El jueves por la mañana, Emma se despertó con un nudo en el estómago.
Hoy era el día. La reunión con el abogado de James.
Se vistió con cuidado, eligiendo uno de sus mejores outfits. No su uniforme de trabajo, sino un vestido sencillo pero elegante que Amelia le había prestado.
James pasó a recogerla a las nueve en punto. Cuando Emma abrió la puerta, él se quedó mirándola por un momento.
—Estás hermosa.
—Es solo un vestido.
—No, eres tú.
Ella sintió un calor subirle por las mejillas.
El trayecto al bufete fue silencioso. Emma revisaba la carpeta que preparó. Mensajes de texto de Colton ignorando peticiones sobre los niños, correos electrónicos donde él cancelaba visitas a último minuto, testimonios escritos de Harper y Amelia sobre su falta de participación.
Y las fotos. Esas malditas fotos que había tomado ese día en el restaurante, Colton con Abby, besándose, tocándose. Le dolía mirarlas todavía. No porque lo extrañara, sino porque representaban todo lo que había perdido creyendo en él.
—Hey —James puso su mano sobre la de ella—. Va a estar bien.
Emma asintió, queriendo creerle.
El bufete era distinguido, moderno, intimidante.
La recepcionista los saludó con una sonrisa—. El señor Mendoza los está esperando. Por aquí, por favor.
Los guió por un pasillo con paredes de cristal hacia la oficina.
Ricardo Mendoza era un hombre de unos cuarenta y cinco años, cabello negro con canas en las sienes, traje impecable. Se levantó en cuanto entraron, extendiendo la mano primero hacia Emma.
—Señora Mitchell. Es un placer conocerla. Soy Ricardo Mendoza.
—Emma, por favor. El placer es mío.
Ricardo saludó a James con un apretón de manos firme.
—James, gracias por venir.
—Gracias por recibirnos con tan poca anticipación.
—Para ti, siempre.
Se sentaron. Ricardo detrás de su escritorio de caoba. James y Emma en las sillas frente a él.
El abogado abrió una libreta y tomó una pluma—. Bien, Emma. Hablemos de tu caso. James me dio un resumen básico, pero necesito que me cuentes todo desde tu perspectiva. Empecemos por el principio. ¿Cuánto tiempo llevas casada con Colton Mitchell?
—Ocho años.
—¿Y cuándo comenzaron los problemas?
Emma pensó—. Desde siempre, supongo. Pero yo no los veía, o no quería verlos. Colton nunca fue muy... presente. Con los niños, con nosotros. Trabajaba mucho, o eso decía. Llegaba tarde, se iba temprano. Los fines de semana prefería salir con sus amigos.
Ricardo escribía rápidamente—. ¿Participaba en el cuidado de los niños?
—No. Casi nunca. Yo era quien los llevaba al doctor, a la escuela, a sus actividades. Él decía que estaba muy cansado, que su trabajo era estresante.
—¿Y la infidelidad?
—Los encontré en un restaurante. Juntos.
Ricardo levantó la vista—. ¿Tienes pruebas de eso?
Emma sacó su teléfono y le mostró las fotos.
—¿Puedo tener copias de estas?
—Sí. Las tengo en mi computadora.
—Perfecto. ¿Algo más? ¿Mensajes? ¿Correos?
—Tengo todo aquí—señaló la carpeta—. Mensajes donde le pedía que recogiera a los niños y él decía que estaba ocupado. Correos donde cancelaba sus fines de semana con ellos. Testimonios escritos de mi hermana y mi mejor amiga sobre cómo él nunca estuvo presente.
Ricardo tomó la carpeta y comenzó a revisar. Página tras página, y su expresión se volvía más satisfecha con cada documento.
Después de diez minutos, cerró la carpeta y miró a Emma.
—Emma, esto es excelente. Más que excelente. Tienes documentación sólida de un patrón de negligencia parental. Evidencia fotográfica de infidelidad, testimonios de terceros, y ahora, con el incidente en la escuela del lunes...
—¿Cómo sabes de eso? —Emma miró a James.
Él se encogió de hombros—. Le conté todo.
Ricardo asintió—. El incidente en la escuela es oro puro para nuestro caso. Colton se presentó borracho, amenazante, en un lugar lleno de testigos. La directora puede testificar, los maestros. Emma, con estas pruebas, no solo vamos a defender su demanda de custodia. Vamos a ganarla, completamente, y vamos a asegurarnos de que Colton tenga visitas supervisadas únicamente. Si es que el juez le concede alguna.
—¿De verdad?
—De verdad. Te lo aseguro.
James tomó la mano de Emma bajo la mesa, apretándola suavemente.
Ricardo continuó.
—Ahora, hay algo más que necesitamos discutir. Colton está argumentando que tienes una relación inapropiada con tu superior. Que estás exponiendo a los niños a esto.
—Pero yo no...
—Lo sé —levantó una mano—. Pero necesitamos estar preparados para esto. Colton tiene fotos de ustedes en el parque con los niños. Va a tratar de usarlas.
James se inclinó hacia adelante—. ¿Qué sugieres?
—Honestidad. Vamos a admitir que sí, James y Emma son amigos. Que sí, James ha pasado tiempo con los niños. Pero en un contexto completamente apropiado, una fiesta de la empresa, en público, con cientos de testigos.
Miró a Emma.
—¿Alguna vez James ha estado a solas contigo de manera inapropiada?
—No. Nunca.
—¿Ha dormido en tu casa?
—No.
—¿Los niños alguna vez los han visto en una situación comprometedora?
—No. Nunca ha pasado nada entre nosotros.
Ricardo asintió, satisfecho.
—Bien. Entonces el argumento de Colton se cae solo. Ustedes son amigos, eso es todo, y no hay nada inapropiado en que un amigo pase tiempo con una madre soltera y sus hijos—se reclinó en su silla—. Voy a presentar una contrademanda. Custodia completa para ti, Emma. Visitas supervisadas para Colton, y voy a pedir una orden de restricción temporal basada en el incidente de la escuela.
—¿Cuánto tiempo tomará todo esto? —James preguntó.
—Un caso de custodia típico puede tomar meses. Pero con la evidencia que tenemos, y con el incidente reciente, puedo acelerar las cosas. Podríamos tener una audiencia preliminar en tres semanas.
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Editado: 15.04.2026