James sabía exactamente cuándo se dio cuenta de que quería casarse con Emma.
Fue un martes por la tarde, dos semanas después de la vez que estuvieron juntos en su mansión. Estaban en la cocina preparando la cena juntos mientras Mía y Noah hacían tarea en la mesa del comedor. Mía estaba cantando una canción que había aprendido en la escuela, Noah le preguntaba algo a Emma sobre matemáticas, y Emma le pasaba ingredientes a James mientras le contaba sobre su día.
Era todo tan simple, tan cotidiano, tan perfecto, y James pensó: quiero esto para siempre. No solo viviendo juntos, sino casados. Una familia oficial, en todos los sentidos.
Esa noche, después de que se fué, James sacó su teléfono y comenzó a planea
El miércoles por la mañana, llamó a Amelia.
—Necesito tu ayuda con algo importante.
Amelia estaba en su trabajo cuando contestó, pero su voz se volvió inmediatamente alerta.
—¿Pasó algo? ¿Emma está bien?
—Sí. Pero necesito hablar contigo. ¿Puedes almorzar hoy?
Se encontraron en un café cerca de la oficina de Amelia. Cuando James llegó, ella ya estaba ahí, mirándolo con curiosidad mientras se sentaba frente a ella.
—Está bien, me tienes intrigada. ¿Qué pasa?
—Quiero pedirle matrimonio a Emma.
Amelia dejó caer su taza de café. Afortunadamente estaba vacía.
—¿Qué?
James sonrió nerviosamente.
—Quiero casarme con ella. Y quiero hacerlo perfecto. Por eso necesito tu ayuda.
La joven se llevó las manos a la boca, con los ojos brillando.
—Oh Dios, oh Dios, James. ¿Es enserio?
—Muy enserio, la amo, amo a sus hijos, y quiero que sea mi esposa. Quiero que seamos una familia, oficialmente.
Amelia comenzó a llorar ahí mismo en el café—. Ella va a decir que sí. Lo sabes, ¿Verdad?
—Eso espero. Pero necesito hacerlo bien. Necesito que sea especial, y necesito tu ayuda para planearlo sin que ella sospeche.
Amelia se limpió las lágrimas, sonriendo enormemente.
—Cuenta conmigo. Para lo que sea.
Esa misma tarde, James llamó a Harper.
—James, hola. ¿Todo bien?
—Sí. Pero necesito hablar contigo sobre algo. ¿Tienes tiempo?
—Claro ¿Qué pasa?
James le contó todo, el plan completo que había estado formándose en su mente durante días.
—Eso es... es perfecto, James. Emma va a morir, en el buen sentido.
—¿Crees que le guste?
—Va a ser el día más feliz de su vida. Después de tener a los niños, claro.
James se rio, sintiéndose más confiado.
—Bien. Porque voy a necesitar que me ayudes a mantenerla ocupada mientras preparo todo.
—Cuenta conmigo, y James...
—¿Sí?
—Gracias por amarla como se merece, por amar a esos niños como se merecen.
James sintió un nudo en la garganta—. No tienes que agradecerme. Ellos son mi familia.
Pero había algo que James necesitaba hacer antes que nada. Algo más importante que cualquier plan o preparativo.
Necesitaba hablar con Mía y Noah.
El viernes por la tarde, Emma tenía una cita médica rutinaria. Amelia se ofreció a recoger a los niños de la escuela y James se ofreció a cuidarlos en su mansión hasta que Emma regresara.
Cuando llegaron a su casa, los niños estaban emocionados de explorar las habitaciones que James había mencionado podrían ser suyas.
—¿Esta podría ser mi cuarto? —Mía preguntó, parada en una habitación grande con ventanas que daban al jardín.
—Si quieres, o podrías escoger cualquier otra.
—¡Quiero esta! Puedo ver el jardín, y los árboles, y...
Se detuvo, girándose hacia James—. ¿Sí vamos a vivir aquí?
James se arrodilló frente a ella, tomando sus pequeñas manos.
—Eso depende. Necesito preguntarles algo importante. A ti y a Noah.
Noah, que exploraba la habitación de al lado, entró en ese momento.
—¿Preguntarnos qué?
James los miró a ambos, sintiendo su corazón latir fuerte—. ¿Pueden sentarse? Los dos, esto es importante.
Los niños intercambiaron miradas y se sentaron en el piso junto a James, formando un pequeño círculo.
—Ustedes saben cuánto quiero a su mamá, ¿verdad?
Ambos niños asintieron.
—Y saben cuánto los quiero a ustedes también.
—Nosotros también te queremos —Mía dijo inmediatamente.
Noah asintió en silencio.
—Bueno, he estado pensando, y hay algo que quiero hacer. Pero solo si ustedes están de acuerdo.
—¿Qué cosa? —Noah preguntó, siempre el más cauteloso.
—Quiero pedirle matrimonio a su mamá.
Mía lo miraba con ojos tan grandes que parecían ocupar toda su cara. Noah había dejado de respirar.
—¿Eso... eso significa que te vas a casar con mami? —Mía finalmente susurró.
—Sí. Si ella dice que sí, y si ustedes me dan permiso.
Mía gritó tan fuerte que James casi se cae hacia atrás.
—¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ SÍ SÍ!
Se lanzó a los brazos de James con tanta fuerza que lo tiró completamente al suelo. James se rió, abrazándola mientras ella seguía gritando de emoción.
—¡Vas a ser mi papá! ¡Vas a ser mi papá!
James sintió lágrimas rodar por sus mejillas ahora—. Bueno, técnicamente sería tu padrastro, pero...
—¡No! ¡Vas a ser mi papá! —Mía insistió, mirándolo con esos ojos verdes llenos de amor—. ¿Puedo llamarte papá?
James no pudo hablar. Solo asintió, abrazándola más fuerte.
Pero Noah no se había movido. Seguía sentado en el mismo lugar, mirándolos.
James, aún con Mía en brazos, miró al niño—. ¿Noah? ¿Estás bien?
Noah lo miró seriamente—. Si te casas con mami... ¿Eso significa que vas a quedarte? ¿Para siempre?
—Sí, para siempre.
—¿Y vas a cuidarla? ¿Siempre?
James puso a Mía en el suelo y se acercó a Noah, arrodillándose frente a él.
—Noah, mírame.
El niño levantó la vista.
—Voy a cuidar de tu mamá todos los días por el resto de mi vida. Voy a cuidarte a ti y a Mia, voy a estar aquí para las cosas buenas y las malas. Para los días felices y los días difíciles. No voy a irme, nunca—hizo una pausa—. Te lo prometo, Noah, con todo mi corazón.
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Editado: 15.04.2026