Relatos de la misma cofradía

IV

Después  de comulgar caminó hacia la imagen de la Virgen  y allí  cayó de rodillas. Un llanto repentino le impedía completar las oraciones, su hija lo notó y fue pronto a consolarla. Se paró detrás de ella puso sus manitas sobre sus hombros mientras le daba besitos en la cabeza. La comunión, el llanto y el cariño de su hija le devolvieron la paz. Cuando abrió los ojos la ayudaron a incorporarse mientras agradecía a su hija los besos que la hicieron sentir mejor. No mami, dijo la niña, yo nunca te toqué.




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