Relatos eróticos

ESTA MIRANDO [PARTE 3]

 

- Mala… He sido muy mala - gemí - Aceptaré mi castigo como una campeona, Papi

Me levanté y me acerqué a Harry . Al menos de momento, estaba mucho más alta. Miré desde arriba el hinchado glande de su polla y separé mis labios, húmedos y rojos.

- Parece deliciosa - lo provoqué - Pero no estoy adecuadamente vestida para recibir mi castigo

Rasgué la camiseta, enviando los botones que aun quedaban, al suelo de la habitación. Mis pechos oprimidos cayeron hacia adelante, con los duros pezones desesperados por quedar libres del sujetador. Los obligué a erguirse un poco, al echar los brazos atrás y desabrocharlo. Puse uno de mis brazos sobre los pechos, fingiéndome inocente, y lancé el sujetador al suelo.

- Por favor, Miranda… Déjame ver

Parpadeé con las pestañas rápidamente y aparté el brazo, dejando al descubierto mis firmes y turgentes pechos. El aire frío contra mis pezones los hizo endurecerse aun más, y noté que se me ponía la piel de gallina. Me llevé las manos atrás y desabroché la cremallera de la diminuta falda. Cayó al suelo, mostrando el tanga empapado. Al apartar la falda de una patada, me llevé los pulgares a ambos lados del borde de la prenda y tiré de él, tensándolo.

- Ahora voy a quitarme las braguitas, Papi. ¿Es malo que lo haga?

- Sí - sonrió Harry- Muy, muy malo

Tiré hacia abajo con lentitud, separando mi empapado coño de la húmeda prenda. La bajé hasta los tobillos y entonces me alcé con las piernas separadas, estirando la prenda lo máximo posible. Dejé caer las manos a ambos lados y me coloqué delante de mi padrastro, expuesta y lista para follar.

- Más -dijo, con la voz temblorosa. - Estira más tus braguitas

Volví a mover las piernas, separándolas aun más.

- Más

Lo obedecí, y noté como el coño se me abría por la separación entre mis piernas. Las piernas me temblaron un poco mientras intentaba aguantar el equilibrio, con el tanga tirando con fuerza para volver a juntar mis piernas.

- Bien - gimió Harry - Buena chica. Parece que empiezas a escucharme

Mis coquetos pechos subían y bajaban con cada respiración que tomaba; sentía el coño húmedo, caliente y tembloroso. Mis empapadas bragas estaban tensas entre los calcetines blancos y los tacones.

Mi seducción había finalizado

- No te muevas, Miranda .

Harry se levantó y se quitó la ropa. Su cuerpo estaba aun mejor de lo que me había imaginado. ¿Estaba a punto de inclinarse hacia el otro lado la balanza de poder? Se acercó a mí y me besó, su caliente, y húmeda lengua acariciando con suavidad y lentitud la mía. Su áspera barba se sentía sexy y varonil contra mis suaves labios. Se apartó y me miró.

- Quédate así, Miranda. Ha llegado el momento de tu castigo

Caminó hasta quedar a mi espalda y rodeó con la mano mi nalga izquierda, acariciándola lentamente, con cariño.

- Mmm… se siente bien, Papi

- No te he dicho que hables, Miranda. Ya he tenido suficiente de tu insolencia, jovencita

¡Paf! No había tenido aun tiempo de responder, cuando una palmada me dio en el culo. Grité, más por asombro que por dolor.

- ¡Ah!

- ¡Silencio!

Otra, otra, y otra, y otra. Apreté los dientes e intenté no hacer ruido alguno.

- Uhnnnn…

Mis piernas se aflojaron y se doblaron por las rodillas, perdiendo la compostura. Harry me separó las piernas todavía más, estirando las bragas hasta casi provocar su ruptura. Tenía el culo ardiendo, y me encantaba.

- Este es tu último aviso. No quiero más comportamiento obsceno, ¿Me has entendido?

- Sí - gimoteé - Sí, Papi

De repente, sin esperarlo, Harry me soltó otro golpe en el culo con el dorso de la mano. Grité.

- ¡OHHH!

Mis pies se tambalearon y rompí el tanga, que cayó al suelo. Las firmes manos de Harry me agarraron los brazos y me apretó contra su fuerte y musculoso pecho. Noté su erguida polla contra mi tembloroso trasero y meneé las caderas de adelante hacia atrás, frotándosela. Me lamió y mordisqueó la oreja, antes de hacerme girar para quedar cara a cara. Nos besamos apasionadamente, con las lenguas danzando, y las manos explorando el cuerpo del otro; las mías en sus palpitantes músculos, las suyas en mis suave y delicada piel. Eché la cabeza hacia atrás y él me deslizó la lengua por la garganta hasta llegar a mis erectos pezones, turnándose para lamer, aspirar y mordisquear, ahora uno, ahora el otro.

Noté la cabeza de su polla restregándose contra la entrada abierta de mi coño e, instintivamente, abrí más las piernas, bajándome ligeramente hacia su erección. Gracias a Dios que llevaba los tacones. De pronto, también él hizo bajar su cuerpo. Y con un único movimiento ascendente me empaló con su polla. Jadeé ante la rápida penetración y los dieciocho o diecinueve centímetros de polla que se clavaron en mi interior.

- Oh, Dios mío - Jadeé - Tú sí sabes cómo satisfacer

- Ya has tenido tu castigo - respondió - ahora ya puedes tener tu recompensa

Me penetró de arriba a abajo, la misma largada de su polla se aseguraba de que siempre estuviese dentro de mí, además de mi extrema humedad, que facilitaba la penetración. Nunca antes había follado estando de pie, y era una experiencia completamente diferente de cualquier otra posición, desde aquel ángulo, su polla me daba en el punto G repetidamente. Luché para mantener los pies en el suelo, incluso con los tacones, y me encontré de puntillas, hasta que Harry me dijo qué hacer a continuación.

- Rodéame con los brazos y las piernas

Me ordenó. Le obedecí y él cargó con todo mi peso entre sus fuertes brazos, estrechándome contra la parte superior de su cuerpo. Crucé los pies contra su trasero, mientras él continuaba penetrándome, sin problemas y sin ningún esfuerzo adicional. Ni siquiera había notado mi peso. En todo momento supe que era un verdadero hombre.

Noté cómo me venía el primer orgasmo y lo miré a los ojos.

- ¡Fóllame, Papi! ¡Oh Dios, me corro!




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