El Martes por la mañana, Emma se despertó con una sonrisa en los labios. Tenía una cita, una cita real, con James.
Se levantó de la cama con más energía de la usual, preparó el desayuno para Mía y Noah, y los vistió para la escuela.
Mía no paraba de hablar sobre James—. Y me ganó el unicornio más grande, mami, y jugamos en el castillo y dijo que soy muy amable. ¿Cuándo lo vamos a volver a ver?
Emma sonrió, acariciándole la cabeza mientras le ponía las coletas.
—El sábado, mi amor.
Mía brincó de emoción—. ¿De verdad? ¿Lo vamos a ver el sábado?
—Sí, vamos a salir juntos. Tú, Noah, James y yo.
Noah, más callado como siempre, levantó la vista de su cereal.
—¿Como una cita?
Ella sintió calor subir por sus mejillas—. Algo así.
—Me agrada James, mamá. Es diferente a papá.
Emma sintió un nudo en la garganta—. Lo sé, cariño. A mí también me agrada.
Los dejó en la escuela con besos y abrazos . Mía gritó "¡Adiós mami!" Y luego corrió hacia su salón. Noah le hizo un gesto con la mano antes de entrar al suyo.
Emma se fue al trabajo con el corazón más emocionado de lo que había estado en meses, tal vez años.
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El día pasó en una burbuja de felicidad. Emma limpió el piso dieciocho cantando suavemente. Normalmente odiaba limpiar baños, pero hoy hasta eso le parecía tolerable.
Porque el sábado vería a James. Con sus hijos, como una familia. No, no una familia. No todavía. Pero... algo, algo que podría convertirse en eso algún día. Estaba vaciando un bote de basura cuando su teléfono sonó.
Número desconocido.
Normalmente no contestaba números desconocidos, pero algo le dijo que lo hiciera.
—¿Hola?
—¿Señora Mitchell? Soy la directora de la Escuela Primaria San José.
Emma sintió como si alguien le hubiera echado agua helada encima. El tono de la voz de la directora no era normal. Había algo urgente, algo malo.
—Sí, soy yo. ¿Pasó algo? ¿Mis hijos están bien?
Su voz salió más aguda de lo que pretendía.
—Sus hijos están bien, señora Mitchell. Están en sus aulas. Pero... necesito que venga a la escuela. Ahora mismo, es urgente.
—¿Qué pasó? ¿Les pasó algo? ¿Se lastimaron?
—No, no se lastimaron. Necesito que venga. Por favor. Es... es una situación delicada.
Emma sintió su corazón latir como tambor—. Voy para allá. Voy ahora.
Colgó con manos temblorosas. Dejó caer todo lo que estaba haciendo, el bote de basura, el trapeador, todo.
Corrió hacia el elevador, su mente corriendo más rápido que sus pies.
¿Qué había pasado? ¿Se habían peleado? ¿Alguien los había lastimado? ¿Estaban enfermos?
La directora había dicho que estaban bien. Pero entonces, ¿Qué?
Mientras corría hacia la salida del edificio, sacó su teléfono y escribió un mensaje rápido a James.
“Emergencia en la escuela de los niños. Tengo que ir”
No esperó respuesta, solo corrió.
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Flashback
Agatha se quedó hasta el final de la fiesta del parque, escondida detrás de árboles, tomando fotos desde diferentes ángulos.
James con la niña en brazos, James riendo con el niño, James mirando a Emma con esos ojos llenos de... de lo que Agatha siempre anhelo.
Y la peor de todas: los cuatro juntos. Emma, James, y esos dos mocosos.
Parecían una maldita postal familiar.
Cuando llegó a su apartamento esa noche, descargó todas las fotos en su computadora. Las examinó una por una, la rabia creciendo con cada imagen.
Necesitaba hacer algo, necesitaba destruir esto antes de que fuera demasiado tarde.
Abrió Facebook y buscó el perfil de Colton Mitchell. Todavía tenían su conversación anterior. El hombre era un idiota narcisista, pero era el tipo de idiota que podía serle útil.
Seleccionó las peores fotos. James cargando a la niña, con su mano en el hombro del niño. Los cuatro caminando juntos, con James y Emma tan cerca que sus manos casi se tocaban.
Escribió el mensaje con cuidado.
“Hola, Colton. Soy yo otra vez, pensé que querrías ver esto. Esto fue el sábado, una fiesta de la empresa. Tu ex esposa estuvo ahí, con su jefe, y tus hijos. Parecen muy... cercanos, pensé que deberías saberlo.”
Adjuntó las fotos y presionó enviar. Después se recostó en su silla, sonriendo.
Ahora solo tenía que esperar.
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Colton recibió el mensaje cuando se encontraba en un bar, en su tercera cerveza. Su teléfono vibró, abrió las fotos y se quedó paralizado.
Emma, SU Emma. Con ese bastardo ricachón, y peor aún, con sus hijos. Mía en los brazos de ese hombre, Noah sonriéndole como nunca le había sonreído a él.
La rabia le quemó en el pecho como ácido.
¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atrevía Emma a presentarle hombres a SUS hijos? ¿A reemplazarlo?
Pidió otra cerveza, y otra. Para cuando cerró el bar a las dos de la mañana, ya tenía un plan.
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Editado: 15.04.2026