POV: Grace
Estaba recostada en mi cama jugando con el celular en un domingo descomplicado. Había vencido a la tarea de Sociología y solo contaba los minutos para volver a clase.
Así es, me habían dejado sola en casa, y encima se habían ido a comprar al supermercado.
"Grace, nos fuimos al supermercado; por favor, calienta el arroz y que esta vez no se queme. Te quiere, mamá.
PD: En serio, que no se te queme.
PD2: Adiós, fea, soy Tiffany."
Y la nota de Tiffany no había ayudado en nada. Solo rogaba al cielo que se acordaran de mí y compraran mi cereal favorito.
Luego de que me aburrí y el arroz estuviera listo, llegaron con las compras, pero no había nada para mí. Después de la cena, volví hacia mi habitación y encendí la laptop.
Puse música a un volumen considerable mientras entraba al Instagram. Revisé unas cuantas fotos de Nash Grier, porque, obvio, él estaba más bueno que el pan, y luego un recuerdo alocado salió a flote.
Vino a mí el día en que conocí a Kenny.
Flashback
Iba por la calle pateando pequeñas piedras mientras mis audífonos transmitían 'Lovestruck' de The Vamps. Mi semblante no era tan bueno; después de todo, estaba yendo a clases de recuperación. Mis padres habían decidido enviarme porque este era mi último año de secundaria y, con todo lo que abarcaba, querían que termine con buenas calificaciones sin haber colapsado previamente. Realmente agradecía de todo corazón que hicieran el esfuerzo para enviarme, porque obviamente era un gasto extra.
Nada más llegué, quedé como payasa, pues había personas nuevas y yo estaba con mi nido de pájaros que había improvisado para que no se me pegara el cabello a la cara. Tres chicos y tres chicas me saludaban a petición de la señora Jenkins. Sonreí tratando de verme amigable y dije mi nombre.
Ugh, encima cuando hay chicos, ¿por qué?
—Grace, siéntate un momento a escuchar la clase y luego te atiendo a ti, ¿sí? —dijo la señora Jenkins y yo asentí, viendo que me hacían un espacio en la gran mesa de madera, justo al lado de un chico de ojos verdes. Su nombre era Kenny.
Me tomó unos minutos entender lo que estaban repasando: Matemáticas. Eso significaba que todos estábamos en el último año. Suspiré discretamente, porque el tema que trataban ya lo había visto y entendido.
Dos ejercicios explicados y uno por resolver atormentaban la cabeza de los 7. Y sí, también me incluí mientras la señora Jenkins revisaba los 3 ejercicios de Física que todos los de la clase pedían sin cesar, pues había señas de que irían en el examen de la siguiente semana.
Saqué un resultado en mi cuaderno de apuntes; después de todo, esto era como un calentamiento. Regresé a ver a los demás, que parecían estar en la nube 9. Kenny, a mi lado, comentaba respuesta con Louis, pero no coincidían. Luego, se dieron cuenta de mi presencia. Kenny murmuró a mi oído, pues la señora Jenkins aún tenía la mirada en el cuaderno que usaba para resolver ejercicios.
—¿Es 78? —preguntó lo más bajo que podía. Sentí cosquillas por todo el cuerpo, pero no era momento de concentrarme en esa sensación; tenía que responderle lo antes posible.
Miré mi cuaderno y él, apegándose un poco a mí, vio el resultado. Definitivamente, no había acertado.
—Bien, jóvenes, ¿alguien me puede decir el resultado y comentar sobre el proceso? —alzó la voz la señora Jenkins sin despegar la mirada ni el lápiz del papel.
Todos se tensaron, incluida yo, aunque tenía menos responsabilidad de mi resultado. Una de las chicas habló y, sorprendentemente, ella y yo coincidimos. Escuché los bufidos —especialmente de parte de los chicos— al haber fallado.
La señora Jenkins puso orden y, con un ejercicio más, el aula se volvió a llenar de silencio. No me dio tiempo a resolver porque ella me llamó para explicarme el primer problema de Física y agradecí al universo por haber entendido a la primera. El sonido de las teclas de las calculadoras era intenso y, en menos de un minuto, mientras yo escribía en mi cuaderno de materia, resolviendo por mi cuenta el ejercicio para ver hasta dónde llegaba.
—Es 50, chicos, no se descuiden, solo Kenny sacó la respuesta, pero van perdiendo contra las chicas — dijo la señora Jenkins, seria — A este paso les tocará a ustedes organizar toda el aula — bromeó, a lo que se escucharon quejas. Me encogí de hombros en mi propio lugar, intentando concentrarme en el segundo problema mientras ellos discutían sobre los resultados.
La señora Jenkins volvió a enfocarse en mi cuando ella terminó de escribir el problema para los chicos. Fui corregida suavemente, obteniendo la pista que me faltaba para acabar. Sonreí y junto a la profesora resolví en un santiamén el último ejercicio para que mi tarea estuviera hecha.
—Tienes que repasar estas fórmulas y darte cuenta cuál necesitas aplicar — me dijo la profesora, mientras anotaba en mi cuaderno — llegas hasta la mitad, pero no puedes perderte, seguramente esto es pregunta de examen —continuó. Hice un puchero porque ella sabía que tenía una prueba. —Solo resuelve estos dos ejercicios y puedes retirarte — concluyó velozmente, para volver a poner atención a los jóvenes a mi lado que comenzaron a hacer ruido.
Sentía una que otra mirada en mi persona, pero no hice caso porque estaba más interesada en no reprobar el primer examen del año lectivo. Me dediqué a escribir rápido las fórmulas y a procesar con paciencia los problemas. Al término del primero, decidí pasarme la mano por el cabello, deshaciendo el nido. Regresé a ver y noté que Kenny me miraba.
Fue cuando me di cuenta de los bonitos ojos verdes que él poseía junto a unas pestañas de infarto. Hice un remedo de sonrisa antes de clavar mis ojos nuevamente en mi cuaderno, intentando que el corazón no se me saliera por la boca.
Alerta, chico guapo, ¡alerta!
Esa pequeña distracción hizo que borrara dos veces los cálculos porque no me concentraba. Puse todo mi esfuerzo en terminar yo sola y lo logré, aunque los vellos de mi nuca los tenía en punta porque todavía tenía la sensación de que esos bonitos ojos verdes me observaban.