Cuando Emma llegó a la escuela veinticinco minutos después, encontró un caos en la oficina de la directora.
Colton estaba ahí, de pie, gritando.
—¡Son MIS hijos! ¡Tengo DERECHO a verlos!
La directora, una mujer menuda de unos cincuenta años, estaba detrás de su escritorio, claramente intimidada pero tratando de mantenerse firme.
—Señor, como ya le expliqué, usted no está en la lista de personas autorizadas para recoger a los niños. Necesito que...
—¡Me importa un carajo tu lista! —Colton golpeó el escritorio con el puño, haciendo que la señora diera un salto hacia atrás—. ¡Soy su PADRE!
Emma entró corriendo—. ¿Qué diablos haces aquí?
Colton se giró, y Emma lo notó al instante. Tenía los ojos inyectados de sangre, olía a alcohol, incluso desde varios metros de distancia.
—Vine a ver a mis hijos —dijo en voz baja, arrastrando las palabras—. ¿O es que ahora tu novio ricachón no me deja verlos?
—¿De qué estás hablando?
Colton sacó su teléfono con movimientos torpes y le mostró las fotos—. ¿Estás presentándoles hombres? ¿Ya tienes nueva familia? —la voz de Colton subió de volumen con cada palabra.
—Eso no es...
—¡Cállate! —gritó—. ¡Ya me cansé de tus mentiras! ¡Quiero ver a mis hijos AHORA!
La directora se levantó—. Señor voy a tener que pedirle que se retire o llamaré a seguridad.
—¡Llámala! —Colton se giró hacia ella bruscamente—. No me importa, no me voy sin mis hijos.
—Colton, estás borracho.
Colton se acercó a ella, y Emma pudo oler el alcohol más fuerte ahora.
—Bien, deberías tener miedo, porque voy a llevármelos. Voy a pedir custodia completa y ningún juez va a dejarte quedarte con ellos cuando sepan que los estás exponiendo a...
La puerta de la oficina se abrió de golpe, golpeando contra la pared.
James entró como una tormenta.
Emma nunca lo había visto así. Su mandíbula tensa y todo su cuerpo irradiaba una furia que daba miedo.
—¿Qué está pasando aquí?
.
.
James recibió el mensaje de Emma hace treinta minutos.
“Emergencia en la escuela de los niños. Tengo que ir”
No había esperado más información, no lo pensó dos veces. Dejó todo; una reunión importante con inversores que llevaban meses tratando de concretar. Eduard trató de detenerlo, diciéndole que esto podía costarles millones. Margaret corrió detrás de él con papeles urgentes que necesitaban su firma.
Nada de eso importó.
Lo único que importaba era que Emma necesitaba ayuda, y sus hijos podrían estar en peligro. Manejó como loco, pasando tres semáforos en rojo. Le importaba un carajo si lo multaban, me importaba un carajo todo excepto llegar ahí.
Llegó a la escuela con el corazón latiéndole en los oídos, estacionó el auto en diagonal ocupando dos espacios, y corrió hacia el edificio. Y cuando entró a esa oficina y vio a Emma, cuando vio a ese hombre borracho gritándole, amenazándola, algo en él se retorció.
—¿Qué está pasando aquí? —repitió, su voz cortante como cuchillo.
Colton se giró, tambaleándose ligeramente.
—Ahh, el novio. Qué conveniente, qué rápido llegaste a defender a tu...
James no lo dejó terminar. Caminó directamente hacia Emma, ignorando completamente a Colton, y se colocó entre ella y ese borracho.
—Emma, ¿Estás bien? —su voz cambió al hablarle a ella. Suave y preocupada.
Ella asintió, y al hacerlo y saber que Emma estaba bien, se giró hacia Colton—. Necesitas irte, ahora.
Tu—¿O qué? ¿Me vas a golpear? Adelante, hazlo delante de todos. Dame más razones para quitarle a los niños a esta zorra.
James sintió sus puños cerrarse. Cada músculo de su cuerpo quería lanzarse contra ese hombre y romperle la cara. Pero no lo hizo, pues eso era exactamente lo que Colton quería. Provocarlo, tener evidencia.
En cambio, James se quedó completamente quieto, mirándolo con desprecio—. No voy a tocarte, no vale la pena ensuciarme las manos, pero voy a llamar a la policía, y voy a asegurarme de que tengas una orden de restricción que te prohíba acercarte a esta escuela, Emma y a esos niños.
—Son MIS hijos.
—Eres un borracho que acaba de amenazar a su ex esposa en una escuela —James sacó su teléfono lentamente, sin quitarle los ojos de encima—. ¿De verdad quieres que un juez sepa eso? ¿Quieres que quede registrado que viniste aquí apestando a alcohol?
Colton titubeó. Recién ahí, pareció darse cuenta de dónde estaba y de lo que estaba haciendo.
—Vete ahora, voluntariamente, o te sacan las autoridades y esto queda en tu expediente. Tú decides.
Él retrocedió, comprendió que no podía enfrentarse a un hombre como él.
—Esto no termina aquí —escupió, señalando a Emma—. Voy a quitártelos, ya verás. Voy a demostrar que no eres apta, que eres una mala madrez y ese bastardo no va a poder salvarte.
Salió, azotando la puerta con tanta fuerza que el vidrio tembló.
Emma se desmoronó.
Sus rodillas cedieron, James la atrapó antes de que cayera, sosteniéndola contra su pecho.
—Te tengo, te tengo, ya pasó.
Emma sollozaba contra su camisa. Él la sostuvo fuerte, una mano en su espalda, la otra acariciando su cabello.
La directora los observaba en silencio, claramente shockeada por todo lo que acababa de presenciar.
—¿Dónde están los niños?
—En sus aulas. No se enteraron de nada. Los maestros tienen instrucciones de mantenerlos ahí hasta que usted diga.
—Bien. Manténgalos ahí un poco más, por favor.
La directora asintió y salió discretamente, dejándolos solos.
James guió a Emma hacia una silla y se arrodilló frente a ella, tomando sus manos entre las suyas.
—Emma, mírame.
Ella levantó la vista, con los ojos rojos e hinchados.
—Va a quitármelos —su voz salió quebrada—. Va a quitarme a mis hijos, lo dijo. Va a... va a...
—No —tomó su cara entre sus manos con firmeza—. Mírame, no lo va a hacer. Te lo prometo.
#49 en Novela romántica
#14 en Chick lit
jefe empleada sorpresas, divorcio y nuevos comienzos, infidelidad y traicion
Editado: 15.04.2026