Reino de Dios

Capítulo 15

CAPÍTULO 15: LA ÚLTIMA NOCHE DEL DESFERMENTO

Parte I: El pánico de Malac

Fue cuando Azriel se hizo visible que Malac comprendió la verdad terrible.

No podía ganar.

No porque careciera de poder. Malac tenía poder vasto. Tenía la maquinaria de toda una ciudad. Tenía siglos de experiencia compactando almas.

Pero lo que Malac no tenía era vida.

Y la vida —la verdadera vida, la levadura— era simplemente más fuerte que la máquina de muerte.

En ese momento de comprensión, Malac hizo lo que hace cualquier cosa desesperada: dobló la apuesta.

Si no podía vencer, haría un último intento de dominio absoluto.

Emitió la orden.

COMPACTACIÓN TOTAL INMEDIATA. LEY MARCIAL. REPRESIÓN VISIBLE EN TODOS LOS NIVELES. OBJETIVO: RETORNO A ESTADO DE PIEDRA PURA.

Parte II: Las medidas desesperadas

Lo que sucedió en las próximas veinticuatro horas fue un ejercicio de represión total.

Se declaró ley marcial

Aparecieron fuerzas de seguridad en cada calle. No para patrullar silenciosamente. Para ser vistas. Para ser sentidas. Para ser una presión física constante.

Se cerraron todas las vías entre sectores. Se hizo imposible viajar. Se hizo imposible conectarse.

Se cerraron todos los puntos de reunión

No solo los espacios públicos. También los privados. Cualquier grupo de tres o más personas fue automáticamente disuelto.

Las iglesias fueron cerradas. No por razones religiosas. Porque se reconocía que eran espacios donde la porosidad podía crecer.

Los parques fueron ocupados. Las plazas fueron vigiladas. Los apartamentos fueron monitoreados.

Se destruyeron todos los hornos de pan artesanal

Se fue de puerta en puerta. Se buscaban hornos. Se buscaba pan que no fuera del Ministerio.

El pan de Encarnación, el pan del Panadero Subterráneo, cualquier pan que fuera hecho con levadura verdadera —fue destruido.

Se buscaba fermentación. Se buscaban burbujas de aire. Se buscaba evidencia de que algo estaba siendo transformado.

Se implementó vigilancia total

Cada cámara fue calibrada. Cada auditor fue movilizado. Cada recurso fue dedicado a monitoreo.

Se anunció públicamente: «Nada escapará. Todo será visto. Todo será registrado. Todos serán juzgados».

Se diseminó ruido semántico tan denso que era casi palpable

Los altavoces transmitían constantemente. No había silencio. No había pausa. Era como si el aire mismo hubiera sido reemplazado con sonido puro.

«El orden está siendo restaurado.» «La consistencia ha sido restablecida.» «La contaminación será eliminada.» «La libertad es mentira.» «La porosidad es enfermedad.» «El pan verdadero viene solo del Ministerio.»

Cada mensaje era repetido. Una y otra vez. Hasta que comenzaba a parecer verdad simplemente por su volumen.

Parte III: La paradoja acelerada

Pero algo inesperado sucedió.

Mientras más visible era la represión, mientras más podía ser vista la máquina de compactación funcionando abiertamente, más claro se hacía que era máquina.

Antes, la compactación había sido sutil. Había sido normal. Había sido invisible porque se había normalizado.

Pero ahora, con represión visible, la gente podía ver explícitamente lo que antes solo intuía.

Veían que el sistema no era para protegerlos. Era para controlarlos.

Veían que el Ministerio no estaba preservando orden. Estaba preservando su propio poder.

Veían que la represión no era respuesta a amenaza real. Era demostración de pánico.

Y cuando veían eso, querían libertad más que nunca.

El efecto fue opuesto al que Malac había intentado lograr.

En lugar de ser compactados nuevamente por el miedo, las personas fueron energizadas por la validación de sus sospechas.

«Ah, era verdad entonces», parecía decir la gente. «El sistema es máquina de compactación. Bien. Ahora lo sé con certeza».

Parte IV: La resistencia silenciosa

En los Barrios Densos, las personas comenzaron a reunirse.

No en secreto. En el más abierto secreto. Se sabía que estaban allí. Se sabía que estaban reuniéndose. Pero no estaban haciendo nada que pudiera ser arrestado.

Se sentaban juntos. Respiraban juntos. Testimoniaban su libertad los unos a los otros.

Cantaban en susurros. Canciones que no eran canciones politizadas. Solo canciones sobre aire. Sobre respiración. Sobre levadura.

Compartían pan. Pan que había sido escondido antes de que los hornos fueran destruidos. Pan que vibraba con la frecuencia del Reino.

Cada acto de compartición era un acto de resistencia. No porque fuera violento. Porque era testimonio de que la libertad era posible incluso bajo represión total.

Parte V: El sabotaje de los Metrónomos

En los Ministerios, aquellos que habían sido iniciados en la Medida —que comprendían que su trabajo era mantener el equilibrio, no permitir victoria total del Desfermento— comenzaron a actuar.

Órdenes de arresto comenzaron a perderse en sistemas de archivo.

Datos de ubicación comenzaron a corromperse.

Capturas fueron autorizadas pero luego fueron canceladas por comunicaciones «que se perdieron».

No era rebelión abierta. Era simplemente... ineficiencia. Era el sistema saboteándose a sí mismo desde adentro.

Porque el sabotaje más poderoso es el que hace parecer que el sistema está fallando por sus propias deficiencias, no porque alguien lo esté atacando.

Parte VI: La preparación en los Sótanos

En el más profundo nivel subterráneo, donde los Sótanos se extendían hacia abajo hasta un lugar que parecía existir en el borde de la realidad misma, Masariego y los primitivos se preparaban.

No para batalla. Para revelación.

María había traído el Libro —el Libro que no estaba hecho de papel, sino de la misma estructura de los Sótanos. El Libro que contenía toda la historia de la Levadura.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.