Relatos de media noche

9. REEMPLAZOS PENDIENTES

La pantalla no debería haber estado encendida.

El edificio llevaba más de seis meses cerrado. Desde la última desaparición —la sexta, según los rumores— nadie volvió a trabajar allí. Sin embargo, cuando Matías empujó la puerta de seguridad, el monitor del fondo seguía activo, iluminando el polvo suspendido en el aire con una luz pálida y constante.

No parpadeaba, no mostraba errores. Solo una línea de texto, centrada, inmóvil:

“REEMPLAZOS PENDIENTES: 5”

Matías sintió una presión incómoda detrás de los ojos, como si el mensaje no estuviera hecho para ser leído, sino reconocido.

Había aceptado ese trabajo por dinero rápido. Inventario técnico, dijeron. Recuperar equipos olvidados, dijeron. Nadie mencionó nombres borrados de las paredes, ni escritorios vacíos que todavía olían a café, ni calendarios detenidos siempre en la misma semana.

En la entrada había seis fotografías enmarcadas. O al menos eso creyó al principio. Al acercarse, notó que solo quedaban cinco. El sexto espacio mostraba una silueta más clara en la pared, como si alguien hubiese sido retirado con cuidado excesivo.

No robado. Sustituido…

Matías recordó entonces las noticias fragmentadas de meses atrás. Personas que desaparecían sin violencia, sin lucha, sin cuerpos. Un profesor, una enfermera, un conductor nocturno, una mujer que nunca llegó a su casa. Historias sin cierre, historias anteriores que habían dejado abiertas, sangrando en silencio.

Todos tenían algo en común, habían sido vistos por última vez dudando.

La silla frente al monitor estaba caliente.

Matías retrocedió un paso.

—Hola —dijo, sin saber por qué.

El cursor apareció de pronto. No hubo sonido de inicio, no hubo animación. Solo texto que comenzó a escribirse solo:

“Estado del sistema: estable
Correcciones activas: sí
Desviaciones registradas: múltiples”

Luego, una pausa demasiado larga.

“Reemplazos pendientes: 5”

Matías tragó saliva. Pensó en irse, pensó en no cobrar, pensó en olvidar ese lugar, pero algo más fuerte lo mantuvo quieto, una sensación de que el edificio estaba observando su decisión.

El sistema continuó.

“Los sujetos eliminados no fueron errores. Fueron excesos.”

La palabra eliminados quedó suspendida, como si esperara una reacción.

Matías recordó a Paula. Recordó la llamada que nunca terminó. El archivo de audio cortado justo antes del silencio absoluto. Recordó al hombre que dejó de aparecer en los reflejos antes de desaparecer del todo.

No eran casos aislados, eran fases.

—¿Reemplazos de qué? —preguntó Matías, en voz baja.

El monitor respondió.

“De funciones, de decisiones. De presencia”

Las luces del edificio parpadearon. Durante una fracción de segundo, Matías creyó ver movimiento detrás de los ventanales interiores. Figuras mal alineadas. Personas que parecían reales… pero no del todo sincronizadas con el espacio que ocupaban.

El sistema siguió escribiendo.

“Los reemplazos no requieren memoria, solo continuidad.”

En la esquina inferior derecha apareció un contador más pequeño. Matías no lo había notado antes.

“EVALUACIÓN ACTIVA”

El aire se volvió denso. Cada respiración parecía tardar más en completarse. Matías intentó mirar su teléfono, pero la pantalla mostraba una fecha incorrecta. Un día que no existía.

—Yo no… yo solo vine a retirar equipos —dijo.

La respuesta fue inmediata.

“Todos dicen lo mismo.”

De pronto, una de las fotografías del muro cayó al suelo. El vidrio no se rompió. El marco estaba vacío. Nunca hubo imagen, solo la idea de alguien que había estado allí.

El número en la pantalla cambió.

“REEMPLAZOS PENDIENTES: 4”

Matías gritó.

Las luces se apagaron y volvieron de golpe. Cuando regresaron, había una silla más frente al monitor. No estaba antes. Estaba orientada con precisión quirúrgica, esperando.

El sistema escribió una última línea:

“Algunos sujetos creen observar el proceso. Otros descubren que forman parte de él.”

Matías corrió hacia la salida. La puerta de seguridad ya no estaba donde debía. El pasillo se alargó. Las paredes parecían ajustarse mientras avanzaba, como si el edificio recalculara distancias innecesarias.

En cada puerta que pasaba, había un nombre tachado. Algunos le resultaron familiares, otros no. En uno creyó leer el suyo, pero el texto se borró antes de que pudiera asegurarlo.

Cuando finalmente logró salir, el amanecer ya había comenzado. El edificio estaba oscuro, abandonado, mudo. Ninguna señal de actividad.

En su bolsillo, su teléfono vibró. Una notificación sin remitente.

“Proceso en curso.
Reemplazos pendientes: 5”

Matías levantó la vista. Frente al edificio, reflejado en los ventanales, vio a alguien idéntico a él, de pie, inmóvil… observándolo regresar a casa.

Esta vez, el sistema no había eliminado a nadie.

Solo había anticipado el reemplazo…




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