Renacimiento de Dragones

Capítulo 14

El aire en los aposentos reales era denso, saturado con el olor a incienso de sándalo y ungüentos medicinales. Las cortinas de terciopelo pesado apenas dejaban pasar la luz del atardecer, creando un ambiente de penumbra perpetua. En el centro de la estancia, sobre una cama de roble tallada con figuras de bestias aladas, yacía el hombre que una vez fue el terror de los campos de batalla.

El Rey Nolan parecía haberse encogido. Sus manos, que antes empuñaban la autoridad de un imperio, ahora descansaban sobre las mantas como hojas secas. Al abrirse la puerta y entrar los cinco visitantes, el anciano hizo un esfuerzo supremo por incorporarse.

—Abuelo —dijo Faron, encabezando el grupo.

Nolan parpadeó, y sus ojos vidriosos se iluminaron con una chispa de vida que no habían mostrado en meses. Recorrió los rostros de cada uno con una añoranza que dolía ver.

—Acérquense... —susurró el Rey—. Dejen que mis ojos vean algo más que sombras antes de cerrarse.

Nolan miró a Faron y vio la sombra de un guerrero que ya no existía. Miró a Meilyr y sonrió débilmente al notar la fuerza ruda en sus hombros. Al posar su vista en Áedán, asintió, reconociendo la rectitud que él mismo había perdido años atrás. Pero fue al ver a Delayna cuando sus labios temblaron.

—Eres igual a ella... —murmuró Nolan—. Tienes el fuego de Aelnora en las mejillas, pequeña.

Se acomodó en las almohadas con un suspiro de alivio, pareciendo genuinamente feliz de tener a la sangre de su hija legítima rodeándolo, ignorando por un momento las intrigas de Nera que acechaban tras la puerta.

Delayna, rompiendo la tensión del momento, se acercó al borde de la cama. A sus doce años, su curiosidad era un arma de doble filo que cortaba la atmósfera cargada de la habitación.

—Abuelo —preguntó ella con una voz dulce e inocente—, ¿es verdad que los dragones eran tan grandes que podían tapar el sol? ¿De verdad tenían escamas que brillaban como joyas?

Nolan soltó una risa que terminó en una tos seca.

—Eran más que eso, pequeña. Eran el alma del mundo. Eran música y trueno a la vez.

—¿Y a dónde se fueron? —insistió Delayna, ladeando la cabeza—. Padre nos cuenta historias sobre ellos todas las noches. Nos dice que son las criaturas más difíciles de rastrear.

Lancel, que permanecía en la sombra al fondo de la habitación, se tensó imperceptiblemente. Nolan miró a su yerno con curiosidad.

—¿Ah, sí? —preguntó el Rey—. ¿Y qué más les enseña su padre?

—¡Oh, muchas cosas! —respondió Delayna con una sonrisa radiante y despreocupada—. Padre nos enseñó a cazar dragones. Dice que hay que saber dónde golpear bajo el cuello, donde las escamas son más finas, y cómo esperar a que bajen la guardia para que la flecha no rebote. Dice que un dragón es solo un monstruo si no sabes por dónde desangrarlo.

El silencio que siguió a las palabras de la niña fue absoluto. Faron sintió que el aire se congelaba. La confesión de Delayna, dicha con la pureza de una niña que habla de aprender a pescar o recoger bayas, era en realidad el secreto más oscuro de Lancel: estaba criando a los hijos de Aelnora para que fueran los verdugos de cualquier dragón que Nera intentara resurgir... o para que supieran cómo destruir el legado de su propia madre si este se volvía en su contra.

Nolan miró fijamente a Lancel. El Rey no parecía enfadado; más bien, una tristeza infinita se reflejó en sus ojos.

—Así que los crías para el final de los tiempos, Lancel —dijo Nolan en un susurro—. Los crías para matar lo que su madre más amaba.

—Los crío para que no mueran quemados, Majestad —respondió Lancel con una voz de acero.

Delayna, ajena a la tormenta que acababa de desatar, simplemente tomó la mano arrugada del Rey y le dio un apretón cariñoso.

—No se preocupe, abuelo. Si algún día vuelve un dragón malo, nosotros sabremos qué hacer.

Nolan cerró los ojos y asintió lentamente, mientras Faron comprendía que la "Caza" que estaba por comenzar al día siguiente tenía un significado mucho más literal de lo que habían imaginado. La guerra no era solo contra Nera; era una guerra contra la esencia misma de su sangre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.