Relatos cortos de una mente onírica

El vestido y las dos almas.

— Te ves..

— Horrible, lo sé.- dije mirándome al espejo

— No, al contrario. Te ves hermosa. - Al escuchar esa palabra dejé de mirar la forma en que me quedaría el vestido, y mis ojos pasaron a los suyos. Me veía de forma distinta. No me veía a mi yo físico, veía a través de mis ojos. Alcanzó, a través de esa mirada radiante, a mi alma encarcelada. Vi como sus ojos brillaban, cómo cuando alguien mira asombrado algo que le fascina. Y me di cuenta, de que también me correspondía.

Nos miramos unos minutos, en un silencio que para muchos sería incómodo o innecesario, pero para nosotros era un momento en que nos mostrábamos afecto con tan solo una mirada. Por que a veces, una mirada dice más mil que las palabras.

Luego de aquel instante mágico, Liam se dirigió a la entrada de mi habitación.

— Bueno, te espero abajo con los demás. Si tienes algún problema no dudes en avisarme a mí o a alguna de las sirvientas. - Me dice de forma serena. Cuando ya esta a punto de desaparecer por la oscuridad que se cierne en el pasillo, noto una leve sonrisa en la comisura de sus labios. Y entonces, quedo yo sola en mi habitación. Sigo sin estar decidida de llevar este vestido tan bonito, pero me armo de valor, porque después de la manera en que me miraba Liam, no podía dejar de sentirme tan feliz y emocionada, de poder ir a un baile con mis amigos y él.

De repente, en el transcurso de mi pésima organización para prepararme, tocan la puerta.

— Señorita, somos del servicio. - A continuación, entran unas cuantas sirvientas de la casa, con lo que parecen ser bastantes prendas de ropa, una de ellas un vestido plateado.

— Disculpar, pero ¿y eso? - señalo el vestido, y les enseño el que tengo- Yo ya tengo el mío..

— Discúlpenos señorita, le traemos este vestido, como petición del señor Liam.

— ¿Qué?- Me quedo un poco sorprendida. Se me hace raro y siento que tal vez Liam, se avergonzó del vestido que escogí, pero esa idea invasiva que pasó por mi cabeza durante unos segundos, se esfumó al instante, en cuanto pude ver con claridad el vestido plateado que todas las sirvientas estaban colocando sobre mí. — Es precioso.



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En el texto hay: romance

Editado: 13.03.2026

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