Había un silencio tan profundo que le oprimía el pecho con una angustia alarmante.
¿Dónde estaba el resto de la gente?
De pronto, un duende apareció ante ella. Después de todo lo que había vivido, ya no creía que aquello hubiese sido un sueño, pero no pensaba hablar con uno de ellos. Intentó ignorarlo y salió de la casa para recorrer la aldea, con la esperanza de encontrar a alguien. El duende la siguió durante todo el trayecto.
Al comprobar que nada había cambiado desde que despertó, se dejó caer en el suelo, a la sombra de un árbol. El duende se detuvo frente a ella y, esta vez, le fue imposible seguir ignorándolo.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó, sin demasiadas ganas de escuchar la respuesta.
—Quiero ayudarte —dijo el duende.
—La última vez que un duende prometió ayuda, el precio fue mi alma. Gracias, pero no —respondió ella con frialdad.
—Ya sé de qué hablas, pero yo no soy el duende con el que se hizo el trato. Y no voy a pedirte nada a cambio. Primero escucha todo lo que ocurrió después de tu muerte y luego decide qué harás.
El duende le contó todo.
No podía creer que hubiera resucitado solo para quedarse completamente sola. Lloró durante días la pérdida de sus hijos y de su marido. Durante todo ese tiempo, el duende se convirtió en su fiel compañero: la acompañaba en silencio, le contaba historias y le llevaba alimento.
Hasta que un día, cansada de llorar, se levantó con un nuevo propósito. Si Dios, o quien fuera, le había concedido una segunda oportunidad, entonces viviría y disfrutaría de esa vida.
Fue a bañarse al arroyo que abastecía de agua a la aldea. Al mirarse en el reflejo del agua, se sorprendió: se veía mucho más joven de lo que recordaba. Mientras se lavaba, observó su espalda y notó un dibujo que nunca antes había visto. Era un ave con las alas extendidas, hermosa, casi viva.
Al salir del arroyo y ponerse ropa limpia, el duende reapareció. Le dijo que, si estaba preparada, la escoltaría hasta una aldea donde podría comenzar de nuevo. Decidida a dejar atrás el sufrimiento, aceptó. Antes, él la llevó hasta el lugar donde estaban enterrados sus hijos, para que pudiera despedirse.
Fue un momento duro, pero necesario.
Luego emprendieron el viaje. Fueron cinco días atravesando el bosque. Cada noche encontraban un refugio preparado y comida fresca esperándolos.
Al final del quinto día llegaron a una aldea más grande que la anterior. Fue bien recibida; según su amigo, los aldeanos ya habían sido avisados de su llegada. Allí vivió el resto de su vida. Con el tiempo encontró un nuevo esposo y tuvo una hija, quien continuaría con el legado de su sangre.
Así fue como la maldición perduró hasta la actualidad.
Cuando terminé de leer el libro, comprendí un poco —no del todo— lo que había sucedido. Según el relato, yo provenía de esa línea de sangre. Aquella bruja era una antepasada mía y, por alguna razón, la maldición había vuelto a cumplirse en mí.
El libro no explicaba cómo se elegía a la persona ni qué requisitos debía cumplir para renacer.
Al levantar la vista, noté que no solo había amanecido, sino que ya era media mañana. No me había dado cuenta del tiempo que me llevó leer. Miré el reloj de la biblioteca: faltaban apenas cinco minutos para el mediodía.
Al levantarme del sillón, sentí un dolor intenso en la espalda. Fui a la habitación, busqué ropa limpia, me bañé y preparé un almuerzo sencillo. Al terminar, estaba exhausta. Había pasado casi toda la noche despierta y lo poco que dormí me dejó inquieta. Dejé los platos sin lavar; los lavaría más tarde. Después de todo, estaba sola.
Apenas apoyé la cabeza en la almohada, me dormí profundamente.
Desperté entrada la noche. El reloj marcaba las ocho. No tenía ánimo para procesar todo lo que había descubierto, así que fui por la computadora portátil, me preparé un sándwich y volví a la cama. Mientras comía, leí los titulares de los principales diarios.
El mail que había enviado había sido un golpe certero para el futuro matrimonio de Clara. Tal vez, después de todo, no habría boda.
“¡Escándalo total! Se suspende el matrimonio del magnate multimillonario Arian Müller Wagner”.
“¿Los Rossi en quiebra?”
“¡Clara Rossi buscaba casarse para salvar la fortuna familiar!”
Según los artículos, la familia Rossi estaba arruinada y, al descubrirlo, el patriarca de los Wagner había comprendido que intentaban usar a su hijo para salir de la quiebra.
La primera parte de mi plan de venganza estaba saliendo a la perfección.
Apagué la computadora y la dejé sobre la cómoda. Me recosté nuevamente.
Mañana continuaría con la segunda parte del plan.