Rellenita de amor

Capitulo 15:La última cena.

Hanna.

Después de una extensa charla con Cora, sentadas en el sofá del salón, donde me ha preguntado qué tal ha estado mi viaje y ha justificado al señor Campbell, su esposo, por no poder presentarse debido a sus asuntos de trabajo, ella llama a una de las chicas de servicio para que me guíe a la habitación que me han asignado. Allí me instalaré por estos días y podré prepararme para la cena. Es por eso que, en estos momentos, me encuentro buscando en la maleta la ropa que me pondré.

Me decido finalmente por unos jeans acampanados que se ciñen a mi cintura y muslos, junto a un top de manga larga de color negro y unos tacones a juego. Me quito la toalla que se encuentra alrededor de mi cuerpo para comenzar a vestirme. Una vez que termino, vuelvo al baño que se encuentra dentro de la habitación para posicionarme frente al espejo y comenzar a peinar mi cabello, cuando, de pronto, escucho unos golpes en la puerta.

—Adelante —grito para que logren escucharme, sin dejar de peinarme ni de mirar al espejo. Escucho cómo se abre la puerta y unos pasos tímidos resuenan en el suelo.

—Señorita —susurra una voz femenina.

—¡Baño! —exclamo mientras continúo peinándome, tratando de que el moño quede exactamente como deseo. Escucho los pasos cada vez más cerca, hasta que siento cómo se posicionan frente a la puerta abierta. Miro por el rabillo del ojo logrando ver a Eilidh, la chica que me guió a la habitación.

—Disculpe que la moleste, señorita, pero he venido a avisarle que la cena ya se encuentra preparada y prontamente será servida —dice en tono apenado, con sus manos detrás de su espalda. Esbozo una pequeña sonrisa al ver su timidez, también porque ya le he mencionado que puede tener la confianza para tutearme, pero ella no deja de lado su formalismo.

—No pasa nada, solo me estoy peinando y ya casi terminaba —digo y vuelvo por completo mi mirada al frente para ver si hay alguna imperfección en el moño—. ¿Me esperas y bajamos juntas?

—Claro, señorita, tengo que dirigirla al comedor —dice sonriendo. Luego de asentir con su cabeza, termino de peinar mi cabello en un moño con algunos mechones sueltos y salgo del baño para encontrarme a Eilidh, parada rectamente con sus manos entrelazadas. Ella levanta su mirada para enfocarme y camina rápidamente a la puerta para abrirla.

Hago una señal con mi mano para que ella pueda salir primero de la habitación y así poder seguirla. Salimos y comenzamos a caminar por el gran pasillo elegante con grandes retratos.

De pronto, un retrato en específico llama mi atención: un hombre serio con ojos azules que parece mirarme fijamente, logrando que me acuerde de cierto ogro. Lleva un gran bigote perfectamente perfilado, viste un traje a su medida con varias medallas en sus hombros y se encuentra de pie mientras, con una de sus manos, sostiene un bastón, derrochando autoridad.

—Él es Lord Campbell, el difunto y antiguo conde, abuelo de los jóvenes amos —dice posicionándose a mi lado. Ahora entiendo por qué me recordaba a cierto ogro.

—¿Conde? —indago curiosa y sorprendida, enfocando ahora mi mirada en ella.

—Sí, la familia Campbell es una de las familias más antiguas y reconocidas de toda Escocia —responde, dejándome mucho más sorprendida. Mis nervios se elevan ante su revelación, logrando que comience a pellizcar mi labio inferior con los dientes.

Después de unos segundos, volvemos a retomar el paso por el pasillo con mis tacones resonando contra la alfombra, hasta llegar al final, donde comienza la escalera. Empezamos a bajar escalón tras escalón para volver a retomar el paso hasta llegar a otro pasillo más corto. Al final de este se encuentra una puerta de dos hojas de madera tallada; seguimos caminando hasta posicionarnos frente a ella y Eilidh abre la puerta, indicándome que pase.

Doy unos cuantos pasos adentrándome en el comedor y quedo completamente impactada por la decoración; mucho más al sentir muchas miradas sobre mí, logrando que mis mejillas se calienten y mis manos comiencen a sudar, haciendo que no pueda seguir inspeccionando el lugar.

—Buenas noches —digo en un hilo de voz, tratando de recuperar la compostura mientras doy un paso al frente. Mientras mis ojos tratan de acostumbrarse a la inmensidad del comedor, noto la larga mesa de madera oscura pulida que refleja la luz de la lámpara de araña, con cubiertos y copas completamente lujosas que se notan a simple vista. Pero lo que realmente me corta la respiración es la cantidad de personas que se encuentran sentadas en ella.

Jamás imaginé que tantas personas cabrian en una sola mesa. Es rectangular, demasiado larga, tanto que esto no parece una cena, parece un banquete. Es como tener La última cena frente a mí; Si eso es exactamente lo que está sucediendo.

Un hombre de cabello castaño claro y ojos verdes se encuentra sentado en la cabecera de la mesa con una expresión seria que se suaviza apenas un milímetro cuando ve a Cora sonreír ampliamente a su lado, mientras las otras personas me miran con sorpresa y evidente curiosidad.

—¡Hannah!, por favor, acércate —la suave voz de Cora resuena en el silencio, rompiendo la tensión—. Te estábamos esperando.

Trago saliva y obligo a mis piernas a moverse para atreverme a avanzar. Mis tacones, que antes hacían un eco firme en el pasillo, ahora me resultan demasiado ruidosos. Mirando por el rabillo del ojo, noto cómo Eilidh hace una pequeña reverencia, dejándome sola ante el escrutinio de toda esta familia.




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