Relatos eróticos

DADDY [PARTE 3]

Sentí que el vino realmente me estaba pegando.
—¿Te molesta tocarme en medio de mi ropa interior y ver si realmente esta mojada?
—Mierda, ____________. —El inhaló fuerte y me dio otro azote en el culo. —No tienes ni idea de lo que me estás haciendo.
— ¿Eso es lo que piensas?
Louis que todavía estaba sentado detrás de mí en el sofá, movió sus manos a mi cintura y bajó mis bragas. Empujándolas hasta mis rodillas.
— ¡Sí! —yo separé más mis piernas.
Él movió mi culo más cerca de él. Obligándome a mover mi piernas. Y luego me azotó de nuevo, y me dio por lo menos diez duros golpes, y apenas rozó la piel de en medio.
Abrí más mis piernas con cada azote que me daba. El último aterrizó en contra de mi húmedo coño.
Yo grité, mi cuerpo se sacudió hacia adelante. Hasta que sentí sus dedos tocando mi coño, no tenía ni idea de lo mucho que necesitaba que me follara. Me dolía que él no me tocara de nuevo, pero había dejado caer su mano.
— Por favor, papi—me quejé.
—Maldita sea, ___________—Louis me dio un tono enojado, mientras ponía sus manos a ambos lados de mis caderas y estabilizaba mi cuerpo frente a él.
Y luego de repente, sentí su lengua dibujar una ruta entre mis labios vaginales.
— ¡Sí! —grité.
El cálido aliento de Louis bañó mis labios durante unos segundos antes de sentir toda su boca entre mis piernas. Se estaba comiendo mi coño con avidez, como si no se saciara de él.
—Oh si, oh sí. —Mi cuerpo se estremeció por la sensación de su lengua. Sabía exactamente lo que estaba haciéndome. Mi mamá era una imbécil de mierda por dejar esa lengua. Apenas podía respirar. —Si. Si, papi.
Su boca se puso más ávida después de que lo llamara papi.
— Papi… papi…—no podía dejar de quejarme. Escuché a Louis gimiendo justo cuando, sentí su cálido aliento contra mi entrepierna… contra mi culo… su boca estaba allí mismo chupando mis labios… lamiendo mi culo.
Me lamió un poco más de tiempo hasta que yo pensé que iba a tener un orgasmo. Y luego se detuvo. Apartándose de mi.
—No—dijo. —No puedo creer que acabo de hacerte esto. —Puso sus manos en mi cadera alejándome y luego se puso de pie a mi lado, me bajó la falda y dejó mis bragas entre en mis rodillas.
— ¿Qué? —pensé que iba a empezar a llorar. —¿Hice algo mal?
—No—gruño con disgusto. —Yo debería haberlo pensado mejor. Saber que estaba mal. Lo siento mucho, ____________.
Me puse de pie y miré directamente a mi padrastro, prácticamente corriendo fuera de la habitación. Corrí detrás de él. Subiéndome las bragas para poder mover mis piernas un poco mejor.
—No te vayas, papi. ¡Por favor!
Él no volteo a mirarme. Lo seguí por el pasillo hasta su dormitorio, aumenté la velocidad cuando lo vi abrir la puerta.
Louis trató de cerrar la puerta en mi cara, pero era demasiado tarde, la abrí con un empujón, y la moví con toda la fuerza de mi cuerpo.
—No hagas esto—le dije suplicante.
—No sabes lo que me estás haciendo, _____________. —Las lágrimas corrían por su rostro. —Te ves como tu mamá.
— Lo sé.
— La extraño mucho. —Él movió su mano por su cara, limpiándose las lagrimas.
—Lo sé. —Tomé su otra mano y le hablé suavemente. —Por favor, papi. Déjame ayudarte a sentirte mejor.
Respiro profundamente. Dolorosamente.
—Cariño…
—Vamos. Sabes que lo deseas.
—Eso no quiere decir que sea correcto. No debería haber hecho lo que te hice en la sala.
—Todo lo que hiciste fue lamer mi coño, papi. —Sonreí, tratando de aligerar el ambiente. —Y me encantó cada segundo.
Louis me miró, con una ceja arqueada. Sus lágrimas se habían detenido. Vi su expresión de tristeza suavizarse un poco, luego se puso serio otra vez.
—No, ___________. No puedo tomar ventaja de ti de esa manera.
—¿Cómo estás aprovechándote de mí? Quiero esto tanto como tú. —Agarré el borde inferior de mi top. —Probablemente más.
Jalé la parte superior de mi top por encima de mi cabeza, mirando a Louis. Su mirada era desesperada. Apartó la mirada y la dirigió a mis tetas desnudas como si fueran la cosa más maravillosa que jamás hubiera visto. Yo sabía que él me quería. El soló necesitaba un poco mas de convencimiento.


—Papi. —Todavía sostenía su mano, así que la tome y la moví por mi seno izquierdo y la mantuve allí mirándolo. —Por favor.
Se lamió los labios y cerró los ojos tragando saliva. Apretando mi pecho, murmuro dolorosamente.
—___________…
—Vamos, papi. —Mantuve la mano con firmeza contra mi seno y utilizando la otra mano para llegar hasta sus pantalones. Se quedó sin aliento cuando toqué su erección. —Puedo decir que me quieres.
— Joder—Louis murmuró con los dientes apretados.
— Si, joder. —Yo reía. Sí, eso es exactamente lo que quería. Que me jodiera.
Abrió los ojos y se echo a reír.
—Vamos a ir a la cama. —Le tomé de la mano con cautela sobre mi pecho y lo llevé hasta la cama. —Siéntate.
Sacudiendo la cabeza, murmuró, casi demasiado bajo para que pudiera escucharlo… pero aun así me dejo conducirlo hasta la cama. 
—Esto realmente no es una buena idea.
—Shhh. —Colocando mi dedo sobre sus labios. Ahora estaba sentado a los pies de la cama mientras estaba delante de él, desnuda de la cintura para arriba. —Quiero cuidar de ti, ¿Bien?
—Demonios.
—¿Por favor? —me quejé a propósito. —Eso me hará muy feliz.
—¿Cuidar de mi?
Le di una gran sonrisa. 
—Si, de la manera que mi mamá lo hacía antes de que se fuera.
—Oh, cielos. —Sacudió la cabeza. —Pequeña niña…
—¿Pequeña niña? —abrí mis ojos, mirándolo fijamente. —¿De verdad crees que soy una pequeña niña? Tengo veintiuno.
—Si. Pero sigues siendo mi…
—¿Acaso éste es un cuerpo de niña? —me paré de nuevo, abriendo mis brazos para darle énfasis.
Louis se quedo en silencio, sus ojos se movían de arriba y abajo por mi cuerpo. —¡Maldita sea,_________!
Se quedo allí sentado, sin decir nada. Sus cejas se fruncieron, dolorosamente.
—Vamos. —Lo intenté de nuevo. —¿Acaso el sabor de mi coño no te gustó?
Él gimió. 
—Si—susurró.
—Te estás burlando de mi, papi. —Puse mi mano al lado de su cara.—Eso estuvo mal. Estaba a punto de correrme, cuando te detuviste.
—Mierda—él susurro.
—Eres tan jodidamente bueno para chupar coños, papi—le susurré. Louis dejo escapar un agónico gemido. —No sé porque alguien abandonaría una lengua tan mágica como la tuya. —Deslicé el pulgar a través de sus labios.
—¡Maldita sea! —él murmuró.
—Yo nunca abandonaría tu lengua.—Me apoyé más cerca, mis labios a escasos centímetros de los suyos. —Los usaría en cada oportunidad que tuviera. Me levantaría la falda y me agacharía para que me lamieras el coño todo lo que quisieras.
Él cerró sus ojos, manteniendo su rostro aún delante de mí.
Apoyándome aún más, dejé que mis labios rozaran sus mejillas, jugando con él. —Me gustaría abrir mis piernas de par en par para ti, papi. Tan a menudo como sea posible. —Yo besé su mejilla, cerca de su boca.
Louis mantuvo los ojos cerrados, respirando con más fuerza contra mi cara. Él se quejó en voz baja.
—Estoy tan mojada, papi.—Besé su mejilla otra vez. —Tú me pusiste tan mojada.
Abrió los ojos. 
—Te he deseado durante tanto tiempo.
—Entonces, tómame.
—No es justo.
—No, papi—le susurré contra la cara. —No está bien que alguien te deje. Tú siempre fuiste tan bueno con ella. Tan bueno conmigo. —Puse mi mano en su oreja. —Te amo, papi. Permíteme demostrártelo. Por favor.
Louis inhaló, y luego sacó el aire lentamente. 
—Mierda.
Sus ojos se quedaron con los míos mientras daba unos pasos hacia atrás. Dejé caer mis manos a los lados de mi cuerpo, dejando que mi cuerpo medio desnudo hablara por sí mismo.
—Joder—susurró, sus ojos recorriendo mi cuerpo, llegando a mi copa C.
Le sonreí y moví mi mano hasta mi espalda para desabrochar mi falda, y luego dejarla caer al suelo. Allí, de pie tan solo con mi ropa interior rosa, mire hacia él. 
—¿Quieres que pare?
Su boca pronunció la palabra, pero no dijo nada. Mirándome como si estuviera en trance. 
—No.
Yo le sonreí y me moví, bajándome las bragas y dejándolas caer al suelo, mirando como sus ojos subían y bajaban por mi cuerpo. Pateando mis bragas, sin importarme lo suficiente para ver donde cayeron. 
—¿Te gusta lo que ves?




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