Tres meses después de mudarse a la casa, en una noche tranquila de jueves, después de que los niños se durmieran, James y Emma estaban acurrucados en el sofá de la sala viendo una película.
Emma tenía la cabeza recostada en el hombro de James, jugando distraídamente con sus dedos, cuando él habló de repente con voz seria.
—Hay algo que he estado pensando. Algo importante.
Ella levantó la cabeza para mirarlo, notando la tensión en su mandíbula.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
James pausó la película y se giró para mirarla de frente, tomando sus manos entre las suyas.
—Estoy más que bien. Pero necesito preguntarte algo y necesito que seas completamente honesta sobre cómo te sientes.
—Me estás asustando un poco.
Él sonrió, apretando sus manos.
—No quiero asustarte. Es solo que... Emma, quiero adoptar a Mía y a Noah. Legalmente.
—¿Qué?
—Quiero ser su padre. No solo en nuestros corazones, sino en papel también. Quiero que mi apellido esté en sus certificados de nacimiento. Quiero tener los derechos y responsabilidades legales de un padre. Quiero que si algo me pasa, ellos estén protegidos. Quiero que el mundo entero sepa que son mis hijos.
—James...
—Sé que es un paso grande. Sé que legalmente es complicado, y sé que Colton tendría que estar de acuerdo. Pero si tú estás bien con esto, si los niños están bien con esto, quiero intentarlo. Quiero hacerlo oficial.
Emma no podía hablar. Sólo pudo asentir.
James la abrazó, besando su cabeza.
—¿Es eso un sí?
—Es más que un sí. Es... no tienes idea de lo que esto significa para mí. Para ellos.
—Entonces lo hacemos. Hablo con Ricardo mañana mismo.
El viernes por la noche, James y Emma sentaron a Mía y Noah en la sala. Los niños los miraban con curiosidad, claramente preguntándose por qué sus padres lucían tan serios.
James se aclaró la garganta, de repente más nervioso de lo que había estado en meses.
—Niños, necesitamos hablar con ustedes sobre algo importante.
Mía se abrazó a Shelly, su tortuga de peluche.
—¿Hicimos algo malo?
—No, no, para nada —Emma se apresuró a decir—. Es algo bueno. Al menos esperamos que piensen que es bueno.
Noah frunció el ceño, pensativo.
—¿De qué se trata?
James respiró profundo—. Bueno, ustedes saben que los amo, ¿verdad? A los dos. Como si fueran mis propios hijos.
Ambos niños asintieron.
—Y saben que ya me llaman papá, y eso me hace más feliz de lo que las palabras pueden expresar.
—Sí —dijo Mía—. Porque eres nuestro papá.
—Así es. Y es por eso que... bueno, quiero hacerlo oficial. Quiero adoptarlos, legalmente.
Hubo un momento de silencio mientras los niños procesaban esto.
—¿Qué significa eso? —Noah preguntó.
—Significa que legalmente, yo sería su padre. Mi apellido sería su apellido si quieren. En todos los documentos importantes, yo aparecería como su papá, y ustedes aparecerían como mis hijos.
Mía se levantó de un salto.
—¿Eso significa que seríamos Mia Blackwood y Noah Blackwood?
James sonrió—. Si quieren.
—¡Quiero ser Blackwood! —la niña gritó, brincando—. ¡Quiero que seas mi papá de verdad!
—Ya soy tu papá de verdad, pequeña.
—¡Pero ahora sería en PAPEL! —Mia insistió—. ¡Como en la escuela cuando tengo que poner el nombre de mi papá!
Emma sonreía, encantada con la escena.
James miró a Noah, quien había estado callado durante todo esto.
—¿Noah? ¿Qué piensas?
—¿Significa que nunca te vas a ir? ¿Ni siquiera si te divorcias de mamá como mi otro papá?
James sintió su corazón romperse un poco—. Noah, hijo, no me voy a divorciar de tu mamá. Pero incluso si algo pasara, incluso si por alguna razón tu mamá y yo no pudiéramos estar juntos, seguirías siendo mi hijo. La adopción no se puede deshacer. Una vez que seas mi hijo legalmente, siempre serás mi hijo.
—¿Para siempre?
—Para siempre.
Noah asintió lentamente—. Entonces sí. Quiero que me adoptes.
Se levantó y abrazó a James, quien lo sostuvo fuerte. Mía se unió al abrazo, y luego Emma, hasta que los cuatro estaban en un gran abrazo grupal en medio de la sala.
Ricardo les explicó el proceso al día siguiente en su oficina.
—No va a ser fácil. En casos como este, ambos padres biológicos tienen que dar su consentimiento. Lo cual significa que Colton tiene que firmar los papeles renunciando a sus derechos paternales.
Emma sintió su estómago hundirse.
—Él nunca va a aceptar.
Ricardo asintió.
—Es posible. Pero también es posible que lo haga. Ha perdido todos sus derechos de visitación. No paga pensión alimenticia regularmente, no tiene ninguna relación con los niños. Un juez podría forzar la renuncia de derechos basándose en abandono, sin embargo, sería un proceso largo y costoso.
—¿Cuánto tiempo? —James preguntó.
—Meses. Tal vez un año, y tendríamos que probar abandono, que Colton peleara contra eso...
Ricardo hizo una pausa.
—O... podríamos intentar hablar con él. Explicarle la situación. A veces, cuando las personas entienden que lo mejor para los niños es dejarlos ir, lo hacen.
Emma se rió amargamente—. No conoces a Colton.
—Tal vez no, pero conozco la ley, y conozco a las personas. Y a veces, solo a veces, hacen lo correcto.
Emma pasó una semana debatiendo si debía contactar a Colton o no. La idea de hablar con él, de pedirle algo, le revolvía el estómago.
No obstante, cada vez que veía a James con los niños, cada vez que Mía preguntaba cuándo iba a ser una Blackwood de verdad, cada vez que Noah miraba a James con esa confianza, Emma sabía que tenía que intentarlo.
Finalmente, un martes por la mañana, marcó el número que Colton había dejado en los documentos legales.
Contestó al tercer timbre.
—¿Hola?
Ella casi colgó, más se obligó a hablar.
—Colton. Soy Emma.
Hubo un silencio largo.
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Editado: 15.04.2026