El informe apareció en el sistema a las 02:12 de la madrugada.
No fue cargado por ningún usuario, no tenía historial de edición y no estaba vinculado a ninguna IP conocida. Simplemente existía. Cuando la subinspectora Camila Fuentes lo abrió, el archivo ya estaba completo, perfectamente redactado, con su nombre en la portada y su firma digital al final.
Eso fue lo primero que la hizo cerrar el documento de golpe.
Lo segundo fue darse cuenta de que el archivo volvió a abrirse solo.
Camila llevaba años trabajando en Asuntos Internos. Había leído confesiones falsas, informes manipulados, versiones contradictorias de una misma verdad, pero nunca había visto algo así. El título del documento le heló la sangre
“INFORME FINAL — CASO 12”
El número la persiguió como un mal presagio. Últimamente aparecía en todas partes, en estaciones de tren, en declaraciones confusas, en sueños colectivos, en grabaciones sin origen. Respiró hondo y volvió a mirar la pantalla.
El informe no describía un caso cualquiera.
Describía su día, con exactitud.
Cada movimiento que había hecho desde que se levantó esa mañana estaba registrado. La hora en que se duchó, el café que se le derramó en la cocina, la conversación incómoda con su jefe, incluso el pensamiento fugaz de renunciar que había tenido al mediodía.
Camila sintió que el estómago se le cerraba.
—Esto no es posible… —murmuró.
El cursor comenzó a moverse solo.
Una nueva línea apareció, letra por letra
“02:14 am — Camila Fuentes duda si cerrar el archivo. Siente miedo, pero también curiosidad.”
Ella retrocedió en la silla, como si el monitor pudiera morderla.
—¿Quién está haciendo esto? —preguntó en voz alta.
El sistema respondió con otra línea:
“02:15 am — Camila hace la pregunta equivocada.”
El aire en la oficina se volvió denso. Las luces fluorescentes parpadearon una sola vez, lo suficiente para que Camila notara algo que no estaba antes, su reflejo en la pantalla no imitó su movimiento de inmediato, tardó una fracción de segundo.
Ese desfase mínimo fue suficiente.
Cerró el archivo de golpe y apagó el computador. El silencio volvió, pesado, casi opresivo. Se quedó quieta varios segundos, escuchando su propia respiración, intentando convencerse de que había sido una broma cruel o un error del sistema.
Encendió el computador otra vez. El informe seguía ahí, y ahora tenía una página más.
(…)
Camila intentó rastrear el origen del archivo. Ningún servidor lo alojaba. Ningún respaldo lo incluía. Era como si el documento se escribiera desde dentro del propio sistema, usando información que no debería existir.
A las 03:00 am, el informe comenzó a adelantarse.
Ya no describía lo que hacía, describía lo que haría.
“03:07 am — Camila se levantará para revisar la cámara del pasillo.”
El reloj marcaba 03:06 am.
Un segundo después, sin saber por qué, Camila se levantó. Se quedó paralizada a mitad del pasillo.
No había decidido hacerlo. Simplemente… ocurrió.
El informe siguió escribiéndose.
“03:08 am — Camila entiende que el documento no predice, dirige.”
Camila sintió una náusea intensa. Regresó a su escritorio con pasos torpes, como si su cuerpo ya no le perteneciera del todo.
—Esto es una manipulación cognitiva —susurró—. Algún tipo de condicionamiento…
La pantalla parpadeó.
“Negativo.”
Una sola palabra.
Fría.
Definitiva.
Entonces el informe cambió de tono.
Dejó de describir acciones, comenzó a narrar recuerdos.
Detalles que Camila jamás había contado a nadie. La cicatriz pequeña detrás de su oreja, el nombre del perro que tuvo de niña, el miedo persistente a quedarse dormida en lugares públicos. Y luego, algo peor.
Un recuerdo que no tenía…
“08 de junio, 23:40 pm — Andén 12.”
Camila frunció el ceño. No recordaba haber estado allí, pero el informe lo describía con lujo de detalle. El olor metálico del tren, el eco de los pasos, la sensación de estar siendo observada desde el vagón.
—Yo no estuve ahí —dijo, con la voz temblorosa.
El cursor respondió:
“No como original.”
El corazón le golpeó el pecho con violencia.
—¿Qué significa eso?
La respuesta tardó unos segundos, como si el sistema estuviera calculando cuánto debía revelarle.
“Existen versiones. Algunas funcionales, otras no.”
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Editado: 10.02.2026