Reino de Dios

Capítulo 12

CAPÍTULO 12: EL HORNO DE LA IDENTIDAD

Parte I: La Orden de Compactación Total

Fue a las 4:33 AM cuando vinieron por Encarnación.

No fueron guardias ordinarios. Fueron especiales. Los que Malac enviaba cuando quería que algo fuera completamente eliminado.

Masariego se enteró más tarde. Se enteró de que habían rodeado el apartamento. Se enteró de que no hubo resistencia. Se enteró de que Encarnación fue simplemente... levantada.

Y fue llevada.

No a una prisión ordinaria. A algo mucho más profundo.

A los Sótanos del Ministerio. A un lugar que parecía existir en los márgenes de la realidad misma.

Al Horno de la Identidad.

Parte II: El Lugar de la Recompactación

El Horno de la Identidad no era un lugar donde se torturaba el cuerpo.

Era un lugar donde se intentaba destruir el alma.

Encarnación fue colocada en una celda. Pero no era una celda ordinaria. Era una cámara. Una cámara que parecía diseñada específicamente para aplicar presión psicológica.

Las paredes vibraban con el ruido del Ministerio. El ruido de la compactación amplificado. El ruido del miedo destilado en forma audible.

Había luz. Pero no luz ordinaria. Era luz que pulsaba de una manera que hacía que la mente se sintiera inestable.

Había preguntas. Preguntas de investigadores que no eran violentos, pero que eran implacables.

"¿Quién eres realmente?" preguntaban.

"¿Qué es la levadura?"

"¿Dónde está el Grano?"

"¿Cuántas personas has corrompido?"

"¿Cuál es el propósito del pan?"

Cada pregunta era un intento de hacer que Encarnación renunciara a algo. Que renunciara a su definición de sí misma. Que aceptara la redefinición que el Ministerio le ofrecía.

"Eres una criminal. Admítelo."

"Eres mentalmente enferma. Reconócelo."

"Eres una amenaza para la sociedad. Confiésalo."

Cada intento era un horno. Cada presión era calor.

Parte III: La Crisis de Masariego

Cuando Masariego se enteró, fue a los Sótanos.

Fue directamente a María.

"Necesito rescatarla," dijo. "Necesito hacer algo. Necesito..."

Se detuvo.

Porque sabía que cualquier cosa que hiciera de manera ordinaria—cualquier violencia, cualquier acción física—sería exactamente lo que Malac querría. Sería reproducción de la lógica del martillo. Sería lucha. Y el Reino no luchaba.

"¿Qué hago?" preguntó Masariego, con desesperación.

María lo miró con una compasión que parecía antigua.

"Nada," dijo.

"¿Nada? ¿Cómo puedo hacer nada cuando ella está siendo torturada?"

"¿Sabes lo que significa ser torturado?" preguntó María. "Significa ser presionado. Ser comprimido. Ser puesto en un horno. Significa exactamente lo que significa ser levadura siendo horneada."

Parte IV: La Teología de la Pasión

Los primitivos se reunieron alrededor de Masariego.

Sofía fue la primera en hablar.

"El grano de trigo debe caer en la tierra y morir para llevar mucho fruto," citó. "Esto es teología de la vida. No es metáfora. Es realidad. La vida verdadera requiere muerte. La libertad verdadera requiere que el yo compactado sea destruido."

David, el poeta, continuó.

"Encarnación no está siendo destruida. Está siendo refinada. Como el oro en el fuego. Como el trigo siendo molido para convertirse en harina. Como la masa siendo presionada para convertirse en pan. Esta es la culminación de su ministerio, no su fracaso."

Elena, la enfermera, tocó el brazo de Masariego.

"He visto esto antes," dijo. "He visto a personas siendo llevadas al Horno. He visto cómo el Ministerio intenta quebrantarlas. Y he visto que aquellas que están verdaderamente tocadas por la Levadura—aquellas cuya porosidad es real—no se quiebran. Se transparentan."

Marcos, el soldado, fue el más directo.

"Si intentas rescatarla con violencia, fracasarás. Y habrás reproducido la lógica de Malac. Pero si entiendes que ella está exactamente donde necesita estar—experimentando exactamente lo que necesita experimentar—entonces puedes hacer algo mucho más poderoso."

"¿Qué cosa?" preguntó Masariego.

"Puedes mantener abierto el espacio donde ella será liberada," dijo Marcos. "Tu trabajo no es salvarla. Es crear un vacío de libertad que ella pueda llenar cuando emerja."

Parte V: Encarnación en el Horno

Mientras Masariego estaba en los Sótanos aprendiendo a aceptar, Encarnación estaba siendo presionada.

Día uno en el Horno: Los investigadores preguntaban, presionaban, intentaban hacerla confesar que todo lo que había enseñado era mentira.

Encarnación no se defendía. Simplemente respiraba. Simplemente permanecía abierta.

"¿No sientes miedo?" preguntaban.

"Siento la presión," respondía. "Pero la presión es solo calor. Y el calor es lo que transforma."

Día tres: La presión se intensificaba. Comenzaban a mostrarle testimonios de personas que habían sido capturadas. Personas que habían comido el pan. Personas que habían sido iniciadas en la Levadura.

"Mira lo que has hecho," decían. "Mira cómo tus mentiras han destruido vidas."

Encarnación observaba los rostros. Y lo que veía no era destrucción. Veía libertad. Incluso en la prisión, incluso bajo presión, los rostros de aquellos que habían probado el pan mostraban porosidad.

Día siete: Comenzaron a usar métodos más sutiles. Comenzaron a intentar hacerla negar su propia naturaleza.

"¿Eres humana?" preguntaban.

"¿O eres algún tipo de agente externo?"

"¿Cómo es posible que no rompas bajo presión?"

Y Encarnación comprendía lo que estaban realmente haciendo. No estaban intentando obtener información. Estaban intentando hacerla dudar de sí misma. Estaban intentando hacer que negara su propia realidad.

Pero ella no lo hacía.

Simplemente se volvía más transparente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.