Te odiaba a veces,
como se odia al sol que entra por la persiana rota
y va directo a los ojos irritados de una noche de desvelo.
Te odiaba a veces,
cuando tu ausencia invadía
abruptamente todo mi espacio.
Te odiaba a veces,
cuando me obligaba a encender otro cigarrillo
para esperarte, para fastidiarme con el humo
que simulaba tu silueta.
Te odiaba a veces,
con esa rabia de quien sabe
que el odio es sólo amor mal vestido,
amor que se disfraza de puñal
para justificar las heridas.
Te odiaba a veces,
perversamente
porque odiarte era la única forma de seguir sintiéndote cerca.
Y todavía te sigo odiando
para quererte de nuevo.
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Editado: 09.10.2026