Renacimiento de Dragones

Capitulo 86

El tiempo parecía haberse congelado en el claro oculto del bosque. Faron permanecía inmóvil, con la respiración contenida y la mano petrificada sobre la empuñadura de Lamento de las Estrellas. El calor que emanaba de la inmensa bestia negra era sofocante, haciendo vibrar el aire y distorsionando las sombras de los árboles milenarios.

El dragón, hasta entonces una montaña de escamas de obsidiana dándole la espalda, comenzó a moverse. El sonido fue como el crujir de placas tectónicas. Lenta, majestuosamente, la criatura giró su imponente cuello.

Faron retrocedió un paso instintivamente cuando los ojos del dragón se clavaron en él. No eran los ojos curiosos e inteligentes del pequeño dragón rosado de Delayna. Estos eran pozos de oro líquido, antiguos y profundos, que parecían contener la memoria de siglos de fuego y sangre. Las pupilas verticales se contrajeron al enfocar al joven príncipe, analizando la sangre que corría por sus venas y la espada que colgaba de su cinto.

El corazón de Faron martilleó contra sus costillas. Una oleada de recuerdos, no suyos, sino heredados de los relatos de su madre y de las pesadillas de su tío Lancel, inundó su mente. La envergadura, el color de la noche, la cicatriz casi invisible en forma de rayo cerca de su ojo izquierdo...

—No puede ser... —susurró Faron, y su voz sonó extrañamente clara en el silencio sepulcral del claro.

Faron tragó saliva, sintiendo el peso de la historia sobre sus hombros. La criatura exhaló una bocanada de aire caliente que olió a ozono y azufre, manteniendo su mirada fija en el joven.

—¿Stormkiller? —pronunció Faron, nombrando a la leyenda, al catalizador de la caída de su madre, al dragón que se creía muerto o desaparecido tras la tragedia de la Emperatriz Aelnora.

Al escuchar su nombre, la reacción del inmenso dragón negro fue desconcertante. No hubo un rugido ensordecedor que hiciera temblar la tierra, ni una bocanada de fuego que incinerara el bosque.

Stormkiller, la bestia que había sembrado el terror en los cielos de Nothain, inclinó su enorme cabeza hacia un lado, en un ángulo casi cómico, recordando la pose de un gatito curioso que escucha un sonido nuevo e intrigante. Sus grandes ojos dorados parpadearon, fijos en Faron, y de su garganta, capaz de emitir truenos, salió un sonido agudo y entrecortado, una especie de chirrido interrogante que sonó extrañamente chistoso viniendo de una criatura de su tamaño.

Faron se quedó sin aliento, con la espada a medio desenvainar. La bestia legendaria no mostraba agresividad, sino una confusión casi infantil al ser reconocida.

Continuará...




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