Emma
Los siguientes tres días son una verdadera tortura.
Decido que voy a actuar normal, como si dentro mío nada se hubiera roto. Sonrío cuando debo sonreír, hablo cuando debo hablar. Pero por dentro, estoy desmoronándome.
Cada noche, cuando Colton sube a su estudio después de cenar, yo me quedo despierta escuchando. Esperando otra llamada…que para mí desgracia, sucede.
"Yo también te extraño..."
Las palabras se clavan en mi pecho como cuchillos. Es un bastardo.
Es viernes por la mañana y es cuando tomo una decisión.
Después de dejar a Mia y Noah en el colegio, no regreso a casa como siempre. En cambio, conduzco hacia el centro de la ciudad. Hacia la agencia de marketing donde trabaja Colton.
Necesito verlo, necesito confirmar con mis propios ojos lo que ya sé. Me estaciono al otro lado de la calle, en un lugar donde puedo ver la entrada principal y donde nadie me notará.
Me siento estúpida, patética. Como en esas películas de esposas desesperadas que espían a sus maridos.
Sin embargo, no puedo irme. No hasta tener la certeza.
Pasan veinte minutos. Luego cincuenta.
Estoy a punto de rendirme cuando lo veo. Colton sale del edificio, no está solo. A su lado camina una mujer joven. Veintitantos años, cabello castaño largo, con un vestido ajustado que resalta sus prominentes curvas. Seguro ha pasado por el quirófano un par de veces.
Ella ríe por algo que él le dice en el oído.
Colton la mira de una forma que hace que se me revuelva el estómago. Es la misma mirada que solía dedicarme a mí, hace mucho tiempo. Cuando aún supongo, estaba enamorado de mí.
Se detienen frente a su auto, y él abre la puerta del copiloto, como un auténtico caballero, como nunca lo es conmigo.
!Qué hijo de…!
Antes de que ella suba, se pone de puntillas y le da un beso, en los labios.
Colton sonríe. Verlo es más difícil de lo que pensé, sería. Las lágrimas nublan mi visión pero no puedo apartar la mirada.
Los veo subir al auto, y alejarse.
En ese preciso momento, algo dentro de mí se enciende. No es tristeza lo que siento, es furia.
Una rabia que quema mi pecho. Me seco las comisuras de mis ojos con más fuerza de la necesaria. Arranco el auto y los sigo.
Mantengo la distancia sin perderlos de vista.
Se detienen en el restaurante, el mismo del recibo. Me estaciono, y los observo entrar.
Sé que tengo dos opciones, una es irme y la otra es encararlo. Y de hacerlo, el muy miserable es capaz de negar todo.
Me niego, !Por Dios!, me niego totalmente a ser una tonta cornuda.
Bajo del auto, haciendo uso de la valentía que he reprimido durante ocho años. Aguantando sus desplantes, sus humillaciones, y desprecios.
De esta no te escapas Colton.
Entro al local, y mis ojos lo buscan, desesperada.
—Buenas tardes, señora. ¿Tiene reservación? —me pregunta un mesero.
—No—mi voz suena fría, y tal vez agresiva, pues el muchacho retrocede un paso—. Estoy buscando a alguien.
Sigo mirando, y los encuentro. En una mesa del rincón, la más privada y privilegiada. Si, la más costosa.
Me siento peor, mis manos cosquillean, y algo extraño me sube por la garganta.
Ríen, hablan, se miran como si fuesen únicos en el mundo. Y yo una estúpida que lo espera en casa, como una esposa devota.
Mis pies se mueven solos, camino entre las mesas, directo a ellos.
Llegó. Ella me ve primero, sus ojos se abren, y entiendo que la cría me conoce. Probablemente sabe que es la amante de turno de un hombre casado, y no le importó. Rápidamente retira las manos que tenía entrelazadas con las de él.
Colton voltea, se pone pálido.
—Emma... —susurra. Mi nombre en sus labios me provoca repulsión—. ¿Qué... qué haces aquí?
—Debería preguntarte lo mismo —me inclino a él, no de manera amistosa—. ¿No se supone que estabas en una reunión de trabajo?
Se pone de pie tan rápido que casi tumba su silla—. Esto... esto es una reunión de trabajo —dice señalando a la mujer—. Ella es Abby. Trabaja con nosotros en la agencia.
La miro; es hermosa, joven. Todo lo que yo dejé de ser hace años.
—¿Una reunión de trabajo? —repito lentamente—. ¿Con las manos entrelazadas?
—Emma, no es lo que piensas…
—¿No? —mi voz sube de volumen. Las personas cercanas comienzan a prestarnos atencion—. Entonces dime, querido esposo, ¿Qué es exactamente?
Abby se levanta también.
—Creo que debería irme —dice con voz temblorosa.
—No —digo firmemente, me acerco y le digo en el oído—. Si te vas, te juro que solo quedará el rastro de tu linda cabellera.
Me ve asustada, mordiéndose los labios, y se vuelve a sentar.
Vuelvo mi atención a Colton—. No soy estúpida, lo sabes muy bien. No quieras mentirme en la cara.
Él no dice nada.
—¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo llevas engañándome?
No dice nada, y eso, en vez de calmarme, me enfurece aún más.
—CUÁNTO TIEMPO —repito, esta vez gritando.
—Seis meses —dice en voz baja.
Seis meses mientras yo preparaba sus comidas. Mientras lavaba su ropa, y criaba a sus hijos sola.
Siento que voy a vomitar.
—Emma, podemos hablar de esto. En casa, en privado.
—¿Privado? —suelto una risa irónica—. ¿Acaso quieres manipularme y fingir que nada pasó?
Miro a Abby—. ¿Sabías que estaba casado?
Ella asiente entre sollozos.
—¿Sabías que tiene dos hijos?
Otro asentimiento.
—Lo siento —murmura Abby—. Yo no quería... él dijo que…
—¿Qué? —la interrumpo—. ¿Qué te dijo? ¿Que su esposa no lo entendía? ¿Que su matrimonio era una farsa? ¿Que te amaba a ti?
Ella no responde, no necesita hacerlo. Su silencio lo dice todo.
Vuelvo a mirar a Colton—. Quiero el divorcio.
Las palabras salen con una claridad que me sorprende incluso a mí.
—Emma, espera... podemos arreglarlo…
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Editado: 10.03.2026