Relatos de un secuestro

Prólogo

Bienvenidos a esta historia.

Si lo suyo es el romance este no es el lugar. No voy a romantizar un problema social, será cruda, dolerá, se sentirá extraño. Por eso esta historia está clasificada para mayores de edad.

Si no les sienta bien saber de este tipo de problema como lo es un secuestro y el sindrome de Estocolmo los invito a pasarse por otra de mis historias.

aclaro que esta historia es solo ficción.

Sin más que añadir, espero la disfruten y me comenten sus puntos de vista.

Los quiero xoxo

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Tres años atrás.

Sentir la adrenalina de que algo está haciendo mal es como una descarga eléctrica en todo su cuerpo. Katherine observa con cuidado por el pasillo en busca de algún sonido, un indicio de que su padre y hermana están dormidos. Escucha con atención cómo el televisor y la luz del cuarto de su hermana se apagan dejando todo a oscuras.

Sentir el golpeteo errático del corazón en el pecho es algo nuevo para ella. Pero le da la bienvenida. A pesar de haber cumplido la mayoría de edad (a los veinte años para su padre ya era ser adulta), ya debería hacer algo. No una travesura de mucha magnitud, solo una simple fuga a la fiesta de su mejor amiga.

Camina de puntas hacia la puerta de entrada y sale sin hacer mucho ruido y lo logra. La victoria y el júbilo hacen que una sonrisa florezca en su rostro. Ella sabe que a su padre no le va a gustar. Pero ni le importaba. La regla de su padre ya le estaba molestando hasta el punto de comenzar a buscar algún departamento para poder vivir sola.

Camina enfundada en su abrigo hasta la esquina donde un Nissan plateado está estacionado con las luces apagadas. El frío de la noche se cuela por la fina tela de su blusa y en su rostro es como una bofetada dolorosa. Apenas unos autos pasan y Katherine corre, abre la puerta del copiloto y entra saludando a Andrew y a Mabel.

—¿Cómo estuvo la fuga?

—Esto es lo más arriesgado que he hecho en mi vida. —Sonríe a sus amigos. –Bueno, vamos a llegar tarde si no mueves este auto, Andrew.

Con una sacudida, enciende el auto y maneja rumbo a la casa de Natalia. Las horas pasan en la fiesta entre música, gritos y baile. Katherine se mueve en la pista de baile, algo que nunca le había gustado, pero por su amiga lo hace.

—¡Eso es Kat! —Grita Mabel detrás de ella mientras Katherine se retuerce imitando a Natalia.

—Nadie me puede ganar, linda. Kat solo lo hace por mí. ¿Verdad?

Katherine asiente sin prestar atención. Las luces estroboscópicas la marean, pero no la aturden. Se excusa con sus amigas y se dirige al estacionamiento para tomar un poco de aire, porque ya no podía respirar muy bien dentro del local. Se ahoga por la falta de aire. Al salir, inhala tanto como puede y exhala lento, disfrutando del aire frío de la noche.

Sus pensamientos van a la deriva. Quizás esté castigada todo un mes sin salir, pero estaba disfrutando muy bien. Alguien la toma de la cintura haciendo que su piel se erice cuando una mano le tapa la boca con fuerza, gime por el terror e intenta liberarse pero ha bebido demasiado como para defenderse.

—Ni se te ocurra gritar. Ahora camina.

No hace lo que le pide el desconocido. Otros hombres se acercan con los rostros cubiertos en su totalidad. El terror invade a Katherine. Intenta con todas sus fuerzas salir del férreo agarre que su atacante tiene sobre ella pero solo termina agotándose.

—Alguien saldrá, debemos irnos.

—Duérmela de una maldita vez. —Escucha asustada como uno de ellos susurra desesperado.

Uno de ellos se acerca peligrosamente sacando una jeringa con la aguja expuesta. Katherine lucha, lamentando haber salido de su casa, pero ya era demasiado tarde. La inmovilizan y clavan la aguja en la cara interna de su codo. Las lágrimas salen de sus ojos sin ser invitadas. La oscuridad se hace cargo poco a poco de su conciencia hasta que la bruma, el sueño y el miedo la llevan a un lugar más lejos del presente.

A su peor pesadilla.

A su propio círculo del infierno.




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