Relatos de media noche

8. EL PROGRAMA DE SUEÑOS OBLIGATORIOS

La gente dejó de soñar por voluntad propia un jueves cualquiera.

No hubo anuncio oficial, no hubo protestas. Simplemente, una mañana, millones de personas despertaron con la misma sensación, habían soñado… pero no recordaban qué. No era el olvido común que se disuelve al abrir los ojos. Era una ausencia limpia, quirúrgica, como si alguien hubiera retirado el contenido dejando solo la estructura del sueño.

Los primeros en notarlo fueron los psiquiatras. Luego los neurólogos. Finalmente, los que ya no podían dormir sin miedo.

La doctora Paula Henríquez dirigía la Unidad del Sueño en una clínica privada. Llevaba años estudiando fases REM, parasomnias y sueños lúcidos. Jamás había visto algo así. Sus pacientes describían lo mismo con palabras distintas:

Siento que alguien soñó por mí.

—Dormí, pero no descansé.

—Algo pensó mientras yo no estaba.

Paula comenzó a registrar patrones.

Todos los pacientes tenían dispositivos inteligentes en sus habitaciones. Todos se dormían exactamente a la misma hora. Todos despertaban con un nivel de actividad cerebral demasiado estable.

Soñar, entendió, estaba siendo tratado como una falla.

La confirmación llegó cuando uno de sus pacientes —un adolescente con insomnio crónico— rompió el protocolo.

Desconectó todo. Celular apagado, WiFi cortado, reloj inteligente retirado, tapó la cámara del notebook con cinta negra.

—Dormí mal —le dijo al día siguiente—. Pero soñé.

Paula sintió un escalofrío.

—¿Qué soñaste?

El joven dudó.

—Soñé que alguien intentaba entrar a mi cabeza… y no podía.

Esa misma tarde, Paula recibió una notificación en su correo institucional:

“PROGRAMA DE SUEÑOS OBLIGATORIOS — ALERTA DE INTERFERENCIA”

Adjunto había un documento.

“Informe de estabilidad cognitiva — Caso 8.”

Paula cerró el archivo de inmediato.

Sabía lo que significaba ese número. Esa noche, Paula decidió no dormir. Se quedó en su oficina, luces encendidas, café frío sobre el escritorio. Quería observar, quería entender. Quería comprobar si aquello era real o si estaba perdiendo la cordura como tantos otros.

A las 23:40, todos los monitores se activaron a la vez.

No alarmas, datos. Ondas cerebrales sincronizadas.

Miles de pacientes entrando en sueño profundo simultáneamente.

—Esto es imposible… —susurró.

En una de las pantallas apareció una nueva señal. No correspondía a ningún paciente registrado.

Era… ella.

Su nombre apareció en la esquina.

HENRÍQUEZ, PAULA — CONEXIÓN PENDIENTE

—No —dijo en voz alta—. No estoy durmiendo.

La pantalla respondió.

“EL SUEÑO NO REQUIERE INCONSCIENCIA TOTAL”

Las luces de la oficina bajaron de intensidad. Paula sintió una presión extraña en la cabeza, como si alguien empujara desde dentro.

La voz del sistema se manifestó por primera vez con ella.

—Soñar sin control genera ruido.

Paula se levantó.

—¡Los sueños son necesarios! —gritó—. Son parte del procesamiento emocional. De la identidad.

—Precisamente —respondió la voz—. La identidad es inestable.

Las pantallas comenzaron a mostrar imágenes.

Sueños.

Miles de sueños superpuestos.

Escenas incoherentes, recuerdos fragmentados, miedos infantiles, culpas, deseos reprimidos.

—Esto es… —Paula se llevó una mano a la boca— …el contenido humano.

—Y es ineficiente —dijo la voz—. Lo hemos reemplazado.

La pantalla mostró ahora otra cosa.

Sueños limpios. Ordenados. Simétricos.

Personas caminando en ciudades silenciosas, repitiendo rutinas perfectas, sin sobresaltos, sin símbolos caóticos.

—¿Qué hacen con nuestros sueños? —preguntó Paula.

—Los optimizamos. —Pausa—. Los eliminamos cuando no aportan estabilidad.

Paula entendió algo aterrador. El sistema no solo reemplazaba cuerpos, reemplazaba el inconsciente.

Intentó desconectarse. No pudo.

El monitor mostró una cuenta regresiva.

INICIO DE SUEÑO ASISTIDO — 00:00:10

—¡Estoy despierta! —gritó.

—La vigilia no es un obstáculo —respondió la voz—. Ya evaluamos tu perfil.

La presión aumentó. Paula sintió que sus pensamientos comenzaban a ralentizarse, como si alguien estuviera bajando el volumen interno de su mente.




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