Reminiscencias

Despertar II

Darla cada vez era más  demandante, mientras que a mí a duras penas me compraban el uniforme, a ella la llenaban de toda clase de vestidos para ir a cumpleaños, mientras que a mí a duras penas me regalaban un libro en navidad a ella le llenaban de muñecos el garaje, mientras que a mí a duras penas me llevaban a las reuniones familiares, a ella la sacaban al parque de atracciones. Y yo solitaria.

Mientras el abandono afectivo se iba incrementando más, yo me volvía más apática a las relaciones, recuerdo haber visto por primera vez a Pablo, sensato y tranquilo jugando fútbol en el recreo y me invadió una sensación de hormigueo por el cuerpo que casi vómito del asco, estaba entrando a un mundo desconocido, él sonrió y esa fue mi herida. Aunque nunca he tenido afabilidad por los deportes, el fútbol empezó a ser atractivo para mí, empecé a investigar cómo se jugaba y sus reglas, hasta que lo entendí, desde entonces todas las tardes a las 3:30 salía ya no a la biblioteca sino a verlo jugar, sudando y corriendo como caballo, danzando, me parecía hasta un poco artístico.

Para sorpresa mía, Pablo vivía justo a tres casas de la mía, me parecía increíble no haberlo visto nunca antes por allí, entonces empecé a obsesionarme con su voz, sus gestos, sus expresiones, su cuerpo, empecé a tener fantasías cada vez más profundas con él, pero era una sensación extraña para mí, de repente por las mañanas me levantaba con las bragas mojadas y el corazón agitado, algo sabía de sexualidad porque de vez en cuando el rector disponía del psicólogo en curso para orientar las clases de prevención a embarazos. 

Mientras tanto la relación con mi familia se iba deteriorando más, incluso mi relación con la comida se empezó a tornar pesada, ya no quería comer, solo estar en línea, fue un comentario que hizo mi mamá una mañana antes de ir al colegio, dijo que no debía comer demasiado o entonces no se fijarian en mi y para un estima tan poco sano como el mío eso era una cachetada tan profunda que revolcaba todo lo aprendido anteriormente. Entonces ya omitía el desayuno, progresivamente, fui omitiendo la cena y me tragué el cuento de que el almuerzo era la comida principal, por lo cual solo estaba al pendiente de ingerirla.

Mi relación con Darla era sustancialmente pobre. Ella siempre fue muy autónoma y deshinibida y yo muy dependiente y arraigada, en ese vaivén, siempre discutimos por quien tenía la razón, y no llegábamos a acuerdos que nos beneficiaran a ambas. Ella me resultaba más fastidiosa a medida que iba tomando carácter, me parecía una mezcla muy mal combinada entre mi papá y mamá.

Cuando definitivamente logré graduarme del colegio, empecé a notar ciertos cambios en mi aspecto físico, no es que antes no los hubiera tenido, sino que hasta ese entonces no los había percatado. Tenía grandes caderas, pero al mismo tiempo mi silueta era fina y delicada, mi cara muy simétrica y mis ojos muy apagados. El día de la graduación admití no graduarme como todos, en ese tiempo la situación económica era bastante lamentable, ya mi padre no enviaba dinero y estaba completamente desentendido de mi hermana y de mi, yo siendo la mayor tuve que soportar las reprimendas de mi mamá, quien no hacía más que quejarse, entonces ese día no asistí a la graduación, logré mentir con gran habilidad al coordinador de curso, le dije que estaba mal de salud, no sé percató y optó por enviarme el cuadro de honor a casa al día siguiente. Era tiempo navideño y acudí a una tía lejana para pedirle empleo y solventar al ver que mi mamá no tomaba acción, así que empecé a trabajar de mesera temporal en el restaurante nocturno, ganaba muy poco, pero servía para responder medianamente.




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