James se quedó parado en medio de su oficina, inmóvil como una estatua.
Miraba su mano. La misma mano que acababa de tocarla.
¿Qué demonios acababa de pasar?
¿Por qué ella? ¿Por qué esta mujer desconocida? ¿Por qué su contacto no le había provocado lo mismo que el de todas las demás?
¿Y por qué, por todos los cielos, sentía el impulso casi irresistible de seguirla?
—Amigo.
La voz lo arrancó bruscamente de sus pensamientos.
James levantó la vista. Eduard estaba parado en la puerta de su oficina, mirándolo con curiosidad y preocupación.
—¿Y quién es ella? —preguntó Eduard, señalando con un gesto de cabeza hacia el pasillo por donde Emma había desaparecido.
Y entonces, Eduard dijo las palabras que hicieron que algo en el pecho de James se tensara de forma casi dolorosa.
—Está guapísima.
Se giró hacia el pasillo, buscándola con la mirada, con urgencia. Pero ella ya se había ido.
—Oye —el pelinegro se acercó y le dio un golpe amistoso en el hombro—. ¿Qué te sucede? Estás actuando muy raro.
James sacudió la cabeza, como si pudiera sacudir los pensamientos confusos que lo invadían.
—No, no pasa nada.
Mentira. Pasaba algo, algo enorme, algo que no lograba comprender.
Camino a su escritorio, necesitando espacio, necesitando aire, necesitando pensar con claridad.
Y de pronto la vio.
En el suelo, justo donde ella había estado parada momentos antes, había algo pequeño. Una tarjeta de identificación con un cordón azul.
La recogió.
Logo de CleanPro, departamento de limpieza, y una fotografía pequeña. Esos mismos ojos verdes que lo miraron hace apenas un momento.
Y debajo de la foto, impreso en letras negras, un nombre.
Emma Mitchell.
—Emma —susurró James para sí mismo, probando cómo se sentía el nombre en su lengua.
Y algo en su pecho, algo que había permanecido dormido, congelado, muerto durante cinco interminables años, se movió, latió, despertó.
Guardó la identificación en el bolsillo interior de su saco con cuidado. Un movimiento que ni siquiera se detuvo a analizar.
—¿James? —la voz de Eduard le llegó desde la puerta—. ¿Qué es eso? ¿Qué encontraste?
—Nada —respondió.
Pero no era nada.
Era un nombre, una mujer, una sensación que no podía explicar ni comprender.
Era la primera vez en cinco años que sentía algo más que el dolor constante y aplastante de la pérdida.
Y eso lo aterrorizaba tanto como lo atraía.
.
.
Eduard Brown observó a su amigo con atención.
Conocía a James Blackwood desde hace quince años. Lo vio construir un imperio desde cero, lo vio enamorarse perdidamente de Catherine. Lo había visto destrozarse cuando ella murió.
En estos cinco años posteriores, fue testigo de cómo James funcionaba en piloto automático. Trabajar como un autómata, rechazar a toda mujer que se le acercara. Vivir más no estar vivo.
Pero en este momento, observandolo guardar esa identificación en su bolsillo con tanto cuidado, con tanta delicadeza, Eduard vio algo que no había presenciado en años.
Vio interés genuino, vio confusión y vio…vida.
—Entonces... —empezó con sutileza, eligiendo sus palabras—. ¿Quién era esa mujer?
James no lo miró. Estaba mirando por la ventana, con la vista perdida en el horizonte de la ciudad, pero Eduard sabía que no estaba viendo el paisaje.
—Personal de limpieza —respondió, su voz sonaba distante, perdida.
—¿Y...? —su amigo presionó suavemente.
—¿Y qué?
—James, te conozco desde que éramos unos críos. Sé cuándo algo te afecta, y esa mujer definitivamente te afectó.
James finalmente lo miró. Y en sus ojos, Eduard vio algo que le hizo sonreír por dentro, aunque mantuvo su expresión neutral.
Confusión. Vulnerabilidad. Y debajo de todo eso, apenas visible pero innegablemente presente... esperanza.
—No lo sé —admitió el castaño, con una honestidad que lo sorprendió incluso a él mismo—. No sé qué pasó. No sé qué fue eso.
Eduard se acercó y puso una mano reconfortante en el hombro de su amigo.
—Pero pasó algo —no era una pregunta. Era una afirmación.
James asintió lentamente, como si apenas estuviera empezando a procesarlo.
—Sí —susurró, tan bajo que Eduard apenas pudo escucharlo—. Pasó algo.
#93 en Novela romántica
#29 en Chick lit
jefe empleada sorpresas, divorcio y nuevos comienzos, infidelidad y traicion
Editado: 10.03.2026