¿El niño interior muere en algún momento?
Pues, yo no estoy seguro, pero mis abuelos siempre parecen de mi edad. Aunque no con la misma rapidez. Cuando llegamos, a la habitación de la abuela, nunca se acuerda de mí nombre y me dice que no es ni dos años mayor que yo, y antes de planear corregirla mi mamá aprieta mi hombro fuerte, como para que no la contradiga. Siempre que la visitamos, junto a una enfermera que dice que es su hermana mayor, vamos al parque de ahí cerca y allí ellos juegan, comen dulces y hasta persiguen a las palomas que hacen vida en los árboles cercanos.
Para salir le pide permiso al doctor, diciéndole que saldrá con unos amigos, como si él fuera su padre. Ya en el parque yo me concentro en mi tablet y mi helado, mi madre llora sin parar, mientras los graba divirtiéndose, y mi padre la consuela. Cada sábado es el mismo escenario. Mi abuela no nos recuerda de nuevo y mi abuelo la convence de salir, enamorándola de cero con los detalles que le gusta, como si apenas fueran novios. Mi mamá llora aquí, pero luego consuela con fuerza a mi abuelo, que se desmorona al llegar a casa sin el amor de su vida.
No proceso por completo todo lo que me rodea y tampoco sé cuando se supone que deba morir el supuesto niño interior, pero deseo cada día, y lo reafirmo cada sábado, que en mis abuelos no muera nunca, porque es él quien mantiene vivos sus ya cansados y experimentados, cuerpos y vidas, en su realidad actual.
🖋️Mare Durán.
📸: Google imágenes.
Editado: 05.06.2026