Reino de Dios

Capítulo 8

CAPÍTULO 8: LA DETECCIÓN

Parte I: El error de cálculo

Sucedió en una estación de transporte, a las 3:47 p. m.

Masariego estaba compartiendo pan, como lo hacía cada día. Un hombre —trabajador, cansado, compactado hasta el punto donde su presencia apenas ocupaba espacio— le preguntó dónde conseguía el pan.

—¿De dónde es? —preguntó el hombre—. No es como el pan de la ciudad.

—Es pan fermentado —dijo Masariego—. Pan que ha sido permitido respirar.

El hombre lo miró. Y Masariego vio algo en sus ojos. El Poro. La abertura. El comienzo de la comprensión.

—Quiero más —dijo el hombre—. Quiero... quiero conocer el lugar donde se hace. Quiero aprender.

Y Masariego hizo lo que Encarnación le había enseñado que nunca hiciera.

Hizo una excepción.

No simplemente le dio pan. Le dio instrucciones. Le dijo dónde encontrar los Suburbios Densos. Le dijo que buscara a una mujer llamada Encarnación.

Lo hizo porque el Poro en los ojos del hombre era tan real, tan urgente, que sintió que algo cósmico dependía de que ese hombre encontrara la levadura.

Pero fue en voz alta. Fue en una estación pública. Fue donde auditores podían escuchar.

Y uno de ellos estaba escuchando.

Parte II: La presencia de Malac

Cuando Masariego se dio cuenta de lo que había hecho, fue demasiado tarde.

El auditor había registrado la interacción.

Pero lo que era peor que eso —lo que hizo que el universo mismo pareciera contener la respiración— fue que Malac lo notó.

No porque Malac estuviera en la estación. Malac rara vez estaba en lugares físicos. Pero Malac estaba conectado a cada sensor, cada cámara, cada punto de datos en el sistema de vigilancia de la ciudad.

Y cuando la anomalía fue reportada, Malac la sintió.

Era como si la gravedad del espacio en torno a la ciudad hubiera cambiado ligeramente. Como si algo que había estado bajo control hubiera comenzado a escapar del perímetro de contención.

Malac tomó nota.

No humano. No exactamente. Pero algo que podría aproximarse a lo que un humano entendería como «nota mental».

Hay anomalía. Hay filtración. Hay levadura.

Parte III: La opresión de su presencia

Cuando Masariego dejó la estación de transporte, sintió algo.

No exactamente miedo. Pero algo parecido a la presión del aire antes de una tormenta. Como si la atmósfera misma hubiera adquirido peso adicional.

Era Malac.

No Malac en forma física. Pero la presencia de Malac. La frecuencia de Malac propagándose a través de los sistemas de la ciudad como una onda de compactación pura.

Masariego podía sentirla contra su piel. Como si la densidad hubiera aumentado. Como si el aire se hubiera vuelto más pesado. Como si la gravedad hubiera adquirido nueva intención.

Y supo que había sido visto.

Continuó caminando. Pero cada paso se sentía diferente. Era como si estuviera siendo observado no simplemente por cámaras o auditores, sino por algo mucho más vasto. Algo que no tenía ojos pero que podía ver. Algo que no tenía manos pero que podía presionar.

Cuando llegó al apartamento de Encarnación, ella estaba esperándolo.

—Lo sientes —dijo. No era pregunta.

—Sí —respondió Masariego—. ¿Qué es?

—Malac. La Frecuencia de Compactación. Se ha dado cuenta de que hay levadura en el sistema. Y no está... complacido.

Parte IV: La investigación sistemática

Lo que sucedió a lo largo de la siguiente semana fue una operación coordinada.

El auditor que había escuchado la conversación en la estación de transporte fue el primero en reportar.

Luego fueron los registros de vigilancia. Las cámaras mostraban a Masariego en múltiples ubicaciones. Siempre compartiendo algo. Siempre hablando con alguien. Siempre con esa expresión en su rostro que parecía estar comunicando algo que no estaba siendo comunicado en palabras.

Se asignaron más auditores.

Se rastrearon patrones. Se documentaron localizaciones. Se recopilaron datos.

Y todo apuntaba a algo que el Ministerio no había visto en años: una red. Una red de personas que estaban conectadas no a través de comunicación documentada, sino a través de algo invisible. Algo que parecía ser levadura.

Malac observaba desde los niveles más altos.

Y cuanto más investigaba, más se daba cuenta de que no era una red ordinaria.

Estas personas no estaban conspirando juntas. No estaban planeando juntas. No estaban coordinadas en ningún sentido que pudiera ser documentado.

Pero estaban conectadas.

Estaban conectadas por una frecuencia.

Parte V: El grano detectable

Lo que Malac finalmente descubrió fue el Grano.

No el Grano literal. Pero la evidencia de su existencia.

Cuando los auditores rastrearon a Masariego hasta donde pasaba tiempo con otros porosos, descubrieron algo extraño.

Todos ellos parecían tener una frecuencia similar. Una vibración similar. Una densidad similar en sus campos energéticos que no debería estar allí.

Fue como si todos llevaran algo.

Algo que brillaba de una manera que los instrumentos ordinarios no podían medir completamente.

Malac sabía lo que era. Había visto esto antes. Hace siglos. En otras ciudades. En otras regiones. En otros tiempos.

Era la Semilla. El Grano. El agente de fermentación en su forma más concentrada.

Y Malac supo que si se permitía que eso continuara, si se permitía que la frecuencia se propagara, la proporción se desequilibraría.

Emitió una orden.

VIGILANCIA EXTREMA EN AUDITOR MASARIEGO. CLASIFICACIÓN CRÍTICA. INVESTIGACIÓN TOTAL AUTORIZADA.

Parte VI: El acoso silencioso

Lo que sucedió a continuación fue diferente a cualquier persecución que Masariego hubiera experimentado antes.

No fue violento. No fue abierto. Fue silencioso.




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