Reluctant Heroes

Jackie IV

El encargado de sacar a mi abuelo de su guarida fue Tagix. La cara que puso al llegar a la plaza y ver todo lo que le habíamos preparado no tiene precio. Se hizo el sorprendido, claro que sí. Era un Sparrow. Era un buen actor.

Saludó efusivamente a todos los allí reunidos y dejó que lo agasajaran con cumplidos. Aceptó amablemente una jarra de cerveza y se dispuso a charlar de los viejos tiempos con los vecinos que los habían vivido. Mientras los ancianos hablaban, la música y el baile empezaron.

La verdad es que estaba contenta por como había salido todo (a la preparación me refiero). Nuestros diez días de esfuerzo habían dado sus frutos. Había mesas con comida y bebida por doquier, una pequeña aunque sonora orquesta, una improvisada pista de baile e incluso una rudimentaria plataforma en la que estaba previsto que el cumpleañero diera un discurso. Esto último sabía que no le haría ninguna graci a mi abuelo, pero yo no podía hacer nada contra los deseos de los vecinos. Ellos querían que Teague hablara y hablaría. Y si se negaba, lo obligarían por la fuerza. La gente del pueblo nunca dijo esta amenaza, pero ¿a qué habría estado gracioso?

Tras cerciorarme de que mi abuelo estaba bien acompañado fui a reunirme con los hermanos Dragonnai. Se mantenían alejados de la multitud y como siempre sus guardias no se separaban de ellos. Les llevé un trozo de pastel a cada uno (también a los guardias) y fuimos a sentarnos cerca de una fuente. Allí comimos y hablamos de temas de…críos.

Nuestra conversación duró poco. Mi abuelo llegó, saludó a los guardias con una inclinación de cabeza e, ignorando el "felicidades" de Lía, me agarró de la mano y me sacó de ahí. No nos detuvimos hasta meternos entre unas casas bien alejadas del barullo. Mi abuelo estaba agitado, nervioso y no paraba de mirar a los lados, buscando a algún oyente indiscreto.

-Abuelo, ¿qué te ocurre? Estás muy nervioso…

-Estoy bien, pequeña. Ahora estoy bien…

Le sonreí. Era lo único que podía hacer para calmarlo. Y funcionó.

-¿Te has puesto nervioso por toda esta gente? ¿O es qué estás ansioso por saber qué te vamos a regalar?

-Nada de eso. Por Droko, ¿quién ha organizado esto? Ha sido una tontería…

-Yo creo que no lo es. Hace un momento estabas hablando con el señor Mason… Antes eráis buenos amigos.

-¿Y? Eso no quita que siga siendo un inculto. Lo he dejado hablando con Tagix- examinó su reloj de bolsillo- Debería volver a casa. Estas fiestas no son para mí.

-Intenta aguantar lo que queda. Seguro que al final te lo pasas bien.

-Sí, sí… Tienes razón.

Hice amago de soltarme de su agarré y volver con mis amigos, mas él no me lo permitió.

-Abuelo, no puedo dejarles solos.

-Te quiero, Jackie. Sé que no lo digo a menudo, pero te quiero.

-Y yo a ti también- lo abracé.

-Anda, vete a jugar con tus amigos.

-¿Seguro? Si estás mal, dímelo.

-Estoy bien. No te preocupes por mí, pequeña.

-De acuerdo. Como tú digas.

Ambos volvimos con nuestros respectivos amigos y continuamos con la fiesta.

Ahora que te estoy contando esto me arrepiento tanto de no haber permanecido a su lado cuando era evidente que me necesitaba.

 

La plataforma había quedado muy bien. Habían colocado unos bancos a su alrededor y en uno de ellos es donde estaba sentada (yo y todos los invitados) esperando a que mi abuelo llegará y hablará. Pero mi abuelo no aparecía y la gente empezaba a impacientarse. Unos decían que se había escaqueado y otro venían a preguntarme que si sabía algo. No respondí. No quería hacerlo. En aquel momento solo pensaba en que había sido una pena construir una plataforma tan bonita para que nadie la usara. Mi abuelo nunca llegó a subirse a ella. Ni siquiera dio un discurso.

Cuando todos estaban dispuestos a salir en busca de mi abuelo, el señor Mason hizo acto de presencia. Este hombre sí que estaba alterado. Parecía como si hubiese visto un fantasma o algo parecido.

-¡Rápido! ¡Necesito ayuda! ¡Corred!- gritaba el pobre Mason.

-¿Qué ha pasado? ¿Y el señor Sparrow? ¿No lo ibas a traer tú?- las preguntas se sucedían una tras otra.

-¡Teague ha desaparecido! ¡Ese maldito mago se ha llevado a Teague!

Y cundió el pánico. La gente correteaba sin saber a dónde iba. Unos querían perseguir a Tagix, otros llamar a las autoridades. Con aquel caos nadie se percató de mi huida.

Llegué rápido a casa. Me había dado prisa. Había muchas cosas que quería decirle antes de que se fuera. Pero yo había sido muy lenta. Al abrir la puerta y entrar, solo hallé a Tagix recostado en un sillón observando el fuego de la chimenea. Había llegado tarde.

-Se ha ido, ¿verdad?

-Así es.

-¿Por qué has usado la magia para sacarlo de la fiesta? Le has dado un buen susto al señor Mason y ahora todos en el pueblo creen que eres un secuestrador.




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