Rellenita de amor

Capitulo 14:Bienvenida

Hanna.

Luego de un largo viaje en avión, por fin he llegado a Escocia. Apenas obtengo mi maleta camino directo al punto de encuentro.Una vez que llego, me quedo de pie entre varias personas que se encuentran con sus familiares o amigos, sientiendome un poco desorientada, miro de un lado a otro buscando a dónde tengo que dirigirme, cuando de pronto logro visualizar a lo lejos a un hombre de pie, vestido con un traje formal, sosteniendo un cartel que dice mi nombre.

Camino hasta donde se encuentra arrastrando mi maleta y cuando llego, quedo frente a él logrando que me vea.

—¿Señorita Hanna Martínez? —murmura de forma interrogante y asiento con una pequeña sonrisa.—Mucho gusto, señorita. Me llamo Neil, soy el chófer encargado de llevarla a la residencia Campbell —dice, mientras estira su mano hacia mí en forma de saludo.

—El gusto es mío, señor Neil —respondo, luego de inclinarme y rozar nuestras mejillas en un saludo cálido y sin tantos formalismos. Noto que se tensa un poco, pero trato de no darle importancia.

—Permítame —dice con una pequeña sonrisa y tomami maleta para comenzar a caminar fuera del aeropuerto, conmigo siguiéndole detrás.

Cuando salimos, veo que nos dirigimos a una furgoneta negra que se encuentra estacionada a un lado de la acera. Llegamos y él abre el maletero para guardar mi equipaje; cuando lo cierra, se acerca a donde me encuentro de pie y desliza la puerta para que pueda subir.

—Muchas gracias —susurro mirándolo antes de subir y él asiente con una pequeña reverencia mientras inclina su cabeza, logrando que me incomode ante su acción.

Subo y él cierra la puerta para rodear la furgoneta. Se ubica en el asiento del conductor y enciende el motor para comenzar a conducir.Tomo mi celular de el bolso y les aviso avisarle a las chicas que he llegado para luego volver a gurdarlo,miro por la ventana viendo que ya comenzamos a salir de la ciudad, dejando atrás los grandes edificios de piedra y mientras más nos alejamos se comienza a apreciar mucho más la naturaleza.

—¿Puedo abrir la ventana? —indago mirando al frente. El señor Neil me mira por el espejo retrovisor y asiente con su cabeza, logrando que esboce una gran sonrisa contenta al poder ver mejor el paisaje.

Me volteo rápidamente para ver nuevamente por la ventana y presiono el botón para bajar el vidrio lentamente. Siento cómo el aire frío golpea mi rostro. Acomodo mi cuerpo lejos de la puerta para luego apoyar las palmas de mis manos en el borde donde se ha escondido el vidrio y coloco mi mentón sobre ellas, dejando que el viento sople mi cabello.

La neblina se hace mucho más presente mientras nos adentramos en el paisaje y, a lo lejos, se logran escuchar varios relinchos y mugidos que me hacen sentir extrañamente en casa. Continuamos el trayecto por las calles de piedra hasta que, de pronto, el vehículo comienza a bajar la velocidad. Observo atentamente a dónde nos dirigimos; doblamos por otra calle y quedo maravillada al ver cómo nos detenemos frente a un gran portón de metal. Luego de que él muestra una tarjeta, el portón se abre dejándonos seguir.

Veo que en esta parte el césped se encuentra perfectamente podado, junto a setos que forman una entrada circular sin ninguna hoja fuera de su lugar, al igual que los árboles y en medio se encuentra una gran fuente.

Levanto un poco la mirada y me quedo sin aliento al ver la infraestructura de la casa. No es una simple casa; es una imponente mansión de piedra gris que se extiende elegantemente en forma de "C" horizontal, con dos alas laterales que se adelantan envolviendo el camino junto a los setos que forman el círculo. Neil sigue conduciendo para atravesar el círculo y detiene la furgoneta justo en el espacio entre la fuente y la puerta principal, permitiendo que el sonido del agua chocando contra la roca se escuche con fuerza, mezclado con el canto de los pájaros.

El señor Neil baja y me abre la puerta. Tomo mi bolso y me lo cuelgo al hombro para bajar; el crujido de las piedras bajo mis pies rompe el silencio del lugar. Rodeo la furgoneta hasta quedar frente a la entrada y, con la cabeza echada hacia atrás, me quedo completamente estática, tratando de asimilar el tamaño de la mansión ante mi metro sesenta. Y salgo de mi asombro al ver que Neil ya ha bajado mi maleta.

—Sígame, señorita —dice, lanzándome una mirada antes de empezar a caminar.

Acomodo mi cabello, que se ha desordenado por el viento y lo sigo. Subimos las escaleras del porche mientras él añade:

—La señora la está esperando en el salón principal.

Sigo sus pasos tratando de no parecer una niña pequeña en una juguetería, pero me resulta difícil. Al cruzar la puerta, el calor del interior me golpea de inmediato junto a un delicioso aroma a madera y hogar.

Apenas doy un paso en el salón, veo a Cora con su porte elegante se encuentra sentada en el sofá con las piernas cruzadas, bebiendo de una taza tallada mientras observa por la ventana. A su lado, el fuego de una gran chimenea crepita con fuerza, iluminando la estancia con un brillo cálido y dorado.

—Señora, ha llegado la señorita Hanna —anuncia el señor Neil.

Cora posa su mirada en nosotros y rápidamente deja su taza en la mesita frente a ella. Descruza sus piernas y se levanta para caminar hacia nosotros con elegancia.

—¡Hanna, querida! —habla con voz suave pero alegre. Se acerca con los brazos extendidos y, cuando finalmente llega a mí, me envuelve en un gran abrazo—. Bienvenida a Escocia —dice una vez que deshace el abrazo, manteniendo sus manos cariñosamente sobre mis brazos.




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