lo que éramos y lo que estábamos destinados a ser.

Fin...

??




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.