Aziza
De camino a mi habitación con el libro entre mis manos, sigo digiriendo toda la información que Jamal me ha dado. Mis pasos resonaban en la estancia, iba subiendo las escaleras cuando mi hermano detuvo mi camino.
—¿Dónde estabas? —el tinte de su voz sonaba molesto—. Papá te buscaba y, al no encontrarte, se enfureció.
—Fui a la biblioteca —dije sin más.
—Tienes prohibido salir…
—Tengo prohibido salir del castillo —lo interrumpo—, pero no especificó que no podía salir de mi habitación —me crucé de brazos y el gesto sirvió para esconder el libro.
—A veces creo que haces las cosas solo para tentar tu suerte, Aziza —me señala.
—Y yo siento que tú estás de su parte, Ali —le reclamo.
—No estoy de su parte —me mira frunciendo el ceño—. ¿Sabes lo difícil que es sobrellevar su carácter y temperamento?
—No parece que sufras mucho, ya que siempre la que paga su mal humor soy yo —lo miro molesta y suelto una risita sarcástica—. Tanto sufres su carácter que cuando un asesino le propuso una «alianza», me tomaron a mí para usarme como cebo y no dijiste nada. ¡Nada! —al gritar, lo empujo para seguir mi camino.
—¿Crees que no hice nada? Le dije que no era buena idea, pero no me escuchó —suelta, molesto—, y no le dije una sola vez, lo dije varias veces.
—Hay una diferencia entre solo «decir» y hacer, Ali.
Sin esperar respuesta, continúo camino a mi habitación. Cierro la puerta y me dejo caer en la cama con el libro entre mis brazos. Suelto un suspiro y lo observo. Lo abro y empiezo a hojearlo, al deslizar cuatro hojas, un dibujo de un fénix está plasmado en toda la página.
«Seres renacientes de las cenizas», se leía en la última línea, justo debajo del dibujo. Mi curiosidad pudo más y empiezo a leer.
Linaje absolutista antes de la creación
Hamman Asak, ciervo de los dioses.
Cuentan las historias que fue bendecido por los dioses para poner orden en la tierra y guiarlos por el buen camino. Los dioses le otorgaron habilidades inimaginables: creaba vida de sus manos, mares y ríos, de sus lágrimas, de sus ojos, luz y oscuridad. Conocido por ser el creador de la nación que hoy conocemos, por honrar su nombre, los ciudadanos acordaron nombrarlo su soberano y ponerle su nombre a la tierra bendita. Hamman es conocida hoy por ser la capital de nuestra nación.
Al pasar el tiempo, la tierra se nutría de magia y criaturas magníficas. Todo vivía en armonía, las colonias estaban en paz; los benditos de la tierra cuidaban la flora y fauna, los benditos de agua movían y bendecían el líquido vital y, junto a los benditos del fuego y aire, mantenían el balance de toda la naturaleza y el clima.
Todo fluía y estaba en armonía, los nacimientos de nuevos habitantes eran bendecidos por los mismos dioses, otorgándoles diversas habilidades. Muchos fueron bendecidos con habilidades curativas y reparadoras, otros podían crear e imbuir magia en objetos.
Cada cruce entre los inmortales creaba nuevos habitantes con habilidades cada vez más maravillosas. Del cruce de creadores y sanadores empezaron a nacer los portadores. Sin embargo, no todo fue perfecto. Los habitantes empezaban a tener diferencias entre sí, creando enfrentamientos, los dioses, molestos, tomaron a varios y los maldijeron con el don del castigo y una promesa de escarmentar a todo aquel que quiera alterar la paz de la tierra.
Se restableció el orden entre los inmortales y todo volvió a su cauce. Los Daematis se empezaron a notar como hijos de portadores y castigadores, una habilidad poco común y, al pasar el tiempo, los Daematis no tenían control.
Los dioses, en respuesta, le dieron a Hamman la bendición absoluta. Este don era capaz de controlar cada elemento, cada pizca de poder y magia en la tierra. Tanto fue el poder que, con tan solo un chasquido, sacudió la tierra y la hizo temblar hasta el firmamento. Los habitantes, al ver tal poder, inclinaron la cabeza a su nuevo soberano absoluto. Hamman restauró la paz nuevamente y gobernó por siglos. Se casó y tuvo una hija que, al igual que él, fue bendecida por los dioses.
—Waafe Asak, hija bendita.
Hija de Hamman Asak, muchos dicen que el día de su nacimiento, la tierra floreció y cobró más vida. Su madre, de la cual no hay registros, murió al dar a luz, fue criada por su padre, creció rodeada de belleza y gracia. Al llegar a la edad, se casó con un joven…
El texto quedó a la mitad. Las hojas están arrancadas… Paso las páginas, pero no hay más información sobre la chica. Los títulos ya eran de la creación de los escudos de cada región de la nación entera, paso más páginas y los escudos se adueñan de ellas.
Elementales, identificado por un círculo con los cuatro elementos; está dibujado como escudo. Sanadores y curanderos, tenía el dibujo de unas manos unidas y un pequeño sol entre ellas. El de los alquimistas ostentaba una espada ligeramente inclinada y en la punta goteaba algo que puede ser el poder imbuido. Los daematis y castigadores lucían fases de la luna y unas llamas de fuego en las bases de cada fase. Paso la página y el último dibujo mostraba un fénix con las alas abiertas centrado en un círculo y, alrededor del círculo, unos hilos se entrelazaban entre sí alrededor del ave.