Renacimiento de Dragones

Capitulo 80

El salón del trono se fue vaciando lentamente. Los soldados regresaron a sus puestos y los hermanos comenzaron a planificar la reconstrucción, pero en un rincón de la gran sala, una figura permanecía inmóvil, casi invisible tras una de las columnas de mármol. Morana observaba a su familia desde la distancia, con las manos entrelazadas y el peso de su origen hundiéndole los hombros.

Ella era la hija de la traición, el fruto de la mujer que casi destruye el mundo de los príncipes. A pesar de haber ayudado, sentía que su presencia era una mancha en la pureza del reencuentro.

—Morana —la voz del Rey Nolan resonó en el salón, cansada pero firme.

La joven se sobresaltó. Intentó retroceder hacia las sombras de la galería, pero la mirada del anciano rey la alcanzó con una calidez que no esperaba. Nolan le hizo un gesto con la mano, invitándola a acercarse al centro del salón.

—Acércate, pequeña —insistió el abuelo.

Morana caminó con paso vacilante, manteniendo la cabeza baja mientras se detenía frente a la silla del rey. A pocos metros, sus primos —Meilyr, Áedán y Faron— se detuvieron para observar la escena. El silencio era tenso, cargado con el recuerdo de quién era la madre de la joven.

Nolan tomó las manos de Morana entre las suyas. Eran manos suaves, pero el rey notó los rasguños y las manchas de polvo que hablaban de su valentía durante el asalto al palacio.

—Te escondes como si tuvieras la culpa de los pecados ajenos —dijo Nolan, obligándola a mirarlo a los ojos—. He confesado que me equivoqué al elevar a tu madre por los motivos erróneos, pero nunca me equivoqué al quererte a ti.

—Soy su hija, abuelo —susurró Morana, con la voz quebrada—. Llevo su rostro, su voz... cada vez que me miren, verán a la mujer que los hizo sufrir.

—No —intervino Faron, dando un paso adelante y colocando una mano en el hombro de su prima—. Cuando te miramos, vemos a la mujer que arriesgó su vida para despertarnos. Vemos a la que puso una daga en la garganta de la oscuridad para salvarnos a nosotros.

Nolan asintió, apretando las manos de la joven con ternura.

—Nera nació de la ambición, Morana. Pero tú naciste de una luz que ella nunca pudo comprender. Eres diferente. Tienes la astucia de tu madre, sí, pero la usas para proteger, no para destruir. Has demostrado que la sangre no es una condena, sino una elección.

El Rey Nolan se puso en pie con esfuerzo, quedando a la altura de su nieta. Ante la mirada de todos, depositó un beso en su frente, un gesto que sellaba su lugar en la familia de forma definitiva.

—Siempre serás mi nieta, Morana. Y siempre te querré, no por ser una princesa o por llevar un apellido, sino por tener el valor de ser justa en un nido de serpientes. Eres la prueba de que incluso en la tierra más amarga, puede crecer una flor que cure el alma.

Morana finalmente dejó caer las lágrimas que había estado conteniendo. Al mirar a su alrededor, ya no vio sospecha en los ojos de Meilyr ni frialdad en los de Áedán. Vio respeto.

El linaje de Aelnora estaba completo, y Morana, la joven que nació en la sombra, finalmente había encontrado su lugar bajo el sol de Nothain, no como una heredera de mentiras, sino como el puente que ayudó a reconstruir la verdad. El reino ya no estaba dividido entre legítimos y bastardos; estaba unido por aquellos que habían elegido luchar por el amor.




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