Renacer en el amor

Decisión

Emma

Conduzco sin rumbo fijo.

No puedo volver a casa todavía, no con mis nudillos rojos, no con el maquillaje corrido, y no con el peso de lo que acaba de pasar aplastándome el pecho.

Necesito tiempo, necesito procesar. Necesito...

Mi teléfono vibra en el asiento del copiloto. Lo ignoro. Vibra otra vez, y otra.
Me detengo en el estacionamiento de un parque.

Tomo el teléfono. Siete llamadas perdidas de Colton. Tres mensajes de él.

"Emma, por favor, necesitamos hablar."
"Estás exagerando. Fue un error."
"¿Me rompiste la maldita nariz! ¿Estás loca?"

Borro los mensajes sin responder. Veo la hora y me doy cuenta que me quedan cinco minutos para ir por los niños a la escuela.

Sin embargo, hay otros dos mensajes, de Amelia, mi hermana.

Em, voy por los niños, los extraño, los llevaré a mi casa.

Gracias a Dios por Amelia. Viviendo a solo diez minutos de mí, siempre ha sido mi salvavidas. Recoge a los niños del colegio cuando tengo alguna emergencia, o cuando ella quiere verlos. Con manos temblorosas, abro el chat grupal. El que tenemos las tres desde la universidad; Harper, Amelia y yo. Escribo solo tres palabras:

"Las necesito. Ahora."

Harper: "¿Dónde estás?"
Amelia: Voy llegando a mi casa, las espero aquí.
Yo: Voy en camino.
-
-
Quince minutos después, estaciono frente a la casa de Amelia. Un pequeño departamento al que siempre me ha gustado venir.

Antes de que pueda tocar la puerta, Amelia la abre. Sus ojos se agrandan al ver mi estado.

—Emma... —susurra, mirándome de pies a cabeza. Me toma de la mano y me jala adentro. En la sala, escucho las risas de Mia y Noah. Están viendo caricaturas.

—Los mandé a ver monitos mientras meriendan—me dice la rubia en voz baja—. Harper viene en camino.

Asomo la cabeza a la sala. Mis niños están sentados en el piso, con platos de tostadas con mermelada y vasos de leche con chocolate.
Ríen alegres…Están bien, están seguros. Eso es lo único que me importa.

—¿Mami? —Noah me ve y sonríe—me acerco y los abrazo a ambos—. Hola, mis amores ¿Se están portando bien con la tía?

—¡Sí! —responde Mia—. Estamos viendo Bluey.

—Perfecto. Sigan viéndola. Mami va a hablar con la tía un momento, ¿Sí?

Ambos asienten y vuelven su atención a la pantalla.

Amelia me lleva a la cocina. Me siento en una de las sillas, ya no me contengo más, las lágrimas comienzan a caer.

Ella no dice nada. Solo me abraza, y yo me apoyo sobre su hombro.

Diez minutos más tarde, escuchamos el timbre.

Amelia va a abrir mientras me limpio la cara con una servilleta. Harper entra a la cocina, todavía con su uniforme de trabajo, me ve con preocupación y furia.

—¿Qué hizo ese hijo de puta?

Les cuento todo; el recibo, las llamadas nocturnas, el seguimiento hasta el restaurante, la confrontación, y el puñetazo.

Cuando termino, Amelia está llorando conmigo. Harper tiene los puños apretados.

—Debiste haberle roto más que la nariz —dice Harper.

—Lo siento tanto, Em —mi hermana me apreta la mano—. Siempre supe que era un imbécil, pero esto... esto es imperdonable.

Me encojo de hombros—. Creo que en el fondo, lo ví venir. Algunas mujeres enamoradas se ponen la venda en los ojos, negándose a ver la realidad, y yo fui una.

De pronto, recuerdo las humillaciones y sus palabras hirientes.

Emma, no sirves más que para dueña de casa.

No puedo llevarte a la junta, que pensaran de mi, si presento a mi esposa, que se viste como una anticuada.

Ya volviste a subir de peso ¿Qué acaso no te da vergüenza ese estómago flácido?

Claro que subí de peso, si la ansiedad me hacía atragantarme con dulces.

Pensar en todo eso, me hace querer abofetearme por necia.

Limpio las lágrimas de mi rostro. Ya no lloraré más por un infeliz como ese. No sufriré por un poco hombre que creyó que merecía engañarme. Por una escoria que jamás ha sido, ni buen padre, ni buen esposo.

He tomado una decisión. Levanto mi rostro, y las miro fijamente—. Escúchenme bien, me voy a levantar, le voy a demostrar a ese, que soy fuerte, que soy valiente, y que lo que no me mata, solo me fortalece.

Soy más de lo que él vio en mí. Yo sé cuánto valgo, sé lo importante y valiosa que soy. Y juro que brillare, saldré adelante cueste lo que cueste.

Creo en mí…y lo mejor está por venir.




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