Un mes después de la adopción.
Emma, Harper y Amelia estaban sentadas en la sala, rodeadas de catálogos de flores y opciones de menú, debatiendo entre rosas blancas y lirios.
—Las rosas son clásicas —Harper argumentaba, señalando una foto—. Nunca pasan de moda.
—Pero los lirios son más elegantes —Amelia contraatacaba—. Y el aroma es increíble.
Emma las miraba ir y venir, sintiéndose abrumada pero feliz. Nunca había tenido esto con su primera boda. Colton había tomado todas las decisiones, dejándola fuera de la mayoría de la planificación. Pero ahora, con James insistiendo en que cada detalle fuera exactamente como ella lo quería, y con sus dos personas favoritas ayudándola, se sentía amada y apoyada de una manera que nunca experimentó.
James entró en ese momento, esquivando pilas de papeles con una sonrisa divertida.
—¿Cómo va la planificación del evento del siglo?
Emma le lanzó un cojín que él atrapó fácilmente.
—Es tu boda también.
—Lo sé, y confío plenamente en que ustedes tres harán que sea perfecta.
Se sentó en el brazo del sofá junto a Emma, tomando su mano.
—Aunque hay algo que necesito decirte. Algo que va a requerir un poco de planificación adicional.
—¿Qué cosa?—lo miró con curiosidad.
—Mis padres regresan del extranjero la próxima semana.
El corazón de Emma se detuvo por un segundo.
—Oh.
—Y pensé que podríamos hacer una barbacoa aquí, en el jardín trasero. Para que los conozcas. Tú, los niños, Amelia, Harper. Toda la familia.
Emma sintió su estómago dar un vuelco nervioso.
—¿Una barbacoa? ¿Para conocer a tus padres?
—Sí. Quiero que los conozcas antes de la boda, y ellos están ansiosos por conocerte a ti y a los niños.
Emma asintió, tratando de lucir más tranquila de lo que se sentía.
—Está bien. Sí, por supuesto.
James la miró con esos ojos grises que podían leer cada una de sus emociones.
—Estás nerviosa.
—No.
—Emma.
—Está bien—suspiró—. Sí. Estoy nerviosa. Son tus padres, James. ¿Y si no les gusto? ¿Y si piensan que no soy suficiente para ti?
James se deslizó del brazo del sofá para sentarse junto a ella, tomando su rostro entre sus manos.
—Para…escúchame. Mis padres no son así. No juzgan a las personas por su pasado o sus circunstancias. Lo que les importa es si eres buena persona y si me haces feliz. Y tú eres la mejor persona que conozco, y me haces más feliz de lo que jamás pensé posible.
—Pero... estuve casada antes. Tengo dos hijos. Vengo con un equipaje completo.
Él sonrió con ternura—. Ya les he contado todo sobre ti. Sobre Mia y Noah. Sobre lo increíble que eres como madre. Sobre lo mucho que te amo. Y ¿sabes qué dijeron?
Emma negó con la cabeza.
—Dijeron que no podían esperar para conocerte. Que cualquier mujer que pudiera sacarme de la oscuridad debía ser alguien muy especial.
—De verdad dijeron eso.
—De verdad. Así que por favor, no te preocupes. Va a estar bien, te lo prometo.
Emma asintió, confiando en sus palabras aunque las mariposas en su estómago no desaparecieran completamente.
La semana pasó volando en un torbellino de preparativos. James insistió en encargarse de toda la comida para la barbacoa, dejando a Emma libre para simplemente disfrutar del día.
Cuando llegó el sábado, ella se despertó con un nudo de nervios en el estómago que ninguna cantidad de respiraciones profundas podía deshacer.
Mía, por el contrario, estaba absolutamente emocionada.
—¡Voy a conocer a mi abuela! —cantaba mientras Emma le cepillaba el cabello—. ¿Crees que sea linda como la abuela de mi amiga Sofía? ¿Crees que haga galletas?
Emma sonrió a pesar de sus nervios.
—No lo sé, mi amor. Pero estoy segura de que es muy amable.
Noah era más callado, sin embargo, Emma podía ver la emoción en la forma en que se aseguraba de que su camisa estuviera perfectamente planchada y su cabello peinado con cuidado.
—¿Estás nervioso? —le preguntó mientras lo ayudaba con el cuello de su camisa.
Noah lo pensó por un momento.
—Un poco, pero papá dice que son buenas personas, y confío en él.
Emma sintió su corazón apretarse. La fe absoluta de sus hijos en James nunca dejaba de conmoverla.
—Yo también, cariño. Yo también.
Para la tarde, el jardín trasero estaba transformado. James pasó toda la mañana decorando, colgando luces de hadas entre los árboles, arreglando las mesas con manteles blancos y centros de mesa simples pero elegantes con flores del jardín.
La parrilla estaba lista, con montones de carne marinándose y vegetales preparados. Había una mesa lateral con ensaladas que Amelia trajo, y Harper llegó con un pastel que lucía demasiado bonito para comer.
James estaba junto a la parrilla, revisando que todo estuviera perfecto, cuando sintió a Emma acercarse por detrás. Se giró y su aliento se detuvo.
Llevaba un vestido de verano color marfil, que la hacía ver radiante. Dejó su cabello suelto en ondas y llevaba un maquillaje que resaltaba sus ojos verdes.
—Estás hermosa —dijo, jalándola hacia él.
—Estoy aterrorizada —confesó contra su pecho.
—No hay razón para estarlo. Te aman ya, te lo prometo.
Amelia apareció en ese momento con dos copas de vino.
—Está bien, hermana. Necesitas relajarte.
Le pasó una copa a Emma, quien la aceptó agradecida.
—¿Tan obvia es mi paranoia?
Harper se rió desde donde estaba arreglando la mesa.
—Cariño, estás prácticamente vibrando de nervios.
Amelia puso una mano en el hombro de Emma.
—Escúchame, va a estar bien. Los van a amar. Se van a dar cuenta inmediatamente de que eres una mujer increíble, una madre maravillosa, y la persona perfecta para su hijo.
—¿Y si no? ¿Y si piensan que no soy suficiente?
Amelia negó con la cabeza—. Estás pensando demasiado. Siempre piensas demasiado en las cosas. Solo... déjalo fluir,nsé tú misma. Eso es todo lo que necesitas ser.
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Editado: 15.04.2026