Renacer en el amor

Que todos sepan

El lunes por la mañana, Emma llegó a la empresa con la alegría reflejada en su rostro. Aún podía sentir el beso de James en sus labios, aún escuchaba las palabras de él en su mente. Cómo si fuese un sueño del cual no quería despertar.

Cuando entró al edificio, inmediatamente notó las miradas.

Pasó junto a dos secretarias en el lobby. Una de ellas susurró algo a la otra. Emma no escuchó las palabras exactas, pero alcanzó a oír “acuario” y “Domingo”.

Abrió los ojos como platos ¿Alguien los había visto?

Bajó al nivel -1, Leah ya estaba ahí—. Emma —la saludó con una sonrisa—. ¿Cómo estuvo tu fin de semana?

—Bien—intentó sonar tranquila, aunque por dentro temía que un nuevo rumor corriera por los pasillos—. Tranquilo. ¿Y el tuyo?

Leah la escudriñó con curiosidad, esperando, tal vez, que Emma le contase por su propia voluntad.

Sin embargo, la rubia se limitó a sonreir, un poco nerviosa.

—Interesante, muy interesante. Escuché algunos rumores por ahí.

—¿Rumores?

—Sí. Al parecer, alguien vio al señor Blackwood el domingo. En el Acuario Nacional, con una mujer y dos niños.

Emma se sintió palidecer, tanto, que Leah se acercó y puso una mano en su hombro—. Hey, tranquila. No te estoy juzgando, ya te lo dije. Pero…si tienen algo, es mejor que lo dejen en claro con los demás y así eviten comentarios mal intencionados.

Ella asintió, hallando razón en las palabras de su supervisora.

El resto de la mañana fue de completa incomodidad. Emma podía sentir las miradas siguiéndola con cada paso que daba. Los susurros que se detenían cuando entraba a una habitación, las sonrisas cómplices entre empleados.

A las once, su teléfono vibró, un mensaje de James.

¿Puedes subir a mi oficina? Necesito hablar contigo.

Con esas simples palabras sintió pánico, y un sinnúmero de escenarios pasaron por su cabeza.

¿La iba a despedir? ¿Le iba a pedir que se alejara? ¿Se había arrepentido de todo lo que dijeron anoche?

Con manos temblorosas, respondió.

Voy para allá.

Cuando llegó al piso veinte, Margaret la saludó con una sonrisa amable—. Puedes pasar. Te está esperando.

Tocó la puerta de la oficina de James antes de entrar.

—Adelante.

Él estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos y su porte elegante. Apenas la vio entrar, su expresión, fría y autoritaria, se suavizó.

—Emma. Cierra la puerta, por favor.

Ella así lo hizo, sintiendo su corazón latir tan fuerte que pensó que él podría escucharlo. Se quedó de pie, esperando.

—¿Estás bien? Te ves pálida.

—Estoy bien. Solo... nerviosa.

James frunció el ceño—. ¿Por qué?

—Porque todos están hablando. Alguien nos vio el domingo. En el acuario y ahora todos lo saben.

—Lo sé. Eduard me lo dijo esta mañana.

—James, lo siento. No debí...

—No —la interrumpió, tomando sus manos—. No te disculpes, no hicimos nada malo.

—Pero la gente está hablando.

—Que hablen.

Emma lo miró, sorprendida. La guió hacia el sofá de su oficina y se sentaron juntos.

—Necesito decirte algo, y quiero que seas honesta conmigo sobre lo que piensas—hizo una pausa—. No quiero seguir escondiéndome, no quiero seguir fingiendo que tú y yo somos solo amigos cuando ambos sabemos que es más que eso. Sé que tu divorcio aún no es final, sé que la audiencia es el viernes, y sé que es complicado. Pero... una vez que todo eso se resuelva, quiero tener una relación seria contigo, una relación real, no escondida.

Emma sintió como su corazón latía tan rápido como un tambor.

—¿De verdad quieres eso conmigo?

—Sí, y eso significa que la gente va a hablar. Va a haber rumores, qlgunos van a decir cosas horribles, pero no me importa. Porque tú vales la pena. Tú y tus hijos lo valen todo—acunó su rostro entre sus manos—. Necesito saber que tú también quieres eso. Porque si voy a hacer esto, si voy a decirle a toda la empresa que estoy enamorado de ti, necesito saber que estamos en la misma sintonía.

—Sí, sí, quiero eso, lo quiero todo, contigo—sus ojos se empañaron de lágrimas—. Siempre he sido honesta contigo, James. Desde el primer día y confío en ti. No quiero perder esto, no quiero esconderme tampoco. No podría perderte.

James sonrió, aliviado, pues desde que pisó la empresa y escuchó los rumores. Temió, que nuevamente, Emma se quisiera alejar de él—. Bien, porque voy a convocar una reunión, ahora, con todos los ejecutivos y supervisores… voy a dejar las cosas claras.

—¿Qué vas a decir?

—La verdad, nuestra verdad.

Treinta minutos después, la sala de conferencias del piso veinte se encontraba llena, de ejecutivos, supervisores y empleados.

Emma no estaba ahí. James había insistido en que no era necesario que pasara por eso.

Él se paró al frente de la sala. El murmullo de conversación se detuvo.

—Buenos días a todos. Gracias por venir con tan poca anticipación. Sé que han estado circulando rumores, sobre mí y sobre Emma Mitchell, una de nuestras empleadas del departamento de limpieza.

El silencio era tal, que nadie se atrevía siquiera a moverse.

—Y estoy aquí para aclarar las cosas. No voy a tolerar más chismes ni especulaciones…Es cierto. Emma y yo hemos pasado tiempo juntos fuera del trabajo, y sí, me importa, mucho. De hecho, estoy enamorado de ella.

Hubo un jadeo colectivo.

James levantó una mano—. Pero quiero dejar algo muy claro. Emma y yo no tenemos una relación formal, aún, Pero es lo que quiero y eso es parte de mi vida personal.

Su tono se volvió más firme.

—Ustedes son mis empleados y como tales, tienen la obligación de respetar las decisiones que tomo. No estoy pidiendo su aprobación, estoy diciéndoles cómo van a ser las cosas. Emma Mitchell es una mujer trabajadora, honesta y dedicada. Es una madre increíble y merece respeto. De todos ustedes. No quiero volver a escuchar rumores, no quiero chismes, no quiero que nadie hable mal de ella. ¿Me explico con claridad?




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